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El mal

Hitler paseando en un coche. EFE/Foto cedida

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Tanto el concepto como la imagen del mal han ido cambiando a lo largo de la historia. Platón negaba que el mal en sí existiese, organizando su pensamiento en torno a la presencia del bien en mayor o menor medida, siendo la ausencia del bien algo análogo a lo que nosotros llamamos mal. Entre los griegos, había algunos elementos rechazados socialmente, particularmente los bárbaros o extranjeros, con costumbres contrarias al orden y la civilización que los griegos consideraban representar: los centauros representaban la barbarie agresiva y la pérdida de control con el vino. Podemos relacionar esta figura con los jinetes de las estepas, como los escitas que conocían los griegos o los hunos y los mongoles que hemos conocido después. También las amazonas, que representaban la subversión del orden patriarcal constituían una figura rechazada por los griegos. Sin embargo, ninguna de estas figuras es asimilable al mal en estado puro.

En el mundo cristiano el diablo sí representa la encarnación del mal. Probablemente influido por el maniqueísmo y el zoroastrianismo, el diablo abre la puerta a un dualismo cósmico en el que se oponen el bien y el mal. Aunque el cristianismo no llega a abrazar este dualismo al considerar siempre a Dios como un ente superior, coquetea con él, e inviste al diablo de los atributos propios del polo opuesto a Dios. En este esquema de pensamiento, podemos considerar como malo todo lo que tenga que ver con el diablo y a este como el centro de todo mal. Se le representa con cuernos y pezuñas de macho cabrío, en analogía con Pan, el dios griego de la naturaleza salvaje y la sexualidad masculina, elementos rechazados por un cristianismo que siguiendo a San Agustín y a Platón valora la espiritualidad por encima de lo corporal. En un mundo descristianizado, la figura del diablo ha perdido gran parte de su halo de intolerabilidad, siendo utilizada como disfraz carnavalesco e imagen de transgresión frente a un orden opresivo.

Si el diablo ha perdido el trono de señor de las tinieblas, ¿qué imagen encarna actualmente los atributos del mal puro? Creo que en ese lugar hemos instalado actualmente la figura del nazi. El nacionalsocialismo alemán fue un régimen político explícitamente opuesto a la democracia, que se enfrentó militarmente al conjunto de potencias aliadas de occidente siendo derrotado en la II Guerra Mundial, y que fue responsable de múltiples atrocidades. Los horrores del nazismo llevaron a la definición de los Derechos Humanos para tipificar las acciones inaceptables de este régimen, que actualmente marcan el límite que no debemos traspasar en el funcionamiento de la civilización.

La figura del nazi ocupa el lugar de lo inaceptable, del mal absoluto al que no nos podemos acercar. Cuando en el año 2005 el príncipe Harry de Inglaterra se disfrazó de nazi en una fiesta, se produjo un escándalo cuyos ecos aún reverberan actualmente. Se consideró entonces, como se considera ahora, que era inaceptable que un miembro de la familia real británica encarnase una figura tan ofensiva socialmente.

Y yo pregunto, ¿para qué están las fiestas de disfraces y los carnavales sino para encarnar aquellos aspectos de la naturaleza humana a los que la civilización no permite dar salida abiertamente? Jung llama sombra a aquellos aspectos de la personalidad (y lo podemos extender a la cultura) que son rechazados y escondidos, y propone un acercamiento controlado para conocer y manejar mejor estos aspectos de nosotros mismos que no desaparecen por esconderlos, sino que reemergen de forma intempestiva en síntomas, actos fallidos, etc. En carnaval podemos acercarnos a las figuras de nuestra sombra, con un formato de juego supuestamente inofensivo, y entender un poco mejor las perspectivas silenciadas. Los disfraces de diablo y de monstruos de distinto tipo son habituales en este contexto. La naturaleza salvaje que representaba Pan no puede desplegarse sin límites en sociedad, la oposición al orden, divino o social, tampoco. Sin embargo, podemos asomarnos a ellos para conocernos mejor a nosotros mismos, encontrar formas constructivas de canalizar la sexualidad y la rebeldía, y evitar que esas dimensiones de nuestra humanidad nos dominen. Sin embargo, el acercamiento al nazismo no se considera aceptable.

A diferencia de la encarnación del mal metafísico que supone el diablo, los nazis eran seres humanos. Algunos de sus actos fueron detestables, pero humanos. Compartimos con los nazis la naturaleza humana y las bajas pasiones que pueden descarrilar llevándonos a acciones monstruosas. Sólo conociendo qué hay de nazi en cada uno de nosotros y qué hay de nazi en nuestra sociedad podemos aspirar a controlarlo y evitar que explote la barbarie. Deshumanizar al nazi haciéndolo encarnar al mal metafísico es distorsionar la realidad y repetir uno de los errores cometidos por el nacionalsocialismo al deshumanizar a los seres humanos que no encajaban en su canon de pureza.

Para enfrentarnos al mal, a nuestra sombra en general y al nazismo en particular, es importante que fomentemos la libertad de expresión, que salgan a la luz de manera controlada los peores aspectos de la naturaleza humana, y que podamos canalizarlos de forma no destructiva antes de que exploten en una reedición de la barbarie. 

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21 de junio de 2021 - 06:00 h

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