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Murcia y aparte es un blog de opinión y análisis sobre la Región de Murcia, un espacio de reflexión sobre Murcia y desde Murcia que se integra en la edición regional de eldiario.es.

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La proletarización de los médicos

ARCHIVO | Concentración de médicos a las puertas de la Presidencia del Gobierno de Canarias en Las Palmas de Gran Canaria

Ángel Sánchez Bahíllo

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Los médicos (además de otros profesionales sanitarios) llevan tiempo expresando su malestar con las condiciones en las que trabajan, y protagonizando rifirrafes con la administración en la búsqueda de arreglos para múltiples flecos del problema. Hoy quisiera examinar un problema que subyace a estos conflictos: el cambio del contrato social.

Hubo un tiempo en el que el médico era una autoridad, no jurídicamente como lo es ahora, sino desde el punto de vista social. Sin llegar a los límites del señor feudal, el médico se situaba por encima de sus pacientes y hacía lo que entendía que era mejor para ellos. Se hacía responsable de la salud de “su” gente y actuaba sin informar ni solicitar consentimiento. Como un Quijote con bata blanca, cargaba contra los molinos de turno para “salvar” a sus pacientes y exigía a éstos obediencia al detentar el saber y la razón. Esta posición de poder conllevaba su responsabilidad correspondiente, y el médico estaba siempre disponible, sin importar horarios ni climatología, realizando esfuerzos heroicos y subordinando a una familia que, en un régimen patriarcal, asumía un lugar subalterno.

Cuando el médico se equivocaba, la tierra lo tapaba, entendiéndose que sus decisiones eran las más apropiadas, aunque no fueran infalibles. La gente se dirigía al médico como a un ser socialmente superior, del que dependía su salud.

Los tiempos han cambiado y, con ellos, el modelo social. Hoy tenemos estructuras sociales más igualitarias, se cuestiona cualquier jerarquía y se respeta la autonomía del individuo. Esto coloca al médico en una situación diferente. Como las transiciones requieren tiempo, encontramos tanto médicos como pacientes en distintos puntos del proceso de cambio, con la conflictividad que eso genera.

Actualmente, en nuestro entorno, la mayoría de los médicos trabajan integrados en un sistema público de salud tipo Beveridge. Esto los convierte en empleados públicos, en servidores de la población, a diferencia de la situación señorial tradicional. Esta posición de empleados hace que su relación con sus pacientes quede triangulada por el empleador (la administración pública). Los problemas de los médicos con la institución que los contrata salpican a los pacientes, y los problemas son muchos.

El Servicio Murciano de Salud (SMS) ha maltratado a los médicos, llegando a infringir la ley para ello: mantiene tasas de eventualidad superiores a la normativa de la Unión Europea y ha hecho contratos de lunes a viernes para evitar pagar el fin de semana. Además, obliga a los médicos a aceptar contratos bajo amenaza de no emplearlos más adelante si los rechazan. No voy a extenderme en este punto que he tocado en otras ocasiones.

Incluso si los médicos se sintiesen bien tratados por su empleador, la triangulación que éste introduce en la relación con los pacientes modifica ésta substancialmente.

Como decía más arriba, el cambio en la situación de los médicos no es sólo laboral, sino que se ha producido un auténtico cambio en su contrato social. El médico ya no recibe el trato reverencial de otros tiempos, se cuestionan sus tratamientos (que dejan de ser suyos para ser del paciente, primando el principio de autonomía de éste sobre el de beneficencia según el cual el médico debe buscar favorecerle); se le exigen resultados (en cantidad y calidad) y en excesivas ocasiones llega a ser agredido por sus pacientes.

El médico ha perdido poder sobre el paciente, prestigio social y bienestar económico, los tres determinantes de clase definidos por Weber, lo que supone una caída de clase social en lo que Marx llamaba el proletariado.

El médico proletarizado va abandonando sus responsabilidades tradicionales, los ideales quijotescos correspondientes a un hidalgo o señor, para funcionar como un trabajador más. Lucha por sus condiciones laborales y rechaza prolongar la jornada laboral o realizar sacrificios “extra” por el bien de los pacientes (que cada vez son menos “sus” pacientes), aunque estén en juego la salud y la vida de éstos. Como cualquier proletario, queda alienado del producto de su trabajo y se despreocupa por tanto de éste.

En esta época de transición encontramos situaciones incongruentes, como médicos “bienhechores” que se frustran cuando sus pacientes reclaman autonomía y datos para dar un consentimiento informado, o pacientes que esperan un médico paternal que se haga cargo de ellos y encuentran a éste informándoles de las opciones terapéuticas y dejándoles la responsabilidad de la elección.

Cuando acabe la transición, los médicos proletarios realizarán diagnósticos y tratamientos como Charles Chaplin apretaba tornillos en “Tiempos Modernos”. Éstos son los tiempos modernos, con sus ventajas y sus inconvenientes.

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