Un plan de país ilusionante
Visión cultural
La diversidad en todos los órdenes y campos de una sociedad (desde la sexualidad a la preparación intelectual y profesional, pasando por la posición social o los tipos de cargos que se pueden desempeñar, junto a la lengua materna y los apegos próximos o alejados de lo familiar y local) es la nota más característica en el conjunto poblacional, si miramos a nivel personal o individual. Sin embargo, desde el mundo simbólico, ideas y creencias, la mayoría ciudadana se agrupa siguiendo la ley de los grandes números, en torno a una serie de factores que primen, por un lado, una identidad común (el ser humano se siente más seguro, protegido y libre formando parte de un gran pueblo que de una pequeña comunidad al borde de la desaparición; y por el otro, el compartir intereses económicos.
Esta macro visión de la realidad obliga a plantearse y cuidar el tipo de EDUCACIÓN y FORMACIÓN que se va a prestar a toda la ciudadanía, si es que defendemos la Patria o Nación. Para empezar, la lengua mayoritaria o vehicular (el castellano) ¿conviene que sea obligatoria para todos los miembros?; ¿es que no existen métodos ni personal cualificado para implantar un modelo donde la población aprenda con facilidad varios idiomas; y así reducir el recelo de los nativos o la fobia de muchos contra las lenguas vernáculas?
En segundo lugar; hay que educar a toda la población buscando la manera en que cada cual desarrolle sus potencialidades, en vez del sistema actual que expulsa, aburre y desespera, no sólo al alumnado sino también a las familias (mayormente con menos recursos). Lo cual ha de implicar que el alumnado más ágil, inteligente o interesado pueda seguir su ritmo de aprendizaje sin favorecer o privilegiar a las élites dominantes; mientras que el segmento más lento o inmaduro no tenga obstáculos insuperables sino la mejor metodología para aprender a su propio ritmo. Por tanto, no se trata de acumular contenidos sino de seleccionar los adecuados con una mayor orientación hacia las actividades necesarias para la vida. En tercer lugar, la formación debe primar la vocación o interés del alumnado junto a las necesidades de la sociedad; facilitando el trasvase de unos estudios a otros por aquello de las alteraciones en los mercados.
El respeto y la tolerancia en base a los D.D. H.H. ha de guiar todos los planes educativos. Para ello, se tendrá que analizar las distintas culturas y creencias con el fin de cribar lo negativo y apoyar lo positivo, siendo una constante en el sistema educacional.
Organización del Estado
Primero, todo Estado es una ‘república’; es decir se gobierna en bien del interés general, la justicia o utilidad general, como apuntaba Aristóteles. La forma de gobierno, democrática, ha de garantizar que cada voto pese lo mismo; es decir, la circunscripción electoral debe ser única. Y si no hubiere acuerdo entre los partidos para formar gobierno, sea el más votado quien asuma la responsabilidad del mismo y las políticas a implementar sean fruto de la mayoría parlamentaria o de una mayoría simple si no hay otra alternativa, para no caer en la parálisis de gobierno; siempre de conformidad con los principios constitucionales evitando sesgos o caprichos partidistas.
Segundo, la gestión autonómica es conveniente por aquello de conocer mejor la realidad próxima o cercana; pero nunca frenando o en contradicción con los derechos humanos.
Tercero, la información veraz y los sistemas de control y participación ciudadanas, en base a la soberanía popular, deben llevarse a la práctica para menguar corruptelas y manipulaciones.
Modelo económico
Tiene su lógica que cada individuo y familia busque la manera de insertarse en el mundo laboral o económico para hacer frente a sus necesidades vitales. Pero, todo el mundo no está en las mismas circunstancias o condiciones ni los mercados son tan elásticos o amplios como para asumir toda la producción de bienes y servicios que se genere. Por tanto, planificar en cierta medida la producción, conjugando la actividad pública con la privada, de forma que los precios no se disparen libremente y los beneficios redunden en todo el Estado pues son fruto general, no un mérito exclusivo o achacable a unos pocos. Es decir, hay que implicar a toda la ciudadanía en la marcha de las empresas buscando la eficacia y la eficiencia, como se hacía en los períodos bélicos, de manera que todos puedan cubrir sus necesidades fundamentales.
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