La portada de mañana
Acceder
Dos años de mentiras pagadas a precio de oro para tumbar un Gobierno
Illa: “Es una bajeza moral que Feijóo utilice Urda para impedir la huelga"
Opinión - Stephen Miller y el cierre de filas en la secta trumpista, por Enric González

Stephen Miller y el cierre de filas en la secta trumpista

7 de noviembre de 2026 22:41 h

0

Cuando sufren dificultades, las sectas no suelen ser especialmente agresivas hacia el exterior. Lo son mucho más hacia dentro. El objetivo es impedir fugas y, en último término, la disgregación del grupo. Para ello se castiga con dureza cualquier duda o asomo de crítica interna, bajo una amenaza existencial: o la secta o la destrucción.

Un ejemplo extremo de este mecanismo lo ofrece la secta apocalíptica de Jim Jones, que comenzó como comunidad utópica y concluyó, tras años de creciente terror, en el suicidio-asesinato de 923 personas en Guyana, el 18 de noviembre de 1978. No muy distinto fue el final del nazismo, que prefirió la inmolación total de Alemania antes que la traición al Führer.

En otras circunstancias (afortunadamente y de momento), la maniobra de Donald Trump con el nombramiento como “mano derecha” de Stephen Miller se inscribe en este tipo de comportamiento sectario. Miller es el nuevo jefe de personal de la Casa Blanca, un cargo que, hasta cierto punto, puede equipararse con el de primer ministro. La misión principal de Miller consistirá en imponer un cierre de filas, por las buenas o por las malas, en un Partido Republicano que empieza a recelar del trumpismo.

Lo que dijo Trump inmediatamente después de la tremenda derrota electoral, aquello de que estaba dispuesto a negociar con los demócratas y no excederse con su capacidad de veto, se lo ha llevado ya el viento. Stephen Miller es, precisamente, la persona ideal para boicotear cualquier intento de negociación (es lo que ha hecho toda su vida) y para destruir la carrera de cualquier político o parlamentario republicano que se muestre “tibio” o “débil” (eso también lo ha hecho toda su vida).

Ideológicamente, Miller desborda a Trump por la derecha. El nacionalismo blanco (es decir, el racismo), la oposición frontal a la inmigración y el multiculturalismo, el neoliberalismo económico y el sionismo a ultranza componen su marco mental.

En lo que se refiere a las relaciones internacionales, pertenece al flanco más radical de la llamada “escuela realista”. “Vivimos en un mundo, el mundo real, que es gobernado por el poder, que es gobernado por la fuerza, y esta es la férrea ley del mundo desde el principio de los tiempos”, dijo hace meses para justificar su empeño en que Estados Unidos invadiera y ocupara Groenlandia.

Stephen Miller fue quien escribió el largo y escalofriante discurso de Trump que, el 6 de enero de 2021, precedió al asalto al Capitolio. Aquel discurso en el que decía a la multitud: “Si no combatís como locos, dejaréis de tener un país”. En el que calificaba su derrota electoral como “el mayor fraude de la historia”. En el que despreciaba a los “republicanos débiles” como su propio presidente, Mike Pence, por aceptar unos resultados “falsos”.

Otras características de Miller son la saña y la crueldad con que se emplea en los debates y su extrema habilidad en las luchas burocráticas. En este sentido, guardando las distancias, puede comparársele con Heinrich Himmler, jefe de las SS y artífice de la Shoah. Himmler carecía por completo de carisma. Como Miller, nunca habría sido capaz de ejercer el liderazgo político. Pero fue una pieza fundamental en el nazismo.

Frío, formal (siempre vestido con traje a medida desde su época de estudiante), experto en los entresijos de la Casa Blanca y el Capitolio, Miller forma parte del “círculo íntimo”: es amigo personal de Jared Kushner, el “yernísimo” de Donald Trump; de Steve Bannon, el tormentoso primer ideólogo del trumpismo; y de Pete Hegseth, el inefable “secretario de la Guerra”.

En cambio, es enemigo del secretario de Estado, Marco Rubio, desde las primarias de 2016. Miller usó todas sus malas artes para hundir la carrera electoral del entonces senador por Florida. La nueva “mano derecha” de Trump soporta mal a la gente que utiliza con frecuencia la lengua castellana, como Rubio (según Miller, los estadounidenses deben emplear solamente el inglés). Y es rotundamente partidario de proseguir la guerra contra Irán, lo que permite predecir choques frecuentes con Rubio.

Quien, por otra parte, parece dispuesto a distanciarse de Trump (lo que le situaría entre los “republicanos débiles”) para perfilarse como futuro aspirante a la presidencia.

El nombramiento de Stephen Miller garantiza que el final del mandato de Trump será cualquier cosa menos pacífico.