Ms. Rachel: cómo una estrella de YouTube para bebés se convirtió en una de las voces más valientes de Estados Unidos
La superestrella de YouTube Ms. Rachel, una auténtica experta en tratar con niños, me ve antes de que yo me fije en ella, e incluso desde la distancia y sin su característica camiseta rosa ni su peto vaquero, la reconozco al instante por su saludo con la mano, que va acompañado de un salto entusiasta. Casi espero que diga: “Hola, amigos”, como hace al principio de muchos de sus vídeos. En cambio, se acerca dando saltitos, vestida con el clásico uniforme maternal fuera del trabajo —sudadera de Barrio Sésamo, leggings grises y una gorra de béisbol en la que se lee “Mamá”— y se quita las gafas de sol extragrandes. Le da mucha pena, dice, frotándose los ojos, estar tan cansada, pero su actitud sigue siendo, como siempre, característicamente alegre.
Hace solo siete años que Rachel Accurso, que antes era profesora de música en educación infantil, subió su primer vídeo a YouTube, una canción para contar dirigida a niños de preescolar llamada Bubble, Bubble Pop! Ella y su marido, Aron Accurso, que trabajaba como director musical en Broadway, hicieron el vídeo porque su hijo de un año tenía un pequeño retraso con el desarrollo del lenguaje y parecía haber una escasez de vídeos de calidad en Internet para ayudar a los niños pequeños a aprender a hablar.
Hoy en día, el canal de YouTube de Ms Rachel cuenta con más de 21 millones de seguidores y, desde que firmó con Netflix en 2025, la serie lleva más de 69 millones de reproducciones, lo que la convierte en el programa infantil nuevo mejor valorado. Se pueden comprar muñecos de Ms Rachel, sonajeros, teléfonos de juguete que hablan, libros y pijamas. La pareja lanzará su primer álbum este mes.
Ms Rachel, de 43 años y madre de una niña de 17 meses, Susannah, y de un niño de ocho años, Thomas, también ha acumulado un gran número de seguidores en Instagram (5,5 millones) y TikTok (11 millones), donde se reúnen las madres de sus superfans y donde se perfila como una figura más controvertida, tras haberse convertido en una firme opositora al Gobierno israelí por su guerra en Gaza, y una activista en otras cuestiones humanitarias, como los centros de detención de familias de migrantes en Estados Unidos y la guerra en Sudán. Defiende los derechos LGBTQ, publica sobre la necesidad de indemnizaciones por la esclavitud y la guardería universal y gratuita, y se está convirtiendo en una heroína de la izquierda estadounidense. Este mes, cuando el rapero Macklemore se comprometió a donar un millón de dólares a organizaciones que apoyan a Palestina, Ms. Rachel afirmó que igualaría la donación y dijo que todas las “celebridades blancas ricas” deberían hacer lo mismo. A principios de este año formó parte del comité de toma de posesión de Zohran Mamdani, el carismático alcalde de izquierdas de la ciudad de Nueva York. Ha respaldado públicamente a otros progresistas insurgentes, como Abdul El-Sayed, que ganó recientemente las primarias demócratas al Senado en Míchigan, lo que la convierte en una figura mucho más política de lo que se le presupone a cualquier presentadora infantil.
Nos reunimos en un parque cercano a la casa de sus suegros en Colorado, donde grabó durante la pandemia, que es cuando los vídeos de Ms. Rachel empezaron a ganar mucha popularidad. Sus pequeños seguidores, por supuesto, desconocen por completo sus ideas políticas y no se cansan de ella. Sus vídeos utilizan canciones y juegos para enseñar las primeras palabras, la fonética inicial y otros aspectos esenciales como el control de esfínteres. Uno de ellos ha sido visto más de 2.000 millones de veces, considerablemente más que el vídeo musical medio de Taylor Swift. Incluso el primer clip que grabó ha sido visto ya 21 millones de veces. “¡Es curioso, porque no es tan bueno!”, bromea: ella y Aron lo grabaron en su piso de Nueva York con su móvil apoyado sobre una pila de libros.
