Crear pánico con pinchazos y titulares

Imagen de archivo de personas en una discoteca.

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Si un ciudadano se quedase solo con los titulares de la prensa, se limitaría a conocer esto: “Tres mujeres son atendidas en el hospital Santiago por pinchazos”,  “Una menor en el Arenal y una joven en una discoteca de Dénia, últimos casos de pinchazo”, “Jóvenes en alerta ante los pinchazos en discotecas”, “Sanidad confirma tres pinchazos químicos en el Arenal Sound y eleva a siete los casos en Castellón”, “Europa suma más de 2.000 pinchazos a mujeres en discotecas”.

Pero si leyese con atención las noticias descubriría que tras las asistencias sanitarias, las denuncias, y las investigaciones, no hay resultados analíticos que muestren la inoculación de ninguna droga, no hay imágenes de ninguna persona inyectando, no hay casos de agresiones sexuales ni de robos asociados a las denuncias de pinchazos y no hay detenciones de sospechosos.

Como ya han señalado muchos especialistas, la inoculación de una droga con el objeto de provocar la pérdida de voluntad requiere, además de un pinchazo con una aguja, unos segundos para introducir al menos dos o tres centímetros cúbicos de sustancia, lo cual supone dolor y por tanto, percepción de que te están pinchando. Además el efecto no es inmediato, han de pasar varios minutos. Es decir, todo hace pensar que en la mayoría de los casos daría tiempo suficiente a pedir ayuda.

Y, por último, lo que hacen las drogas no es anular nuestra voluntad y obligarnos a obedecer órdenes, lo que provocan es la disminución del nivel de conciencia y causan amnesia. La sustancia inyectada dejaría a la víctima sin conciencia en medio de un local de fiesta y debería ser llevada semiinconsciente, delante de todo el personal, por su agresor a un sitio alejado.

¿Con esto estoy insinuando que la psicosis y angustia que están sufriendo las mujeres en los lugares de ocio, preocupadas por ser drogadas o víctimas de sumisión química con objeto de ser agredidas sexualmente, no esté justificada? Por supuesto que no, se justifica principalmente por el tratamiento periodístico que se está haciendo al fenómeno y porque existe un miedo real de las mujeres cuando salen de fiesta. Algo que aprovechan los medios, que saben bien que deben centrar sus titulares en las denuncias de chicas, y no tanto en resultados analíticos o investigaciones policiales.

Por supuesto, también puede haber imbéciles y descerebrados que utilicen el fenómeno mediático para crear el pánico entre las jóvenes mediante pinchazos con un alfiler o cualquier otro sistema. Lo cual, sin duda, no es una mera gamberrada, es un claro caso de violencia y acoso machista con el objeto de atemorizar a las mujeres o sentirse poderosos con ello. Y eso requiere denuncia, investigación y castigo, que es diferente de titulares periodísticos.

Por ello me quiero centrar en el papel de los medios y en cómo su tratamiento mediático está promoviendo las dos cuestiones citadas: la angustia de las jóvenes que están asistiendo a titulares alarmistas y el efecto de poder entre los que recurren a esos pinchazos como agresión machista. Un agresor que ha llegado a la conclusión de que, con solo entrar a una discoteca o a un festival con un alfiler y pinchar a tres chicas, mañana logrará que su acción sea titular en la prensa.

Por supuesto que existe la sumisión química con resultado de agresión sexual, pero todas las investigaciones han dejado claro que se hace mediante productos añadidos a la bebida y por personas de tu entorno o con las que has comenzado un contacto previo. Y, entre todos los casos, el más habitual, mediante el alcohol.

Reconozcámoslo, sin estos titulares no estaría sucediendo este fenómeno de psicosis por pinchazos entre las jóvenes. Va siendo hora de que alguien, desde autoridades a profesionales del periodismo y organizaciones que vigilan por la deontología de la profesión, adviertan de la responsabilidad de los medios y de cómo tienen que contar o enfocar las noticias.

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