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CETA, barómetro para saber quién manda aquí

Pedro Sánchez junto al comisario europeo de Asuntos Económicos y Financieros, Pierre Moscovici, tras anunciarle que el PSOE se abstendrá en la votación del CETA

Rosa María Artal

Hay días en los que la calculadora da la suma exacta y la última pieza encaja en el puzle. La reacción al tenue cambio de postura del PSOE de Pedro Sánchez respecto al CETA (Tratado de Libre comercio de la UE con Canadá) termina de demostrar quién manda aquí. Una piña a favor del poder no elegido en las urnas, del poder financiero y aledaños, que mueve todas las teclas sin permitir ni una nota suelta.

Las razones invocadas por el PSOE no dejan lugar a dudas: “CETA penaliza a los estados miembros que adopten decisiones que perjudiquen a los inversores”, CETA no garantiza “el equilibrio entre la protección jurídica de los inversiones y el interés general de los derechos sociales, laborales y medioambientales”. En definitiva: CETA no es la gloria de la globalización como lo presentan sus defensores, sino un paso más –y decisivo– en dar prioridad a las empresas sobre el Estado y, en consecuencia, los ciudadanos.

La postura del PSOE es testimonial, no alterará el resultado. El CETA será aprobado en el Parlamento español, como ya lo fue en el europeo. La pregunta que toda persona responsable debería hacerse es por qué sabiendo lo que saben y pensando como piensan van a limitarse a la abstención. Seguramente, porque son conscientes de quién manda aquí y lo difícil que resulta darle a esa tecla sin que las furias del sistema caigan encima. Personas menos condescendientes afirman que siguen en el papel que ha caracterizado las últimas etapas de la socialdemocracia: denunciar y consentir.

Tiene un punto de utilidad nada desdeñable, sin embargo. El cambio de postura del PSOE ha servido para que personas que no se plantearon jamás una duda sobre lo que manda el poder reparen en que existe el CETA y les interese saber más. Y no es poco cuando nos movemos entre semejantes ataduras.

Ese cambio testimonial ha desatado una notable ofensiva, y es trasfondo crucial a tener en cuenta. Se ha venido a España el comisario europeo Moscovici a hacer “reflexionar” al PSOE. A invitarle a que se sume a “los que sí están concienciados con la globalización” y el Libre Comercio. El uso y abuso de las personas, la obtención del lucro por encima de los derechos, la precarización del trabajo, el levantamiento de muros y fronteras, es lo estos llaman Globalización y Libre Mercado.

Moscovici, socialista francés, dice que él no hubiera votado el TTIP pero al CETA sí, cosa que no hizo el socialismo francés en el Parlamento Europeo. Da igual, Canadá, con su Trudeau tan aseado es un buen anzuelo. Al TTIP nos lo vendieron igual, exactamente igual, y con Tratados sellados se puede terminar a los pies de los caballos de un Trump o de quien sea. Ni siquiera eso, se vive a diario bajo el mandato de los intereses comerciales sin trabas.

La piña ha hecho horas extraordinarias estos días para defender el fuerte. Saltaron PP, Ciudadanos y miembros del PSOE con objetivos muy nítidos. De Guindos cree que Sánchez va contra “el sistema que triunfa en todo el mundo”, el mundo que aumenta las desigualdades sociales. Rajoy dice que el PSOE va a “hacer el ridículo” porque el presidente del partido enfangado tiene muy claro que “hacen el ridículo” quienes no siguen los mandatos del poder. Y por eso están en ese lado todo el PP, Rivera y Elena Valenciano.

Y, por supuesto, se han desplegado los periodistas por noticiarios, tertulias, titulares, editoriales, tuits y cuanto tienen a mano. Los defensores del CETA relatan sus maravillas, los aranceles que se suprimen, lo que va a aumentar el mercado de bienes de consumo. Entonces, se dicen ellos mismos en sus resúmenes, ¿por qué hay gente que se opone a algo tan estupendo? Es que no quedan garantizados los derechos de los ciudadanos. Nada es perfecto. Y, ya se sabe, que querer garantizar los derechos es peligrosamente izquierdista.

A mí me resulta llamativo el “dicen” de supuesta objetividad cuando apuntan la postura contraria (al poder). Verán, han tenido años para saber qué es el CETA y el TTIP, informes, iniciativas populares europeas. Su obligación como periodistas es saber y contar si lo que “dicen” es verdad o no. Y esto sirve para todas las cuestiones que nos afectan como sociedad. Son muchas, cada día asistimos a nuestros atropellos. Echen un vistazo a la lista de morosos, a la nueva y tercera lista de morosos: pone los pelos de punta. En el fondo, lo viciado es la raíz.

No dejo de preguntarme cómo se puede dar como noticia lo que no lo es. Cómo se hurtan datos fundamentales que afectan al futuro de muchas personas, de los hijos de quienes las ocultan o manipulan. La respuesta de moda es: “El miedo, el hambre y la hipoteca son libres”. Discutible frase, de entrada. Quede claro al menos que no es libre dañar el presente y el porvenir de toda una ciudadanía.

¿Han visto la reacción de los trabajadores de RTVE a la llegada del Consejo de Informativos con una televisión pública bajo el brazo que deja de ser de partido, del PP, de los intereses espurios del PP? Un estallido de alivio, como si hubieran sido liberados de un campo de concentración. En cierto modo es una metáfora del momento que vivimos. Dentro, con algunas espitas de alivio. De momento.

Los grandes intereses de la economía sometidos a la política, con la justicia como departamento comercial de la empresa. Eso es CETA, por mucho que lo adornen. Una concepción del mundo bajo esos parámetros remite, en efecto, a una globalización: la de la codicia y la injusticia.

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