La urgente necesidad de la especialidad de infecciosas para asegurar el relevo generacional

Una técnico de laboratorio trabaja con pruebas PCR en el Laboratorio de Microbiología del Hospital público Gregorio Marañón, a 31 de mayo de 2022, en Madrid (España).

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La medicina moderna es la medicina de las especialidades médicas y/o quirúrgicas. Gracias a ellas, la esperanza y la calidad de vida en los países desarrollados han alcanzado cotas inimaginables, modificando para bien el pronóstico de enfermedades crónicas e incurables. Sirvan como ejemplos, la transformación de la cardiopatía isquémica con la hemodinámica; de la cirugía con la laparoscopia; el mejor pronóstico del cáncer en general gracias a diferentes avances como la inmunoterapia, la terapia dirigida o los TCART, o la curación de las enfermedades terminales de órgano con los trasplantes.

Para hacer posible estos objetivos asistenciales, la investigación y formación han ido de la mano. España ha incorporado todos estos avances logrando que la calidad de la sanidad española se encuentre entre las mejores del mundo. Esto ha sido posible por la inversión pública en estructuras y equipamiento y por la excelente formación científico-técnica de los diferentes especialistas alcanzada por la vía MIR (Médico Interno Residente) creada en los años 60 por médicos españoles del siglo pasado que se formaron en Estados Unidos de América (EUA) y que adaptaron en nuestro país el modelo de “aprender trabajando” de los EUA (Tutosaus JD, Morán-Barriosa J, Pérez F. Historia de la formación sanitaria especializada en España y sus claves docentes. Educ Mec. 2018; 19; 229-234).

Por tanto, la creación y desarrollo de la formación sanitaria especializada (FSE) ha sido uno de los avances más importantes de la sanidad española y desde el año 1984 es la única vía legal de especialización. La Ley de Ordenación de las Profesiones Sanitarias de 2003, el Real Decreto (RD) de 2006 de regulación de las condiciones laborales del residente y el RD 2008 de Formación Especializada han regulado y dado el impulso que el sistema necesitaba para adaptarse a las nuevas necesidades de la sociedad y al marco europeo.

En el caso de la especialidad de las enfermedades infecciosas, es una especialidad que no existe en España, que es el único país de la Unión Europea (UE) en donde los MIR no pueden formarse (Brockhoff RA, Hicks SR, Salmanton-García J, Dušek D, Stahl JP, Beeching NJ, Cornely OA. Training in infectious diseases across Europe in 2021 - a survey on training delivery, content and assessment. Clin Microbiol Infect. 2021; 27:1693.e1-1693.e8.). Muchos de los médicos que nos hemos dedicado a esta área de la medicina hemos hecho lo mismo que aquellos pioneros españoles de la década de los 60 de siglo pasado, irnos al extranjero para formarnos es esta especialidad, que debe resolver situaciones complejas de forma rápida y eficiente y ello solo se logra con formación.

Este programa formativo es el que ha desarrollado para Europa la sección de Enfermedades Infecciosas de la Unión Europea de Especialidades Médicas (UEMS-ID), en donde los MIR deben adquirir competencias en la infección por el VIH/Sida y las infecciones de transmisión sexual, las infecciones en otros pacientes inmunodeprimidos y trasplantados, las infecciones emergentes (como el SARS-CoV-2 ahora), las infecciones en personas que llevan dispositivos implantables (como por ejemplo las válvulas cardíacas o los marcapasos), las enfermedades importadas y las amenazas biológicas, las infecciones relacionadas con la asistencia sanitaria, y la optimización del uso de antimicrobianos entre otros temas.

Para lograr esto y ser especialista en enfermedades infecciosas, en Europa se realiza una formación de 5 años de media. Muy pronto, la UEMS-ID examinará a los “MIR” europeos para acreditar sus conocimientos, lo que permitirá su libre circulación profesional entre los países de la UE. Por desgracia no podrán ejercer en España al no existir la especialidad y los “infectólogos” españoles no podrán ejercer en Europa al no tenerla. Una situación incomprensible en el siglo XXI, que se agrava al estar la primera generación de especialistas en enfermedades infecciosas jubilados o lo harán próximamente, sin que exista un recambio generacional, un hecho clave en todas las especialidades.

Además, el futuro de las enfermedades infecciosas nos deparará nuevos retos para los que debemos estar preparados, por ejemplo, las infecciones por microorganismos multirresistentes que pueden convertirse en la primera causa de muerte a nivel mundial en 2050. En esta lucha, los actuales especialistas de enfermedades infecciosas y microbiología, son profesionales clave, junto con farmacéuticos y especialistas en medicina preventiva, para liderar equipos multidisciplinares, integrados en los programas de optimización de antimicrobianos (PROA) y de prevención y control de las infecciones, como recientemente ha publicado la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC).

Por todo ello, ya es hora de la urgente creación y reconocimiento de esta especialidad, lo que garantizaría una formación adecuada vía MIR en enfermedades infecciosas, aseguraría el relevo generacional, la libre circulación de profesionales en Europa y mejoraría la calidad de la atención a los pacientes españoles que sufren infecciones graves y complejas que dejarían por fin de estar discriminados respecto al resto de ciudadanos europeos que sí tienen especialistas en enfermedades infecciosas cuando los necesitan.  

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