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El éxito de las series como paradigma cultural

Puede costar empezar a ver el primer capítulo, pero después te has metido en la trama; te sientes cómodo. Te encuentras emocionalmente enganchado.

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El actual éxito de las series es uno de los fenómenos culturales de mayor impacto. Actores y directores de cine; productores, publicidad... todo tipo de recursos se han pasado del cine a las series de televisión.  Si antes las series de televisión eran el retiro de los grandes actores ante su inminente ocaso; ahora les supone el salto a la fama. Se llega a decir que el mejor cine se está haciendo en la televisión. 

La Sociología de la Comunicación empieza a detenerse a analizar el presente fenómeno cultural. No es una banalidad reflexionar sobre expresiones culturales y máxime si éstas tienen tal dimensión social. Conoce qué consume culturalmente la ciudadanía y entenderás sus pautas y emociones.

En cualquier caso, el éxito de proporcionar un relato por partes no es nuevo. En el siglo XIX, las grandes novelas de Dickens, Balzac o Dumas eran publicadas en múltiples capítulos en la prensa diaria. Los lectores acudían ávidos a la prensa diaria para ver si seguía preso el Conde de Montecristo o qué le había pasado a D'Artacán en su viaje a Londres. Eran seriales  en prensa escrita como luego lo fueron en la radio.

Tal como hacía la prensa hace dos siglos, las cadenas de televisión buscan fidelizar la clientela mediante entregas parciales y consecutivas. Se trata de crear expectación. Como factores de éxito de las series se identifican diversos aspectos. Siempre teniendo en cuenta que las series adquieren formatos diferentes. Uno de ellos, es la inmediatez y actualidad. Las series permiten relatar hechos que han ocurrido hace pocas semanas o incluso están ocurriendo. Relatan y producen sobre marcha. Otro factor de éxito es la familiaridad con los personajes. Al ser reiterados a través de numerosos capítulos forman parte de nuestra cotidianidad. Como al niño  que le gusta que le repitan los cuentos o visionar reiteradamente los dibujos animados. Otro factor es la proximidad con el espectador. Conectan con su mundo cultural más cotidiano. Incluso, en algunos casos, los espectadores pueden proponer qué va a ser de los personajes. También la duración es importante. En un tiempo donde todo va rápido, perder más de 50 minutos es algo poco oportuno. Aunque algunos se enganchen de tal manera que se comen tres episodios seguidos. Por otro lado, el lenguaje narrativo es más fresco, más vivo, menos grandilocuente.

En definitiva, las series son productos más asequibles, intelectualmente hablando. Requieren de menos esfuerzo para acercarse al relato. Puede costar empezar a ver el primer capítulo, pero después te has metido en la trama; te sientes cómodo. Te encuentras emocionalmente enganchado.

Así pues, las series triunfan porque conectan con la actualidad. Un mundo que se percibe fatigado culturalmente. La atención y el esfuerzo es algo marginal. Las series se alojan en la comodidad; en la zona de confort mental. Hasta ver una película durante 90 minutos supone un sacrificio porque requiere fijar la atención.

Cabe preguntarse si grandes obras maestras como Gatopardo, Novecento, Apocalypse Now, Ludwig II... por no decir El Séptimo Sello hubiesen tenido hoy éxito.

La ciudadanía prefiere consumir productos culturales sencillos; que no necesiten de mucha atención. Ordenados mediante guiones esquematizados, reiterativos y programados. Nada de retos intelectuales; simplemente evasión.

Confieso que he caído en la tentación.

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