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Faltan razones
A propósito del interés del gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica por anexionarse Groenlandia y echando mano de la lógica aristotélica, llego a la conclusión de que los argumentos para conseguir tal objetivo no es, ni mucho menos, el de su Seguridad Nacional .
Porque, a ver, si Groenlandia es parte de Dinamarca y este país pertenece a la OTAN, lo más sensato es que esta, la OTAN, refuerce esta zona ante futuras posibles amenazas. ¿O es qué va a estar más defendida si se considera parte del territorio yanqui? Si esa es la verdadera y central razón, llego a la conclusión de que la Organización del Tratado del Atlántico Norte está de más. ¡Cuándo se ha visto que un país aliado sea amenazado por otro país amigo por muy bravucón que sea el coligado! El estrecho de Bering casi comunica el territorio ruso con el estadounidense de Alaska. Poco más de ochenta kilómetros separan ambos países por esa zona. Otra razón para descartar que la pretendida adhesión de Groenlandia a EEUU sea por motivos de Seguridad Nacional.
Detrás de todo este asunto se esconde el interés por acaparar los recursos groenlandeses. Porque, al final, todas las guerras, las invasiones, las colonizaciones... han tenido el mismo objetivo.
El imperio yanqui nos tiene acostumbrado a este tipo de actuaciones. Publicitar ante la opinión pública estadounidense sus excusas para conseguir sus metas haciendo creíbles sus argumentos.
En 1898 los norteamericanos se inventaron el hundimiento de su acorazado Maine para declararnos la guerra. La excusa fue el ataque al Maine por parte de España, que se encontraba anclado en la bahía de La Habana. En realidad el objetivo era quedarse en exclusiva con los intereses económicos de la isla. Para ello no dudó el Gabinete del entonces Presidente William McKiuley, ordenar incendiar y hundir su propia embarcación. La guerra duró apenas nueve meses y supuso el final de los restos del Imperio español. Cuba, Puerto Rico y Filipinas (en Asia) pasaron a ser administradas por EEUU.
Tras la Segunda Guerra Mundial, en plena Guerra Fría, los diferentes gobiernos norteamericanos han metido sus manos en las economías de muchos países.
Pero este texto no pretende llegar a ser, ni mucho menos, una lección de Historia. Tampoco pretendo convertirlo en un listado de intervenciones norteamericanas a lo largo de la segunda mitad del siglo XX.
Pero podemos recordar un acontecimiento más cercano en el tiempo para darse cuenta de que las excusas para invadir territorios y declarar guerras son variadas.
Para invadir Irak el pretexto era la tenencia de armas de destrucción masiva por parte del gobierno iraquí. No había armas de destrucción masiva, nunca las hubo, aunque lo sabían, pero derrocaron al dictador, y otrora amigo, Sadam Hussein, y la administración del petróleo iraquí pasó a manos de empresas norteamericanas.
De hace algunas semanas, para apropiarse con los recursos de Venezuela la excusa fue que el presidente venezolano era el dirigente de un cartel de la droga. En este caso, Donald Trump no se anduvo con tapujos. Lo explicó claramente. El objetivo era controlar el petróleo venezolano.
Volviendo al comienzo de este texto, la excusa para poseer Groenlandia no se sostiene. Aunque, la verdad, es que eso al gobierno de Donald Trump le es indiferente.
Con permiso de Unamuno, se podría decir abiertamente al mandatario estadounidense que vencerá porque tiene sobrada fuerza armamentística, pero no convencerá porque para persuadir se necesita algo que a él le falta: razón y derecho.
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