A menudo hay algo de misterioso en la fama en Internet: en un ámbito repleto de creadores de contenido autodidactas, ¿qué distingue a la estrella? A veces, Accurso no puede creer el giro que ha dado la vida de su familia. “Si hace diez años alguien nos hubiera dicho: 'Salís en Rolling Stone', habríamos respondido: '¿Por qué?'. Y si hubieran dicho: 'Por The Wheels on the Bus y la canción de la oruga', habríamos exclamado: ”¡¿Qué?! ¿Cómo ha pasado eso?!“”, cuenta.
Pero, aunque impredecible, el éxito de la pareja no es en absoluto casual. Accurso señala que identificaron un nicho, una demanda sin explotar de contenido educativo para niños pequeños, y que sus vídeos se crearon en colaboración con su primera audiencia, que les decía lo que les gustaba y de qué querían más. “Casi parece algo que estás creando en directo con los padres”, afirma.
Además, está el hecho de que, si te propusieras encontrar a la pareja perfecta para crear un programa de televisión de éxito para niños pequeños, te costaría mucho superar a Rachel y Aron Accurso. No hay más que ver su trayectoria profesional y académica: ella tiene dos másteres —en educación musical y en educación infantil— y los profesionales del aprendizaje temprano avalan la base científica de su enfoque. En una época en la que se critica el tiempo que los niños pasan frente a la pantalla, los Accurso crean programas que los padres no se sienten culpables por dejar que sus hijos pequeños vean.
Está bien criticar a los gobiernos por violar los derechos de los niños. Es algo que todo el mundo debería hacer
Y luego está la personalidad de Accurso, su calidez y su naturalidad, con esa mirada de ojos muy abiertos. Parece ser una de esas personas excepcionales a las que realmente les encanta pasar tiempo con los niños, que disfrutan de verdad muchísimo jugando no solo con los suyos o con los hijos de sus amigos, sino con cualquier niño de cinco años.
Ella y su marido —que también parece muy simpático— tienen personalidades complementarias, dice. Ella siempre rebosa ideas; él sabe cómo seleccionarlas y organizar un calendario. Se llaman el uno al otro “avena instantánea” y “avena de cocción lenta” porque, “yo solo quiero que las cosas vayan rápido y él se toma su tiempo”, dice ella. Y esto es “una locura”, me cuenta, pero una vez, mucho después de que se hubieran puesto esos motes, los dos estaban preparando el desayuno y ella miró de reojo y vio que él estaba removiendo las gachas de cocción lenta mientras ella preparaba las instantáneas. Son ridículamente monos.
Entonces, ¿por qué involucrarse en política? Accurso cuenta que le aconsejaron que se mantuviera al margen de los temas políticos, y que se enfrentó a argumentos que “no le parecían correctos”, como: “Si no dices nada sobre temas polémicos, ayudarás a más niños, porque habrá más gente que te vea”. Ha tenido que hacer frente a la reacción de padres conservadores por su apoyo a los derechos LGBTQ y por utilizar el pronombre “elle” al presentar al músico Jules Hoffman, que es no binario, pero esto ha quedado eclipsado por la respuesta a sus críticas al Gobierno israelí.
Accurso afirma que vio imágenes de Gaza y habló con familias de allí, y no puede entender por qué alguien que haya hecho lo mismo no se sentiría impulsado a hacer todo lo posible para detener la violencia. “Está bien criticar a los gobiernos por violar los derechos de los niños. Es algo que todo el mundo debería hacer. Porque somos los adultos de este mundo y se supone que debemos mantener a los niños a salvo. Y el hecho de que no lo hagamos es horrible”, afirma.
Desde una perspectiva puramente empresarial, el consejo de guardar silencio quizá fuera acertado. Cuando empezó a alzar la voz sobre el coste humanitario en Gaza, la reacción negativa, que incluyó acusaciones de antisemitismo, la pilló por sorpresa. “Me sentí confundida y devastada al oír que la gente decía que, como me preocupo por los niños que se mueren de hambre y a los que se les impide recibir alimentos, no me importan estos niños [judíos]”, afirma. “Yo pensaba: 'Dios mío, siento un profundo amor y una profunda preocupación por todos los niños'”. Ha publicado mensajes de solidaridad con las víctimas judías y ha colaborado con grupos como Parents Circle, que trabaja con familias israelíes y palestinas que han perdido a seres queridos; sin embargo, la respuesta pública a su labor es tan confusa y acalorada como cabría esperar: el grupo proisraelí StopAntisemitism la nominó como “antisemita del año” en 2025, aunque muchas otras organizaciones judías se han movilizado en su defensa. Afirma que se ha acostumbrado a esta vorágine. “Hubo un momento en el que le recé a Dios, preguntándole: '¿Cómo afronto que la gente me odie?'. Y siento que recibí el mensaje de que nuestro objetivo en la vida no es ser la más querida ni la más apreciada”, me cuenta. “Se trata de ayudar a los niños, de estar de su lado y de decir la verdad sobre las cosas”.
