Instrucciones para inventar el amor
Conviene empezar por lo más sencillo, que es lo más peligroso: enamórese. Pero no lo haga como quien se echa una manta encima en febrero. Enamorarse no sirve para nada práctico, y precisamente por eso se hace. Si busca utilidad, cómprese una lámpara. Para inventar el amor, lo primero es elegir un día cualquiera. No busque un día importante; nada de martes heroicos ni domingos sentimentales; nada de fechas de guardar ni cumpleaños. El amor no soporta los días solemnes.
Después, elija una persona. No es necesario elegir a la más hermosa. No se apure: si lo inventa bien, tras todo el proceso, esa persona lo será. Pero no se esfuerce en encontrar la persona más hermosa porque la belleza evidente es un obstáculo. Elija, si es posible, a alguien normal, a alguien que al principio no tenga ninguna culpa de lo que le va a ocurrir. El amor se inventa entre dos inocentes para dejar de serlo. Después, siga con atención los siguientes pasos:
Procure estar distraído/a
Es indispensable. El amor entra mejor cuando uno está mirando otra cosa. No quiera enamorarse con solemnidad: el amor no sabe qué hacer con la solemnidad; se le resbalará, se reirá de usted y se evaporará ante sus ojos y tendrá que empezar otra vez. En cambio, si está ocupado en una tontería, el amor comenzará a materializarse a su lado como el que no quiere la cosa.
Permita que ocurra lo absurdo
Porque el amor es, ante todo, una irrupción de lo absurdo en la vida cotidiana. Un día, repasando la lista de la compra, se descubrirá pensando en esa persona y comenzará a sentir que el universo en su conjunto se ha desplazado unos centímetros. Ahí empieza, no lo ignore.
Acepte los síntomas
Trate de hacerlo sin perder la compostura (opcional). Se enamora uno cuando el cuerpo y la mente empiezan a traicionarle con dulzura. Cuando el estómago empieza a comportarse como un cojín vibrador o cuando la mente, que antes era un tren disciplinado, comienza a transformarse en una bicicleta sin frenos. Si usted se siente ridículo, felicidades. Todo va bien.
No se resista
Hay gente que se defiende del amor como el que combate a la fiebre. Se guarda reposo, se levantan muros y se consulta con amigos sanos. Suelen repetirse expresiones como “ya sé cómo termina esto”. No tema. Si es de verdad, nunca termina. Lo único que termina es uno. Así que no se resista, deje que el amor lo atraviese.
No intente entender qué está haciendo
El amor es un idioma que se balbucea hasta convertirlo en lengua materna. Usted va a decir cosas mal, va a interpretar silencios como tragedias y, llegado el caso, confundirá cansancio con indiferencia. Es normal. Lo anormal sería entenderlo todo a la primera.
Ahora viene lo más importante: la mirada
Mire a la otra persona como una puerta que lleva a un lugar que no existe en los mapas. No la mire como se mira a alguien deseable, eso sería vulgar. Si lo está haciendo bien, esa persona empezará a sentirse distinta. Cuando ya haya mirada, proceda a inventar el futuro.
En este punto, el amor empieza a ser verdadero, y aquí es donde está la magia: si usted ha inventado bien el amor, dejará de ser un invento.
Si todo eso ocurre y ha seguido estas instrucciones, felicidades. Y entonces, por favor, no intente desinventarlo.
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