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El 28 de diciembre hay Consejo de Ministros

Foto de familia del primer Consejo de Ministros presidido por Rajoy. Fuente: lamoncloa.gob.es

Isaac Rosa

Estos días todos hacemos balance del año, los medios ultiman sus resúmenes de doce meses que publicarán en la última semana, y todos afrontamos la inminente navidad con sensación de que todo el pescado está ya vendido, agradeciendo que acabe ya un año nefasto. Hasta el PP se puso ayer a hacer balance de “Un año impulsando reformas”, que es como han llamado al cónclave en que diputados, senadores y peperos de toda condición intentan defender lo hecho y deshecho durante doce meses. Ayer los intervinientes hablaban en pasado de 2012 y nos emplazaban a 2013.

Pero yo no correría tanto, que hasta el rabo todo es toro en este 2012, y todavía nos quedan dos semanas que pueden dar para mucho susto. Ni siquiera confío en la tregua navideña, todo lo contrario. Miro el calendario y veo que el último Consejo de Ministros del año es el… ¡28 de diciembre! Sí, el día de los Inocentes. En circunstancias normales esperaríamos un Consejo de rutina, de felicitarnos las fiestas y cuatro cosillas pendientes. Pero sospecho que puede ser la traca final, donde nos caigan unas cuantas medidas duras para acabar el año como se merece.

El 28 de diciembre lo tiene todo a su favor para triunfar: nos pilla con la guardia baja, saliendo del empacho de Nochebuena y preparando la Nochevieja, distraídos con cenas de navidad, copas con los compañeros, niños en casa, muchos desplazados fuera de su ciudad, con la prensa a medio gas y la gente con más cuerpo de fiesta que de manifestación. Ambientazo ideal para meternos la última puñalada del año, que además, al ser día de monigotes en la espalda, daría para muchas coñas, viñetas y tuits ingeniosos, que con humor se digieren mejor los disgustos.

Se oyen rumores en las últimas semanas de varias medidas que han ido merodeando por Moncloa durante todo el año sin llegar a cuajar, y que el Gobierno podría aprobar antes de cerrar el año, como gesto de buena voluntad hacia quienes de verdad mandan en esta España intervenida. Entre ellas, una nueva reforma en las pensiones, tal como ordenan Bruselas y Berlín. Lo adelantó la semana pasada Reuters, apuntando a un nuevo aumento de la edad de jubilación, endurecimiento de requisitos de acceso y menor cuantía de las prestaciones.

Con o sin pensiones, un Consejo de Ministros de traca final el 28 sería el cierre coherente para un año de duras contrarreformas y salvajes recortes que arrancó, recordémoslo, otra víspera de Nochevieja: el pasado 30 de diciembre, cuando el nuevo Gobierno nos atragantó las uvas con 8.900 millones en recortes presupuestarios, frenazos en dependencia y becas, congelación del salario mínimo y del sueldo de los funcionarios (a los que además se aumentó la jornada), y aumento del IRPF y el IBI. Y todo con la advertencia, en boca de la vicepresidenta, de que solo era “el inicio del inicio”.

Yo ya me creo cualquier cosa, y no descartaría ni que acabasen pidiendo el rescate el mismo 28 de diciembre, día en que Moncloa anuncia que Rajoy comparecerá para hacer balance del año. Tras un año amagando con el rescate, si al final van a pedirlo, ningún día mejor que el 28, para que en el futuro lo conmemoremos cada año en recuerdo de la gran inocentada nacional.

Y aun cabe una última posibilidad: que aproveche el último acto ejecutivo del año para ponerle el monigote en la espalda a los ministros más abrasados (Báñez, Gallardón, Wert, aunque este último le resulta muy útil), en esa crisis de Gobierno que se hace más probable cuanto más huelen a chamuscados los susodichos.

Por si acaso, deberíamos tener preparada una respuesta para ese día. Con o sin rescate, caiga o no reforma de pensiones o cualquier otro recorte duro ese día, sería una buena ocasión para que también nosotros despidiésemos como se merece un año en el que lo hemos pasado mal, hemos sufrido políticas antisociales y medidas represivas, sí; pero también hemos sido capaces de organizarnos, de estar en la calle, de sorprender con nuevas acciones, de sumar resistencias, de sentirnos fuertes y capaces, de derrotar el fatalismo y construir alternativas; todo lo cual permite mirar el difícil 2013 con menos desánimo.

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