Debido a su franqueza sobre Gaza, algunos padres judíos han cambiado su apoyo a Ms. Sara, una youtuber infantil que incluso se parece mucho a la Sra. Rachel —con el mismo pelo moreno largo y una diadema anudada— y que enseña cultura y canciones judías. “¡Creo que es maravillosa!”, dice Accurso cuando la menciono. “Nunca diría: 'No veáis a esta persona, vedme a mí', en absoluto”.
Una de sus posturas públicas más firmes es su negativa a trabajar con personas que no se hayan pronunciado públicamente en defensa de los civiles de Gaza. “Voy a trabajar con personas que no se encuentren en una posición privilegiada, porque no es justo para ellas que puedan perder la capacidad de llevar comida a su mesa. ¿Pero la gente que sí es privilegiada y no dice nada? Pues no, no me interesa trabajar con ellos. Porque creo que, si todos dijéramos algo, quizá el genocidio se detendría”, explica.
No todo el mundo estará de acuerdo con este análisis; donde algunos ven compasión, otros diagnosticarán ingenuidad política. “¿Por qué hay niños que pasan hambre cuando hay comida suficiente en el mundo? ¿Por qué pasan hambre los niños de Sudán? ¿Por qué sufren violencia sexual los niños del Congo? Son niños. No lo entiendo. ¿Y por qué deshumanizamos a otras personas cuando yo siento que cada persona es diferente de formas maravillosas, pero también muy similar? ¿Cómo es posible que no queramos ayudar a todo el mundo?”, pregunta en un momento dado. A veces dice que se siente como si viviera en un “mundo falso y surrealista” porque no entiende cómo podemos tolerar tanta injusticia y tanto sufrimiento sin control. Cree que se debería obligar a todos los políticos elegidos a conocer a niños como Rahaf, una niña de tres años de Gaza a la que le amputaron una extremidad y a la que invitó al programa Ms Rachel, para que comprendan lo que está en juego. Entonces, ¿ella es ingenua o es que la política es demasiado insensible?
“Simplemente, tengo un sentido de la moral muy bien desarrollado”, me dice en un momento dado. Quizá por eso, a pesar de toda la polémica, cuenta que a menudo se le acercan desconocidos por la calle para darle las gracias, y que recibe un gran apoyo en Internet, con comentarios apasionados y escritos en mayúsculas. “Ms Rachel presidenta”, escriben a veces sus seguidores debajo de sus publicaciones. Cuando el candidato demócrata Graham Platner se retiró de la carrera por el Senado de Maine tras ser acusado de agresión sexual, se habló de Accurso —que es de Maine— como la candidata ideal para los demócratas de allí. “Eso es divertidísimo”, dice. No tiene ningún interés en entrar en política. Pero, añade, con un tono inusualmente vacilante porque “quizá todo el mundo se enfade”, espera convertirse algún día en pastora cristiana. Una cosa que hay que saber sobre Ms. Rachel es que es el tipo de persona que reza todos los días por las personas que la odian.
No sabíamos que los programas infantiles pudieran ser un gran negocio
Accurso dice que “nació siendo espiritual”. Se crio en un pequeño pueblo de Maine con una madre soltera, que abandonó la universidad cuando nació la hermana mayor de Accurso, pero que más tarde se recicló como trabajadora social y a menudo tenía que compaginar varios trabajos. Su madre sigue siendo su guía, y llamó a su hija —nacida mediante gestación subrogada en 2025— en su honor. Criarse con pocos recursos fue “duro a veces”, y Accurso se sentía rechazada por su padre y solía preguntarse por qué parecía que él no la quería. Dicho esto, su madre la rodeó de “muchísimo amor incondicional”. Veía a su madre palear la nieve, construir una casa en un árbol y arreglar las tuberías ella sola, y eso amplió sus propias ambiciones. También moldeó sus ideas políticas. “Todas mis experiencias me han llevado a comprender que debemos cuidarnos los unos a los otros”, afirma.
