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Arranca en San Sebastián (al fin) el juicio por el saqueo del museo Balenciaga de Getaria

Ha sido un larguísimo proceso contra el exalcalde de Getaria y el arquitecto del proyecto, acusados de desviar más de 2 millones de euros y de dañar la colección del mejor modisto vasco

Las irregularidades ya se iniciaron en 1988, cuando desaparecieron prendas de alto valor aparentemente regaladas a esposas de dirigentes del PNV, pero la Fiscalía no puede investigar los hechos por estar "prescritos"

Mariano Camio, con un traje de la colección Balenciaga

Mariano Camio, con un traje de la colección Balenciaga ELDIARIONORTE.ES

Balenciaga es probablemente uno de los apellidos vascos más universales. Balenciaga es moda, es lujo... pero también es corrupción. El saqueo de la fundación Cristóbal Balenciaga y de la sociedad promotora del museo dedicado al modisto, Berroeta Aldamar, es uno de los casos más flagrantes y menos conocidos en España. ¿Ha llegado ya la hora de la Justicia? Estaba previsto que el juicio contra el exalcalde de la localidad guipuzcoana de Getaria, Mariano Camio (PNV), que también era gestor del proyecto, y contra su pareja, el arquitecto cubano Julián Argilagos, se iniciará al fin en abril de 2018, pero problemas médicos de última hora de Camio obligaron a un nuevo retraso de las vistas mientras oficialmente Argilagos continúa en "paradero desconocido". Finalmente, este martes se iniciará el juicio en San Sebastián, aunque descafeinado por la ausencia del coacusado.

El proyecto para construir en su Getaria natal un museo dedicado a Balenciaga surgió en 1987. En 1988 el Gobierno vasco empezó la adquisición de piezas históricas de la colección del artista. Y con ello surgieron los problemas. La Fiscalía llegó a investigar la "desaparición de determinadas prendas y objetos varios de la colección", por ejemplo pañuelos de seda de señora -algunos con inscripciones doradas- y 35 láminas con 139 diseños originales. En 2008, el dirigente del PP vasco Borja Sémper denunció que muchas de esas piezas acabaron en manos de esposas de dirigentes del PNV guipuzcoano. El ministerio fiscal concluyó que los hechos se habían producido entre 1988 y 1990, por lo que "debido al tiempo transcurrido" esos delitos están "prescritos".

Sin embargo, en 2007 -año en el que se filtraron numerosos casos de irregularidades vinculados a la formación nacionalista en Gipuzkoa- sí se pudo tirar de otro hilo por un 'despiste' de Camio y Argilagos. La pareja trasladó a finales de 2006 y sin autorización parte de la colección a Miami (Estados Unidos), lugar de residencia del segundo. Las piezas, algunas de ellas al menos, volvieron dañadas. Como eran de titularidad pública, se interpretó como un daño al patrimonio de la Administración. Las prendas dañadas -un vestido de novia, tres deshabillés y un casquete- estaban tasadas en 150.000 euros y vinieron deformadas, descosidas o rajadas.

Y, a partir de ahí, la investigación de la gestión de Camio y Argilagos al frente del proyecto mostró otra serie de irregularidades. Más de dos millones de dinero público perdido. La Fiscalía, de hecho, estima en 1,2 millones el 'agujero' en la Fundación Balenciaga y en 0,8 el de la mercantil Berroeta Aldamar. 

Dictan una orden de detención para el arquitecto del Museo Balenciaga

Camio "aglutinó y gozó de las más amplias facultades de gestión, administración y disposición" primero en la Fundación -con patronos como la Casa Real de España, la difunta reina Fabiola de Bélgica, Plácido Domingo o Paco Rabanne- y luego en Berroeta Aldamar -Gobierno vasco, Diputación de Gipuzkoa y Ayuntamiento de Getaria-. En 1999 contrató a Argilagos como arquitecto a pesar de que su título cubano no estaba homologado en España. Su "relación sentimental", según la Fiscalía, es clave para entender el trato de favor que recibió.

El contrato de Argilagos fue de 85 millones de pesetas (unos 500.000 euros al cambio). Sin embargo, en total percibió mucho más, 1,5 millones de euros. Además, no ejecutó algunos trabajos que tenía encomendados y hubo que contratarlos con terceros con un coste total de otros 500.000 euros. De hecho, Argilagos residía en Miami de manera habitual. Se sospecha que también ahora que se ha declarado prófugo de la Justicia española. 

Camio, por su parte, tiró de la Visa Oro del museo para arreglar su Audi A3 en diez ocasiones, para realizar 15.000 euros en kilometraje y repostar más de 1.000 litros de gasolina. La pareja viajó a Nueva York, Los Ángeles, San Francisco, Dallas o París a cargo del proyecto Balenciaga e incluso la exmujer y los hijos del arquitecto cubano percibieron 35.000 euros.

La Fiscalía dio por concluida la investigación en 2014 y el juicio está pendiente desde 2015. Al fin se fijó fecha para este mes de abril de 2018, coincidiendo con otros dos casos de corrupción abiertos en Euskadi, uno en Álava -el 'caso De Miguel'- y otro en Bizkaia -el 'caso Margüello'-, también con excargos del PNV en el banquillo. Pero el recorrido judicial del 'caso Balenciaga' ha sido poco menos que azaroso.

Los problemas de salud de Cambio obligaron a posponer otros doce meses el proceso. No es el único problema. Además de que parte de las irregularidades -las cometidas hace 30 años- están prescritas, Argilagos se halla en paradero desconocido, aunque todas las miradas apuntan a Miami. Camio se enfrenta a 8 años y 6 meses de cárcel, según el escrito de acusación de la Fiscalía al que se han adherido las representaciones legales de la Fundación Balenciaga y de Berroeta Aldamar. Para Argilagos se solicitan cuatro años. Ambos, asimismo se enfrentan a la devolución de más de 2 millones de euros. Hay un tercer imputado, el arquitecto subcontratado para los trabajos no efectuados por el titular que sí estará presente en en el banquillo. Se trata del también cubano Rolando Paciel, si bien sólo se expone a una pequeña multa por no tener tampoco el título homologado en España.

El efecto de la corrupción

A veces el efecto de la corrupción no es fácilmente perceptible. En el caso del museo Balenciaga sí lo es. El proyecto se ideó en 1987 -15 años después de la muerte de Cristóbal Balenciaga- y su apertura se prometió para 2003 con un presupuesto de 1.000 millones de pesetas -6 de euros-. Finalmente costó más del triple, 20 millones. 

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