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Atraco perfecto

Si algo aprenderá esta juventud afectada por el conflicto (de la escuela concertada) es que la defensa de lo justo es necesaria llevarla hasta el final

El obispo de Vitoria aboga por que la Iglesia vasca abra cauces para la paz

EFE

Nuevamente a vueltas con el conflicto abierto en la Enseñanza Concertada de Euskadi. Tras más de dos años de movilizaciones y cuando se inicia, probablemente, el último intento de mediar una solución que lo desactive, ha hecho aparición estelar el obispo de Vitoria. Con unas declaraciones realizadas en una conferencia en Bilbao, ha llegado el pirómano -y no el bombero- para avivar un fuego que las dos partes enfrentadas intentan reducir, si no a cenizas, al menos a rescoldos.

La oportunidad del discurso, plena: el mismo día en que sindicatos y patronales religiosas se reúnen en el Consejo de Relaciones Laborales buscando la actuación de un intermediario que ayude a encontrar soluciones. La efectividad de sus palabras, prácticamente nula: el tiempo que dan de sí unos titulares de prensa, antes de ser fagocitados por los siguientes. La intencionalidad, superlativa: el Eminentísimo y Reverendísimo Señor Don Juan Carlos Elizalde era perfectamente consciente del alcance de sus palabras y de la trascendencia que podían jugar en otros foros. Tal y como han registrado todos los medios escritos, el Señor Obispo ha considerado “un atraco”, “un ajuste de cuentas” el conflicto laboral y ha argumentado “razones oscuras” para explicar la duración del mismo. Vamos, que no se ha dejado pelos en la gatera; lo que se dice literalmente, quedarse  más ancho que largo.

No tengo el placer de conocer a este señor y al no escuchar esas palabras de viva voz, desconozco si fueron dichas con tono circunspecto o con alguna sonrisa angelical –tan propia del gremio- o, incluso, en ese estentóreo volumen de homilía con el que se nos empequeñecía antiguamente desde los púlpitos. Ante la duda, quedémonos con el de semblante serio, grave, de persona preocupada por la trascendencia de sus dichos.

Tampoco tengo por costumbre censurar a nadie lo que expresa, en el absoluto dominio de su libertad de expresión, pero reconozco mi sorpresa –que supongo compartida- cuando estas palabras fueron oídas. El autor de las mismas es un eclesiástico, un soldado con galones de la jerarquía eclesiástica; la misma institución que lleva más de veinte siglos haciendo profesión de la mesura, la palabra tranquila y el consejo bienintencionado; la misma que en otras situaciones se ha ofrecido como mediadora de conflictos o refugio de inseguridades. Sorprendente.

Con todo, la mayor sorpresa lo supone el continente, el fondo de su discurso. Asevero que frente al símil comparativo de elefante entrando en cacharrería, ha ganado, de lejos, el Señor Obispo de Vitoria: “atraco”, “ajuste de cuentas”, “razones oscuras”. Son palabras mayores  y quien las pronuncia debe estar muy seguro de lo que pretende decir, salvo que las use en plan jocoso, cómico, llamando a la distensión con un humor negro, ese al que no estamos demasiado acostumbrados/as, pero algunos utilizan con afán de distender.

Valoremos tal situación. Quizás Don Juan Carlos Elizalde sea un adicto a las películas de gángsters y esté visualizando el conflicto laboral de la Enseñanza Concertada como un entretenimiento visual en el que el reparto de papeles –quiénes son los ladrones y quiénes los policías- no admite género de dudas.

Quizás el Señor Obispo de Vitoria sea un acérrimo seguidor del gran Stanley Kubrick y tuviese en mente la interesante “Atraco perfecto” (The Killing, 1956), en la que tres parejas intentan cambiar sus vidas a través de un golpe maestro a la recaudación del hipódromo entre sombras intencionadas, disparos camuflados y barrotes omnipresentes.

O quizás se hubiese acordado de la más casera y cercana “Atraco a las tres” (1962), film mítico del cine español, con el que J.M. Forqué  resolvió con el humor satírico de la época las carencias, miserias y jerarquías de una entidad bancaria y de sus obedientes  lacayos/trabajadores.

Pero, no; no albergo la menor duda de que el Sr. Obispo iba en serio. Todo suena muy tenebroso, tétrico, negro. Hay pocas dudas de que cuando se expresaba en términos  de atraco pretendiera decir algo distinto a lo que la RAE nos define: acción de cobrar a alguien un precio excesivo por una mercancía o un servicio.

Recapitulemos: el Sr. Elizalde, quiso decir lo que dijo. Que los sindicatos vascos de enseñanza concertada, cuando presionan con la convocatoria de huelga, en defensa de los intereses de sus compañeros/as, plasmados en un convenio de obligado cumplimiento –más de diez años sin renovar- están poniendo un precio excesivo a su petición. Que cuando deciden levantarse de la mesa de negociación, tras más de 25 sesiones sin resultados positivos, sólo buscan un ajuste de cuentas con una patronal, más preocupada de atender sus propios intereses que los de sus trabajadores/as.  Y que hay razones oscuras cuando los sindicatos deciden no plegarse ante la falta de negociación patronal y continuar con pérdida de poder adquisitivo, jornadas maratonianas y ratios desbordadas.

No acertó el obispo con su homilía y se equivocó más aún cuando quiso emponzoñar el trabajo sindical aludiendo a que esta reivindicación estaba muy lejos de conseguir el bien social de los y las jóvenes

No acertó el obispo con su homilía y se equivocó más aún cuando quiso emponzoñar el trabajo sindical aludiendo a que esta reivindicación estaba muy lejos de conseguir el bien social de los y las jóvenes. ¡Craso error! Si algo aprenderá esta juventud afectada por el conflicto es que la defensa de lo justo es necesaria llevarla hasta el final –aún a costa de descrédito o incomprensión social- y que la solidaridad en la defensa de colectivos minorizados y desprotegidos es la llave para conseguir la igualdad. Justicia, solidaridad ¿no son estos los valores sobre los que debería estar hablando en este conflicto el obispo?

Un regalo final para el Eminentísimo y reverendísimo Señor Don Juan Carlos Elizalde: las estrofas finales de una canción, por si no tiene a bien escuchar a Vetusta Morla:

Fue un atraco perfecto/Fue un golpe maestro/Dejarnos sin ganas de vencer

Fue un atraco perfecto/Fue un golpe maestro/Quitarnos la sed

Fundieron plomo y cobre/Pusieron sal en sobres/Alerta, hay un testigo/Nos han dejado vivos

Fue un atraco perfecto/Excepto por esto/Nos queda garganta, puños y pies.

 

 

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