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FUERA DE JUEGO

Los mejores momentos del Mundial que nunca existieron

haalandasustado
9 de julio de 2026 22:53 h

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Si ahora mismo me enseñaran una foto de media selección española mezclada con pretendientes de La isla de las tentaciones, no sabría decir quién juega al fútbol y quién está ahí “para vivir la experiencia”. Sin embargo, por algún misterioso designio, soy capaz de deletrear de memoria Erling Braut Haaland. No porque haya visto muchos partidos del delantero noruego, sino porque llevo semanas topándome con cosas que jamás hizo.

Hay un Haaland que juega al fútbol y otro al que internet ha entronizado como personaje. El segundo habla mandarín, protagoniza vídeos absurdos y parece llevar una vida bastante más entretenida que el primero. Pero, de entre todo su catálogo de hazañas apócrifas, hay una que se lleva la palma.

Dentro de unos años, alguien va a recordar algo que no pasó. Lo contará con todo lujo de detalles, como si hubiera estado allí. Que el jugador estaba sentado en un restaurante, que levantó la vista, que pegó un bote al verse reflejado en el espejo y que resultaba entrañable contemplar a semejante bestia parda asustarse como un caloyito.

Este vídeo acumula decenas de millones de reproducciones. El original mostraba a un humorista chino al que alguien decidió cambiarle la cara por la del noruego mediante inteligencia artificial. Cuando los verificadores demostraron que era falso, a internet ya le daba igual.

No es casualidad que uno de los protagonistas del universo digital alternativo al Mundial haya sido Haaland. El delantero reúne todas las condiciones para ser carne de meme: una cara inconfundible, una envergadura que parece irreal y esa expresión permanente de vikingo inocentón que sirve tanto para celebrar un gol como para pedirle prestado un martillo a su vecino Thor.

Pero Haaland es solo un ejemplo. Las redes llevan semanas inundadas de fotografías y vídeos que millones de personas consumen sin hacerse demasiadas preguntas. Circulan tantas imágenes falsas que los verificadores ya juegan más minutos que algunos suplentes.

Hay un filón especialmente turbio: fabricar mujeres inexistentes. Basta pasar un rato en TikTok, X o Instagram para encontrarse con un desfile interminable de aficionadas sexualizadas que sonríen a cámara con una perfección sospechosa mientras algún hincha es pillado mirando descaradamente su escote. No existen.

Resulta difícil imaginar una metáfora más precisa de la cosificación contemporánea. Ya ni siquiera hace falta instrumentalizar a mujeres reales; ahora es suficiente con pulsar “crear”. Tecnología de última generación al servicio del cavernícola de siempre.

La IA también tiene un talento extraordinario para alimentar disparates colectivos que cada vez se parecen más a la realidad. Durante estas semanas circuló la imagen de un supuesto aficionado alemán clavado a Adolf Hitler animando a su selección frente a Curazao.

Millones de personas lo compartieron antes de descubrir que el personaje había salido directamente de un prompt. Supongo que el algoritmo lleva tiempo leyendo las encuestas europeas...

Pero, de todos los montajes que ha dejado este torneo, hubo uno que me habría gustado que fuera cierto.

Recientemente se viralizó la foto de un supuesto jugador iraní entrando al campo con una mochila escolar para homenajear a las 168 niñas asesinadas durante el ataque de EEUU contra una escuela en Minab (Irán). Era una fotografía emocionante. También era completamente falsa.

En la competición sí se han visto otras muestras de recuerdo —pancartas en la grada que no tardaron en desaparecer y pines con la cifra de víctimas—. Pero este jugador no existía, la equipación no correspondía a la selección iraní y la imagen incluso conservaba el rastro con el que OpenAI identifica parte del contenido generado con IA.

Durante unos segundos quise que fuera real. Imaginé un Mundial capaz de albergar un gesto así. Un Mundial donde, en suelo estadounidense, el mayor acto de rebeldía fuera saltar al césped con una mochila rosa para recordar a quienes ya no pueden jugar.

Pero ese Mundial tampoco existe. Lo peor no es que ya no sepamos distinguir lo verdadero de lo falso. Lo realmente inquietante es que algunas de las historias inolvidables del torneo más largo de todos los tiempos sean precisamente las que nunca ocurrieron.

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