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Wabi Sabi para tiempos líquidos

“Para estar contigo las horas, para estar contigo despierto, para hacerle al mundo mejoras y para volar, necesito tiempo. Únicamente tiempo”, Robe Iniesta

Talando el bosque para madera

Wabi Sabi es un término japonés que describe una doctrina que combina arte y filosofía, uniendo el concepto de naturaleza (Wabi) y desgaste (Sabi). Wabi Sabi nos brinda la oportunidad de vislumbrar la belleza en lo cotidiano, pero también nos exige una mirada atenta y replantearnos lo conocido.

Esta idea nacida en el siglo XV como reacción al boato, el ornamento y la ostentación de la aristocracia, gira en torno a tres principios: la belleza de las cosas reside en su imperfección, en su inconsistencia y en su inconclusión.

Si miramos a nuestro alrededor podremos ver que este punto de vista estético y filosófico está presente en objetos rutinarios y elementos arquitectónicos caracterizados por su asimetría, por su rugosidad o por estar desgastados. Wabi Sabi es el deseo palpitante por captar la esencia de la decadencia, sólo nos queda descubrirla como si fuera nuestra primera vez.

Una cartera de cuero ajada, una madera envejecida, una pared cuarteada, líquenes y musgos sobre las tejas... es la edad lo que las hace tan especiales. Un objeto antiguo, con marcas sutiles e irregularidades, nos cuenta una historia de paciencia y tiempo, nos hace conscientes del paso de la vida por él.

También hay obras de arte cuya contemplación evocan estos valores o que son un juego de texturas imperfectas e inacabadas. Tenemos, por ejemplo, las obras de Antoni Tàpies. Su pintura, matérica y austera, trata de mostrar que la belleza y el sentido de la trascendencia pueden encontrarse en los materiales más humildes.

Pero, como hemos señalado, Wabi Sabi también es una forma de ver la vida y vivirla, es una concepción tanto ética como estética. Wabi Sabi significa apreciar la belleza de las cosas sencillas y asumir los propios defectos. Significa mantener una mirada escéptica hacia las modas que vienen y van. Significa abrir los ojos a la cotidianidad y recordar que la vida no es perfecta.

Al final, la vida sigue su curso, y no se puede evitar ni el cansancio en la piel ni el brillo en los ojos que da la experiencia a quien ha vivido. Todo pasa y todo queda, recitó el poeta. Por eso, cuidar y madurar la legítima rareza ante una normatividad postiza es una actitud estimable.

Sin embargo, vivimos un “tiempo líquido”, que dijo el sociólogo Zygmunt Bauman, en donde las corrientes estéticas y los itinerarios vitales son acelerados y cortoplacistas. No hay tiempo para la paciencia, lo único constante es la provisionalidad.

A Bauman le debemos una de las metáforas más gráficas para describir el momento actual: tiempo líquido. Todo lo que antes era sólido, hoy en día se ha licuado. Según Bauman, este tiempo viene definido por la incertidumbre y la inmediatez. Es la cultura de la instantaneidad.

En el tiempo líquido, la velocidad, y no la duración, es lo que importa. No hay tiempo para echar raíces. Siempre hay que estar empezando y terminando. Por eso, más allá de la mística, la actitud Wabi Sabi choca de frente contra esta idea que se derrama a nuestro alrededor.

No hay soluciones fáciles para problemas complejos, eso está claro. Sin embargo, además de intentar coser el tejido de las certidumbres, tal vez podamos rescatar algunos valores de la filosofía Wabi Sabi para enfrentarnos un poco mejor a este tiempo tan voluble: deshacernos de lo superficial, abrazar lo auténtico y apreciar la textura de la vida.

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