Accurso era una niña ansiosa que, a los siete u ocho años, ya mostraba signos de TOC, encendiendo y apagando el interruptor de la luz para alejar los problemas. Se tomaba las cosas muy a pecho. Su madre ha conservado una nota en la que cuenta cómo, a los tres años, cuando oyó que su vecino estaba matando hormigas, exclamó: “¡No mates a las hormigas! ¡Que sean libres y descubran el mundo!”. Cuando su madre no pudo llevarla a la iglesia porque tenía un nuevo trabajo de fin de semana en Pizza Hut, Accurso, aunque solo tenía nueve años, fue por su cuenta. No se unió a la escuela dominical para niños, sino que se quedó sentada durante el sermón para adultos, rezando e intentando “entender las cosas”.
De joven, se planteó ingresar en el seminario, pero mientras trabajaba en un colegio para niños con discapacidad sintió que algo la “guiaba” hacia una nueva dirección. Estableció un estrecho vínculo con un niño con parálisis cerebral que no se comunicaba verbalmente, y su supervisora le dijo que tenía un “talento excepcional” para conectar con los niños. Animada por ello, se dedicó a la enseñanza y, más tarde, se matriculó en un máster en la Universidad de Nueva York, donde escribió una tesis sobre cómo utilizar la composición de canciones para empoderar a los niños que atraviesan dificultades. Se unió a la iglesia unitaria cuando se mudó a la ciudad —tenía una guardería adjunta y pensó que podría conseguir trabajo allí—. La primera vez que fue, alguien se ofreció a presentarle al “mejor músico del mundo”, y Aron Accurso se acercó tranquilamente.
Aron, a quien le encantaba su sonrisa, se ofreció a acompañarla a la salida, le pidió su número y la hizo esperar tres días que se le hicieron eternos antes de invitarla a una cita, en la que ella probó las gambas por primera vez y pensó, mientras hablaban de música, que él podría ser su futuro marido. En su tercera cita, ella le preguntó si le gustaba el Sr. Rogers, el amable presentador de televisión infantil que siempre llevaba un cárdigan, y —¿quién lo diría?— a él también le encantaba. La pareja se casó en 2016. “Siento que nuestras almas están destinadas a estar juntas”, afirma ella.
A Rachel y a Aron siempre les había gustado hacer “tonterías” juntos, y al principio sus vídeos de “Ms Rachel” parecían un “juego”, pero durante la pandemia, cuando Accurso daba clase por Zoom y Aron estaba encerrado en casa porque los teatros estaban cerrados, y los padres se preguntaban cómo demonios entretener a sus hijos durante los largos días de confinamiento, las cosas empezaron a despegar. Accurso no tardó en recibir ofertas de ejecutivos que esperaban comprar la empresa. Se pasaba horas en reuniones organizadas por un “grupo de hombres” con ideas sobre cómo comercializar el proyecto y, aunque le desconfiaba su falta de interés por el aspecto educativo de su trabajo, era Aron quien no dejaba de recordarle que no necesitaba su experiencia. “Siempre pensé que me iban a sustituir como presentadora”, afirma. “Cuando alcanzamos millones y millones de visualizaciones, pensé: 'Oh, quizá una cadena de televisión de verdad contrate a un actor de verdad y se dé cuenta de que este es un buen concept'”. Durante años se sintió como si no fuera más que una “mamá de 35 años”, una sustituta de la verdadera y profesional Ms. Rachel. “No sabíamos que los programas infantiles pudieran ser un gran negocio”, afirma.
“Mi naturaleza no me permite…”, dice, sin saber muy bien cómo expresarlo. “Bueno, no tengo cosas lujosas, eso sí que lo puedo decir”. “Venga ya”, le digo, aunque de forma un poco más educada: “¿Cuál es la cosa más lujosa que te has comprado?”. “Me gusta comprar juguetes… Creo que los juguetes son divertidos, esos pequeños juguetes antiestrés y cosas así”, responde.
