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Contra el acoso y por el reconocimiento rápido de nuestra identidad trans

Representantes del colectivo transexual tras la aprobación de la ley andaluza

AFEMTRANS, Arcópoli, Chrysallis, Chrysallis Madrid, Cogam, El Hombre Transexual, Familias Trans*formando, Fundación Triángulo, Hetaira, Migrantes Trangresorxs, Trans Cogam

El 20 de noviembre, Día Internacional de la Memoria Trans,  es la fecha en que recordamos y honramos las vidas de las personas trans cuyos asesinatos han sido llevados a cabo durante el último año. Es una jornada que nos duele y desearíamos que dejara de existir.  Y que, sin embargo, cada vez estamos más lejos de poder hacerlo. En 2017 han sido reportadas 325 víctimas de la transfobia, un 10% más que el año pasado. Sabemos que son muchísimos más los asesinatos y suicidios que han pasado inadvertidos. La mayor visibilidad de la diversidad de género parece haber despertado el hambre de la fiera de la transfobia.

En esta ocasión, una de las víctimas nos es más cercana. Se llamaba Lorena, y fue objeto de un doble asesinato. En primer lugar, su asesinato físico a manos de un criminal para el que sólo podemos desear que se haga justicia. En segundo lugar, su asesinato social, cuando algunos medios divulgaron su muerte asignándole una identidad de género que no era la suya. 

Lorena corrió la suerte de otras mujeres trans trabajadoras del sexo. El estigma social, el acoso institucional y la falta de derechos laborales las hace especialmente vulnerables a la transfobia junto a otros tipos de violencia. Condenamos especialmente la violencia contra aquelles de nosotres que sufren múltiples discriminaciones. Denunciamos los ataques hacia las personas del colectivo que, además de ser hostigadas por su identidad de sexual y/o género, son víctimas de la violencia machista, el racismo, la xenofobia o cualquier otro tipo de agresión hacia su diversidad. 

Señalamos y denunciamos el estado de violencia continuo en que viven las personas trans inmigrantes,  refugiadas, solicitantes de asilo al ser denegada su petición por identidad de género, sometidas a la agresión institucional, las redadas racistas, el encierro, y  por ende la indefensión en centros de internamiento (CIEs), terminando en deportaciones racistas. Sin dejar de nombrar aquellas y cuántas personas trans han muerto, en el Mar Mediterráneo, y  en las fronteras, al querer entrar a Europa.

Hace apenas un par de años, recordábamos entre las víctimas a Alan, que fue empujado al suicidio cuando apenas había comenzado a vivir. Reclamamos nuestro derecho a vivir en espacios seguros, empezando por la infancia y adolescencia trans. Los colegios e institutos de nuestro país están aún lejos de ser zonas libres de acoso para los menores con identidades no cisnormativas. El bullying es el primer empujón que les puede precipitar hacia la muerte, y debe ser perseguido en todas sus formas por quienes trabajan en los centros educativos. El profesorado tiene la obligación de respetar y acompañar nuestras identidades. Mirar hacia otro lado es participar del asesinato. 

Es hora de que señalemos a los responsables del sufrimiento que conduce al suicidio a las personas trans. No son sólo los acosadores tránsfobos de su entorno inmediato. Son también aquellos que nos niegan el reconocimiento ágil de nuestra identidad como personas trans, quienes nos niegan una carrera profesional por nuestra identidad de género, quienes como el Gobierno de la Comunidad de Madrid incumplen las leyes que reconocen la igualdad de derechos al colectivo trans.

También existen muertes cotidianas consecuencia de la discriminación social y que permanecen invisibles. Hace unos días, murió en silencio una mujer trans de 51 años. Su parte de defunción habla de hepatitis crónica.  El registro burocrático oculta el abandono de sí misma al que se dejó llevar, consecuencia del desempleo y la falta de futuro, la dejación de los cuidados médicos por no pasar el trance tortuoso de ser llamada en la consulta por un nombre  en el que no se reconocía. Ella no está en la lista de víctimas registradas, pero a ella también la recordamos hoy.

Queremos preguntar a las autoridades que hacen para evitar que las muertes, asesinatos y suicidios que hoy recordamos sigan sucediendo. No son hechos aislados, muchas de las víctimas habían denunciado antes cadenas de agresiones que fueron ignoradas, en demasiadas ocasiones sus atacantes han quedado impunes antes y después de su muerte. Tenemos derecho a vivir sin miedo, tenemos derecho a la misma justicia que el resto de la ciudadanía. No pedimos derechos especiales, pedimos que nuestros derechos fundamentales sean respetados.

Son más de veinte años los que la comunidad de personas trans y nuestres aliades nos hemos venimos reuniendo para recordar les miembres de nuestro colectivo que han sido asesinades y/o empujades a quitarse la vida. No nos cansaremos de alzar la voz hasta que el odio sea arrancado de las miradas de la sociedad. Pero mientras siga existiendo, continuaremos recordando a nuestras compañeras, compañeros y compañeres asesinades cada año. 

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