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La política tiene arte

El límite tiene que estar en el contenido de la obra artística, no en la ideología del artista

Pirritx, Porrotx eta Marimotots presentarán la próxima semana su último trabajo, 'Musua', en el Teatro Campos de Bilbao

¿Tiene el arte ideología política? En muchos casos sí.

¿Hay que evaluar a los artistas en función de su ideología política? Ahí ya empiezan las dudas.

¿Se deben contratar a los artistas en función del acople de su ideología política con la de quien gobierna y por tanto contrata? Más dudas aún.

Son muchas las ocasiones en las que esta disyuntiva aparece y lo suele hacer con administraciones de distintos signos. La última, este mes de noviembre en Pamplona con la actuación de los payasos Pirritx, Porrotx eta Marimotots. El trío había cerrado una actuación para el 29 de noviembre con el ayuntamiento de la ciudad pocos días antes de que el equipo de Joseba Asirón (EH Bildu) cediera el mando al de Enrique Maya (Navarra Suma). Un par de semanas antes del evento, el actual gobierno municipal cancelaba la actuación afirmando que el contrato carecía de informes técnicos previos. El abogado de los artistas acude al Defensor del Pueblo, que no ve impedimento legal para mantener la actuación, pero las opiniones de esta institución son eso, opiniones sin vinculación para los poderes aludidos. El alcalde sentencia: “Mientras yo sea alcalde no se contratará a estos payasos”. Y añade que “son los payasos de cabecera de la izquierda abertzale”.

Lejos de desinflarse el suflé, el exalcalde Asirón asegura que UPN ha traído a "Arévalo que se ha manifestado como seguidor de Vox o a Bertín Osborne que no debe andar muy lejos". Más allá de que suena algo imprudente adjudicarle una sigla a Osborne sin que él lo haya manifestado, lo que viene a demostrar este cruce entre alcaldes es que la ideología política del artista cuenta mucho a la hora de contratarlo o no. El ajuste o no a la legalidad del contrato, que seguramente se acabe dirimiendo en un tribunal, parece lo de menos; está claro que el trío de payasos no volverá a Pamplona si de su ayuntamiento depende. Y será así, entre otras cosas, porque Aiora Zulaika, que encarna  a Pirritx, fue concejala de EH en Lasarte y miró para otro lado cuando ETA mató a su compañero de pleno, Froilán Elespe, del PSE.

El arte es uno de los vehículos principales del mensaje político desde el origen de la humanidad. Representar a la reina Hatshepsut con los atributos de un hombre en el templo de Deir el Bahari buscaba que sus súbditos la reconocieran como faraón pese a su sexo. 'La rendición de Breda' de Velázquez busca representar a las tropas de Felipe IV como vencedoras, pero también respetuosas con el vencido. El Guernica de Picasso trató de mostrar al mundo el horror de la guerra que desencadenó el golpe de Estado de 1936 que acabó con la II República y hoy son muchos quienes expresan mensajes políticos a través de la música.

La ideología política del artista cuenta mucho a la hora de contratarlo o no

Las personas que se dedican a él también tienen sus ideas y sería ridículo pensar que las tengan que ocultar porque se dedican al cine, la música o el teatro. Incluso al deporte, donde hay casos como el futbolista Piqué o el tenista Nadal que se expresan políticamente. Que Piqué simpatice con el independentismo no le hace peor futbolista para quien no lo es. Que Vargas Llosa simpatice con la derecha no debe impedir que alguien de izquierdas no vea en 'Pantaleón y las visitadoras' una obra maestra.

Las personas son bastante más inteligentes de lo que piensan sus políticos. Nadie que no sea independentista va a convertirse a ello por ver jugar a Piqué. Ni un votante de Podemos va a hacerse del PP por leer a Vargas Llosa. Ni un niño va a empuñar una pistola por escuchar a unos payasos cantar “Xalala riki riki”, el tema más exitoso de Pirritx, Porrotx eta Marimotots que anima a la chavalería a ducharse. Incluso nadie se hace hoy nazi por ver las películas de Leni Riefenstahl, cuyo objetivo era, declaradamente, servir de propaganda al III Reich.

El momento en el que las instituciones públicas están llamadas a intervenir es cuando ese arte llama a violar los derechos humanos o incita al odio. El límite tiene que estar en el contenido de la obra artística, no en la ideología del artista.

 

 

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