Tiene un armario lleno de regalos en su casa, para que cualquier niño que la visite pueda elegir algo para sí mismo. “Eso no cuenta”, le digo. “¿Te has comprado alguna vez un bolso caro?”. Solo tiene un bolso, dice, porque tiene TDAH y ha aprendido que, si tiene más de uno, pierde cosas importantes. ¿Y un coche de lujo? No. ¿Una casa? “Creo que en Nueva York es difícil encontrar espacio, y tener espacio está bien, pero no quiero una casa lujosa”.
“¡Oh, no!”, exclama de repente Accurso, cuando llevamos hablando casi 90 minutos y Aron está a punto de reunirse con nosotros en el parque. ¡Debería estar hablando de su disco y se ha ido por las ramas con todo esto! Aron llega unos minutos más tarde, rubio y de ojos muy azules, con una camisa azul abotonada y unos elegantes pantalones de lino; “Han optado por un estilo muy diferente a la hora de vestirse para esta entrevista”, bromea con él mientras se acerca.
El próximo álbum, I’m So Happy, es el proyecto que apasiona a Aron.
La pareja recibió asesoramiento profesional, aconsejándoles que deberían recopilar sus canciones más populares de YouTube y sacar el álbum lo antes posible, pero Aron quería dedicarle un “cuidado especial” al disco. Acabó colaborando con 19 cantantes y 42 instrumentistas, y trabajó con Michael Starobin, que ha orquestado varias películas de Disney. “Creo de verdad que a los niños les gusta, y los niños se merecen ese tipo de música rica y hermosa”, dice Aron. Entre las 23 canciones hay clásicos infantiles, como The Wheels on the Bus, y canciones compuestas por los propios Accurso, incluida Caterpillar, una melodía sorprendentemente conmovedora que Aron escribió mientras intentaba que su hijo se durmiera. Cada vez que ponen la canción a sus hijos, todos se echan a llorar, y debo confesar que, cuando la escuché antes de la entrevista, a mí también se me saltaron las lágrimas. “Cada día creces más, antes eras un pequeñín, pero oruga, oruga, pronto vas a volar”, dice la letra. (Vale, lo sé. Pero, créeme, prueba a escucharla).
Los arreglos musicales son una bendición para los padres, que inevitablemente escucharán estas canciones en bucle infinito —más de lo que ningún ser humano debería tener que escuchar jamás, diría yo, al experimentar un recuerdo repentino e intrusivo de My First Album de Peppa Pig—. “Cuando tu hijo se divierte, tú te diviertes”, responde Accurso, porque es así de bondadosa. Pero luego menciona esa canción tan pesada que a Thomas le encantaba cuando tenía dos años… antes de pedir que se elimine este detalle del artículo porque no quiere ser mala.
Un disco también tiene la ventaja de permitir que los niños disfruten de Ms. Rachel sin mirar una pantalla, sugiero. Es cierto, dice Accurso, pero cree que somos demasiado duros con los padres (y con nosotros mismos) en lo que respecta al tiempo frente a la pantalla. “Se juzga y se avergüenza mucho a los padres, y creo que si se entendiera por lo que pasan la mayoría de ellos, eso no ocurriría”, afirma. No es precisamente una parte neutral en el debate sobre el tiempo frente a la pantalla —el tiempo que los niños pequeños pasan frente a la pantalla es lo que le permite pagar las facturas—, pero señala, con toda razón, que a veces todos necesitamos que nuestros hijos se relajen delante de la tele para que podamos hacer nuestras cosas. También puede ser una herramienta útil para niños con necesidades especiales. Supuso un “punto de inflexión” para su hijo, que estaba demasiado ocupado correteando como para escuchar a Accurso mientras ella le seguía los pasos, indicándole que “dijera mamá”; pero cuando aparecía en una pantalla enseñándole a articular sus primeras palabras, se concentraba.
Entonces, ¿cuáles son sus normas sobre el tiempo frente a la pantalla?, le pregunto. “¿Reglas?”, exclama, con tono de desconcierto. “¡Es broma!”. Aunque a su hija le encanta cantar con ellos dos, a veces lo único que la calma en los aviones es ver a Ms. Rachel en la tele. Esa mañana, Accurso la dejó ver El barrio de Daniel Tigre, una serie de dibujos animados inspirada en el señor Rogers, para que Susie dejara de intentar hacer cosas peligrosas mientras Accurso preparaba a Thomas para el campamento de verano. Susie es “una niña tan dulce, pero tiene un problema con los golpes”, dice Accurso, y el episodio de esta mañana trataba sobre sentirse enfadado. Susie ha hecho progresos, en cierto modo. Ahora, después de haber golpeado a alguien, dice: “Estoy enfadada”.
