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“En Hollywood me recibieron como un director de cine independiente europeo”

Alfonso Burgos, autor del documental `La memoria de las manos¨ / E. R.

Elisa Reche

Murcia —

Este documental con animación surgió por una mezcla de casualidad, paciencia y ganas de contar historias de otra manera dentro de la UMU. Alfonso, fan de Disney y del `anime´ japonés, todavía necesita tiempo para asimilar lo ocurrido. 

No he visto en casi ningún medio el premio que ha recibido en Hollywood.

No deja de ser la primera producción íntegra que hace la Universidad en 100 años. Estamos participando en festivales y generando expectativas, aunque la educación no parece un tema candente. Es llamativo porque no hay muchas universidades públicas que produzcan cine.

¿Cómo le trataron en Hollywood?

En Hollywood me recibieron como un director de cine independiente europeo, joven, con proyección y que sabe contar muy bien historias. Cuando te tratan así, lo más difícil es volver. Allí me autoconocí.

¿Qué sintió en Los Ángeles al recoger el premio?

El sábado no pisaba el suelo con los pies en la gala de los estudios Raleigh. Tuve la suerte de ver los estudios de Disney a través de Luis San Juan, un valenciano casado con una murciana que trabaja allí. Se nota que hay un equipo de personas de todo el mundo trabajando en la misma dirección. Disney tiene todo tipo de servicios, desde una gasolinera a una guardería. Hay un nivel de competencia muy fuerte, pero no había mal rollo. Aquí cada uno mira más su carrera a nivel individual. Allí tienen claro que si formas parte de una industria, eres una pieza engrasada que tiene que funcionar a la misma velocidad. La empresa estadounidense busca que estés a gusto para rendir al máximo nivel y tienes que confiar en los demás. No es tanto una plantilla, como un equipo.

¿Pixar y Disney o el `anime´japonés?

No sé si podría elegir. Puedo citar desde cualquier película de Disney que sea espectacular, desde `Blancanieves y los siete enanitos´ hasta `Zootrópolis´ o coger un clásico de anime como `Ghost in the shell´ o `Akira`. No me puedo quedar con uno u otro.

Gracias al poder icónico de la animación se produce una identificación muy rápida con los personajes porque cuando ves una persona en pantalla pueden funcionar tus prejuicios. Es más fácil conectar con la animación y si juntas las dos vertientes consigues algo más y el cine documental se hace más accesible. También está muy relacionado con la experiencia vital y con la subjetividad. No pretendemos tanto ser un relato realista, sino trasladar las emociones y lo que se recuerda.

¿Cómo ha conseguido hacer una tesis doctoral a la par que un documental?

Lo he sacado adelante con mucho sacrificio, dormir poco, pero creo que la creación requiere un sacrificio. No pensé que iba a tener proyección internacional, pero sí es un tipo de cine emergente que genera interés.

¿Cómo surgió `La memoria de las manos´?

El documental fue surgiendo poco a poco. Trabajo en la unidad multimedia de la UMU. Somos una pequeña productora para consumo interno. Dentro de eso el centro de estudio de la memoria educativa nos pidieron una serie de vídeos para retratar la memoria de los docentes. Mientras tanto, hacía mi tesis doctoral sobre animación documental y surgió la posibilidad de colaborar. Durante dos años lo fuimos haciendo y resultó que tenía proyección.

¿De qué trata?

El documental está lejos de ser perfecto, pero es bastante redondo y refleja lo que debe ser la universidad: aprendizaje, docencia, transferencia de memoria cultural. Se trata de recuperar la memoria educativa, es decir, las experiencias de estos maestros para que no se pierdan. Y de hecho, antes de acabar la película ya perdimos a uno, a Antonio Galván, de Yecla.

Fueron experiencias que se estaban haciendo al margen de las exigencias de la administración. Estaban trabajando para que sus alumnos pudieron cooperar y ser mejor personas y ciudadanos. Adaptaron las técnicas del pedagogo francés Freinet a los medios que tenían en la escuela pública de los setenta y ochenta. La base es que se aprende a través de la experiencia. El profesor no es el que da la lección en el centro de la clase, sino que es un guía que le ayuda a su desarrollo.

Se están jubilando y no han tenido ningún reconocimiento; son héroes olvidados. El mayor valor de la película es que recuperamos experiencias del pasado, las ponemos en valor en presente y damos inspiración para el futuro. 

En su opinión, ¿en qué han fallado las leyes educativas de España?

Quizás lo que falla es que cuando se piensan los planes educativos no hay educadores.

Con la película no pretendemos sentar las bases de qué hay que hacer en la educación, sino sumar. La autogestión del estudiante tiene sus dificultades porque tienes que trabajar mucho la motivación. La intención de la animación en el documental radica en evocar lo que sucedió, no comprobar.

¿Qué le parece la profesión de docente?

Es una profesión que me da mucho vértigo porque tienes en tus manos a 20 ó 30 alumnos que se pueden desarrollar o estancar, sentirse apoyados o desmotivados. Y es un trabajo descomunal. Tenemos la suerte de que a los investigadores y los docentes se les reconoce la necesidad de formación constante, pero hay otras muchas que no.

¿Cuál ha sido su propio aprendizaje en este proceso?

He aprendido con ellos que se puede tener un compromiso. Al final es amor por lo que haces. Igual digo una burrada, pero tenemos la España que queremos tener; o el mercado laboral que dejamos que nos dejen. Igual necesitamos que los políticos no sean de carrera, sino gente que haya trabajado y se haya tenido que buscar la vida porque creo que la profesión de político ha de ser honorable y debería consistir en servir a los demás.

Igual no tenemos a los mejores en política. Si todos damos un paso al frente, avanzaremos todos; pero es muy fácil pensar que la responsabilidad sólo está en manos de los políticos porque nos legitima a estar tranquilos. Porque, ¿quién los pone allí? Esto exige esfuerzo continuo y mucha generosidad por parte de todos. Igual si no viera las cosas así, no habría hecho este documental.

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