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Un gobierno inepto “que te cagas”

Carlos Mazón en el pleno de las Corts en abril, después de su dimisión.
11 de junio de 2026 22:27 h

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El volcado del grupo de whatsapp que ha aportado a la jueza la vicepresidenta valenciana, Susana Camarero, es una metáfora de un Consell y un líder, Carlos Mazón, que estaban en modo avión el día que más y mejores decisiones había que tomar para evitar las consecuencias de una terrible dana.

Por un lado, revela que Mazón pretendió una especie de coordinación, porque daba órdenes a sus consellers, aunque todas tendentes no a hacer algo, sino a que pareciera que se estaba haciendo algo: “Vamos a inundar de datos a los medios hoy, ¿vale? Desprende sensación de estar alerta que te cagas. Y a la gente le calma, que es lo importante”. Lamentablemente, había que hacer lo contrario, poner a la gente en alerta para que pudiera autoprotegerse con datos preciosos, no abundantes.

Pero el expresident ni siquiera consiguió su objetivo de dar datos. Ruth Merino, su portavoz ese día, dedicó tres minutos contados de su comparecencia a las lluvias, que en ese momento habían ya inundado miles de kilómetros. Los datos que el propio president ofreció en su comparecencia improvisada de las 12 horas del 29 de octubre de 2024 fue escueta y errónea. Por ejemplo, minimizó irónicamente con unas cabras muertas y obvió que se había decretado la alerta hidrológica. Ese día no hubo un portavoz. El resto de consellers siguieron con sus agendas y no dieron información, más allá de la que iba apuntando Salomé Pradas en una cuenta de tuiter que tenía apenas un puñado de seguidores. A las 5 de la tarde, hora de inicio del Cecopi, llegó el apagón informativo de la Generalitat, enfangada en una reunión inoperante que no informó de nada a sus ciudadanos en las horas más peligrosas y cuando más necesarios eran los datos.

La segunda revelación del chat es que la primera corrupción no es robar dinero público, sino aceptar un puesto de responsabilidad política y, por tanto, con incidencia en la vida de los ciudadanos, sin saber desempeñarlo y sin querer desempeñarlo. O, lo que es lo mismo, dar “la sensación de estar alerta que te cagas”, aunque estés en un reservado comiendo toda la tarde sin querer saber lo que contaba la tele.

Pero ese grupo de whatsapp revela algo más. No solo fue Mazón. Sus consellers, a los que ordenó estar atentos e informar “que te cagas”, tuvieron una actitud similar a la suya. Los 'ministros' autonómicos iban enviando datos parciales e informes de cortes de carreteras, inundaciones, problemas en residencias, como quien está siguiendo un partido de fútbol y va dando los goles o las faltas, pero sin proponer o hacer nada. Por ejemplo, el conseller de Educación (hoy todopoderoso conseller de Hacienda) listó 60 colegios cerrados pasadas las 10 de la mañana en el grupo. Acto seguido, coge el coche oficial y se va a su casa, en Alicante, a pasar el día.

El conseller de carreteras, Martínez Mus (sigue en el cargo), avisa de problemas en vías e inundaciones a las seis de la tarde. Acto seguido, se va a una entrega de premios, junto a la vicepresidenta Camarero. Mazón directamente desaparece del chat por la mañana, tras dar la que será la segunda indicación directa en este grupo: “Salomé, tienes una errata en la primera línea”.

Camarero, que declaró este miércoles ante la jueza entrando por la puerta de atrás para evitar a las víctimas, tampoco queda bien parada en la foto de la gestión. Era la responsable de las residencias de mayores, donde muchos murieron si poder moverse y sin que se diera aviso desde servicios sociales a los que tenían teleasistencia de la Generalitat, que era también su responsabilidad. Su primera intervención en el grupo del “gobierno de los mejores” –que decía el expresidente de sí mismo y los suyos– es a las 20.33 h: “Yo tengo inundadas residencias de mayores sin que puedan llegar los bomberos”. Lo escribió tras asistir a una entrega de premios. Sigue siendo vicepresidenta.

Los efectos de no saber qué hacer o pensar que no hay nada que hacer lo pagaron miles de valencianos, especialmente las 230 personas que murieron y sus familiares, que aún están en el periplo judicial de saber por qué y de quién fue la responsabilidad. La verdad judicial seguirá su camino y encontrará (o no) a sus responsables civiles y penales, mientras la verdad a secas sigue dejando helados a los ciudadanos.

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