Accurso parece más relajada —y más divertida— con Aron presente. En un momento dado, se desploma sobre la mesa y él le pregunta si está bien. “¡Solo estoy mirando una araña! ¡Sigue adelante!”, dice ella. “Tú concéntrate, y yo seré la que tenga TDAH”. El perfil político de Ms. Rachel debe de haber pasado factura a toda la familia. Han tenido problemas de seguridad de los que no quieren hablar. “Estamos aprendiendo a lidiar con eso”, es todo lo que dice Aron. Cuando le pregunto si alguna vez ha deseado que Accurso dejara de hablar de temas polémicos, responde que su compasión y empatía son “auténticas” y “algo de lo que me enamoré y que admiro de Rachel”. No se planteó en ningún momento detenerla, porque si ella no defendiera sus valores, no sería Rachel, añade. “Ay, gracias, Aron”, dice ella con voz melosa, cogiéndole la mano, “qué detalle”.
Accurso sigue padeciendo ansiedad y TOC, y lucha contra pensamientos intrusivos, pero su salud está bien controlada con medicación y terapia. Le ayuda darse cuenta de que internet “no es la vida real” y de que no tiene por qué hacer caso a las críticas virulentas que se publican sobre ella online. Esta mañana recibió un correo electrónico en el que le avisaban de nuevos comentarios desagradables sobre ella en internet, y decidió simplemente no mirarlos.
Me di cuenta, al repasar su Instagram y leer los comentarios, de que yo misma empecé a sentir ansiedad al imaginar la extraordinaria presión a la que está sometida. La presión no solo proviene del odio, sino también de la adulación, del peso de las expectativas y de las peticiones de ayuda. Leí un mensaje de alguien que decía que había diseñado una lápida con su imagen para su hijo de un año que había fallecido inesperadamente, y le preguntaba si podía enseñarle una foto.
Además, está la inmensa responsabilidad que conlleva tener una plataforma tan grande. En enero de 2026, circularon capturas de pantalla que mostraban que le había dado a “Me gusta” al comentario “Liberad a Estados Unidos de los judíos”, debajo de una publicación que ella misma había compartido y que decía “Liberad a Palestina, liberad a Sudán, liberad al Congo, liberad a Irán”. Rachel publicó una disculpa entre lágrimas, explicando que había pulsado “Me gusta” por error cuando intentaba borrar el comentario. Compartió una captura de pantalla de la conversación privada que mantuvo con un seguidor que le llamó la atención sobre ese “Me gusta”, lo que respaldaba su versión de los hechos: “¡Sí, creo que lo borré antes, justo cuando lo vi! Odio el antisemitismo”, escribió.
“Después de eso me regalaron una marioneta de tortuga”, dice, lo que me deja momentáneamente desconcertada: ¿se refiere a algún tipo de software de moderación automática? Antes de que llegue a hacerle una pregunta vergonzosamente estúpida, aclara que se refiere, literalmente, a un juguete con forma de tortuga. Ella y Susie estaban jugando con él, “y pensé: 'Tengo que tomarme las cosas con calma, como esta tortuga, porque no puedo permitirme cometer un error así otra vez'”.
Intenta, en la medida de lo posible para una superestrella, centrarse en su familia. Ella y Aron siempre habían dado por hecho que tendrían hijos enseguida, pero durante años tuvieron problemas de fertilidad. Thomas, la primera fuente de inspiración de Ms. Rachel, ha superado sus dificultades iniciales con el habla. Le gusta dar charlas a sus padres que concluye con un “¿Alguna pregunta?” muy profesional. Susie está actualmente obsesionada con la Navidad —Accurso se encontró hace poco buscando en Google disfraces de Papá Noel de manga corta, hasta que se dio cuenta de que eso no existe— y es “tan mona y tan enérgica”. Tener de nuevo a un niño pequeño en casa les está sirviendo, por supuesto, de inspiración para el programa. Tienen que hacer algo nuevo sobre los rasguños, dice Accurso, y otra canción para la hora del baño y, sí, sin duda, algo sobre por qué no está bien pegar.
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