Mi odisea para la solicitud de dependencia
Tres años. Sí, tres, tardó mi madre en recibir la ayuda de dependencia en la Comunidad de Madrid. Me río yo de los trabajos del pobre Odiseo, comparado con las gestiones que, en nombre de mi madre, tuve que hacer ante varias administraciones.
Mi madre vivía en Galicia, tuvo una caída y una operación de urgencia, y nos la trajimos a Madrid, a una residencia privada. Eso fue en verano de 2023. Ahí empezaron los trámites de la ayuda a la dependencia. Y sí, se la acabaron pagando por primera vez en mayo de 2026.
Por lo que he podido constatar, las demoras injustificadas son habituales, aunque a mí me habían dicho que en Madrid la dependencia era cosa de unos cuatro meses. Y no solo eso, la falta de transparencia de los procesos, la oscuridad total para saber en qué estado se encuentra la tramitación, produce una gran inseguridad a los beneficiarios que, de vez en cuando, se ven interpelados para adjuntar aún más información a la aportada en primer lugar.
Además, un cambio de comunidad autónoma penaliza, y mucho, a los potenciales beneficiarios. En mi caso, hubo que censar a mi madre en la localidad de la residencia, un municipio alejado de la capital, como requisito previo. Eso es comprensible, pero ya fue una primera demora. Una vez iniciado el trámite ante los servicios sociales de la Comunidad de Madrid, se interrumpió el proceso pasados varios meses porque la CAM tenía que preguntar a la Xunta de Galicia si mi madre tenía algún expediente abierto allí, porque si era el caso, había que cerrarlo antes de abrirlo en Madrid. Lo sorprendente es que no se hace de oficio, como un trámite entre administraciones públicas, que sería lo lógico, ¡sino que lo tiene que hacer el beneficiario! Así que, mediante un escrito, contacté yo, de parte de la CAM y como representante legal de mi madre, con la Xunta de Galicia para que enviaran a Madrid una respuesta con el fin de seguir con el proceso.
No se lo van a creer, pero los servicios sociales de la Xunta no me contestaron, ni a mí, ni a la CAM. Pasaron meses y meses de silencio administrativo total, ni siquiera un acuse de recibo. Ante tal situación, con el expediente cerrado y bloqueado en Madrid por falta de información, denuncié esta vulneración de derechos constitucionales ante la oficina de la Defensora del Pueblo en Galicia, que aceptó el caso inmediatamente y a quien respondieron, obligados por la ley, los servicios sociales de la Xunta. ¿Qué había pasado? Respondieron que como mi madre no tenía ningún expediente abierto, no había nada que comunicar. Así de simple. Y como no había nada, no nos tenían que decir nada… Tal cual.
Con la resolución de la Defensora del Pueblo en mano volví a reiniciar el proceso en Madrid, de manera que se volvieron a retomar los trámites, que duraron otros cuantos meses, hasta que a mediados de 2025 me llamaron para comunicarme que entrevistarían a mi madre el tres de octubre para la evaluación del grado de dependencia. Yo ya comenzaba a ver la luz al final del túnel, pero no sabía entonces que aún pasarían seis meses más antes de que viniera la resolución y, al mes siguiente, la ayuda económica.
En mayo llegamos a nuestra Ítaca particular. Era el fin de nuestra odisea. Le conté a mi madre que, por fin, comenzaría a cobrar y, entonces, a finales del pasado junio, falleció…
Me ha alegrado saber que la nueva ley de dependencia intenta paliar el problema de las demoras injustificadas, de los procesos lentos que en muchos casos acaban antes con la vida de las personas beneficiarias que con los trámites de las resoluciones. Las ayudas por dependencia no son ni caridad, ni beneficencia. Es uno de los modos que tiene un Estado social moderno de asegurar la libertad de sus ciudadanos más vulnerables. Ese dinero no va a la especulación, a los casinos bursátiles, ni a los fondos de inversión; son prestaciones destinadas a mover los ciclos que activan la economía de los cuidados, que es el modo de asegurar el derecho a la dignidad personal de aquellos ciudadanos con unas necesidades que van más allá de su capacidad ordinaria.
Espero que mi experiencia sirva para ilustrar una realidad que están sufriendo miles de ciudadanos.
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