Piso o chabola

Alumnos universitarios en un aula. EFE/ Jesús Diges

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Tengo un alumno gitano, completamente gitano. No es extraño: la Universidad Carlos III atrae a buena parte de los mejores estudiantes de España y de fuera de nuestro país, y entre ellos, naturalmente, a universitarios de diferentes etnias, colores, aspecto, países, lenguas…, y muchos de ellos brillantes. En fin, atraer el talento es una de las características de mi Universidad.

Pero no todo el mundo opina que la diversidad constituya una ventaja. Por ejemplo, a veces, agentes de la Policía asaltan a mi alumno gitano (estudiante de no pocas matrículas, ninguna de las cuales ha sido robada de estantería alguna) y le piden todo tipo de credenciales, sin motivo, sin razón alguna... Aunque, ciertamente, he de decir que mi alumno gitano… Es que es muy gitano… Demasiado aceitunado, demasiado moreno, incluso le he visto “algún oro”... Más, como soy consciente de sus “peculiaridades”, y tengo buena relación con él, le he tratado de convencer para que no haga algunas cosas y sí otras, y de esa forma conseguir que los policías no se fijen en él.

Verbigracia, le he dicho que cuando vaya circulando por la calle en su viejo coche (que le es necesario, pues de otra forma no llegaría ningún día a clase antes del mediodía) que no vaya escuchando música de Las Grecas o de Camarón, o que lo haga muy bajito para que no “salga” del vehículo, pues ese tipo de música actúa sobre algunos policías…como la del “flautista de Hamelin” con los roedores: les atrae. Como alternativa le sugiero que ponga música “moñas”. Además, como es muy moreno, mucho, demasiado para un pueblo como el nuestro, le he sugerido que atenúe ese color de pelo y que lo dome (demasiado encrespado), incluso me parecería buena idea que se depilara de buena parte de él, en las “entradas”, así parecería más “peninsular”. Obviamente también le he encarecido para que abandone completamente, y para siempre, los oros, o que sólo los utilice en clase, entre sus compañeros, a quienes les parece bien todo lo que hace y lo que no, como a él lo que hacen ellos: no es extraño ese ambiente, son todos gente tolerante. Pero, sobre todo: le he dicho que se maquille un poco para aclararse la piel de la cara, no tanto como para parecer un payaso, quizá sólo un ayudante de payaso, un aprendiz de Pierrot.

Pero no me hace caso, es muy terco, y así le ocurre: va a un centro comercial, y nada más bajar del coche en el que iba con dos primos más gitanos que él y escuchando a los Chunguitos (¿Qué necesidad tiene de ir con otros gitanos muy gitanos?), rápidamente guardas y vigilantes se les echan encima y les piden hasta el certificado de bautismo. Lógico. Va llamando la atención, provocando, y por ello tiene incidentes casi diarios con agentes que sólo quieren, imparcialmente, conservar y prevenir, sobre todo prevenir, el orden.

Se trata de manías de este estudiante (y una cosa: ¿Qué necesidad tendrá de estudiar Derecho un gitano? ¿no es contradictorio?) que no le llevarán lejos. Por ello, el otro día le ocurrió lo que les cuento: al salir de su barrio con el coche, ventanillas bajadas y música alta, unos agentes le pararon, le ordenaron salir del coche, abrir todas las puertas y el maletero, hicieron un registro minucioso, y al requerirle por su residencia y antes de que mi estudiante pudiera dar domicilio alguno, le preguntaron: ¿piso o chabola?

Ese día llegó tarde a clase, y cuando acudió a mi despacho para disculpar su ausencia estaba abatido, le pregunté, me contó, le dije: ¡son unos indecentes! Pero me contestó que no me preocupara, que estaba acostumbrado…

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