Piedras de papel es un blog en el que un grupo de sociólogos y politólogos tratamos de dar una visión rigurosa sobre las cuestiones de actualidad. Nuestras herramientas son el análisis de datos, los hechos contrastados y los argumentos abiertos a la crítica.
¿Aceptan igual la democracia quienes ganan y quienes pierden las elecciones?
El aumento de la polarización y de opciones políticas autoritarias podría generar una brecha en el compromiso democrático entre ganadores y perdedores electorales. No obstante, datos de elecciones recientes en 30 países apuntan a una ciudadanía más comprometida con las reglas democráticas de lo que esperábamos.
Una urna de las elecciones extremeñas Javier Cintas / Europa Press
En los últimos años hemos presenciado situaciones en las que tanto los ganadores como los perdedores de algunos procesos electorales han puesto a prueba la solidez de sus democracias. Los ejemplos más claros de esto son ya tristemente conocidos: el asalto al Capitolio por parte de los seguidores de Trump tras perder las elecciones de 2020 en Estados Unidos, o el asalto a las sedes de los tres poderes tras las elecciones generales brasileñas de 2022. Por otra parte, en países como Hungría y Polonia los ganadores de las elecciones han impulsado reformas que han erosionado de manera efectiva los contrapesos institucionales. La situación de estos países parece indicar que se están generando divisiones cada vez más grandes entre ganadores y perdedores. En unos casos, los ganadores estarían más dispuestos a abusar del poder que han conseguido. En otros, los perdedores serían más proclives a cuestionar la legitimidad de sus oponentes de gobernar.
Esto nos ha llevado a estudiar hasta qué punto los resultados de las elecciones condicionan el apoyo de la ciudadanía a normas democráticas básicas. Hemos utilizado datos de encuestas realizadas después de 35 elecciones celebradas en 30 países en los últimos años. Los hemos cruzado con la información de qué partidos acabaron formando gobierno tras dichas elecciones. Y también hemos llevado a cabo dos estudios de caso más detallados: el de las elecciones de Nueva Zelanda de 2017, y el de las presidenciales de Chile de 2021. Los resultados de estos análisis [1] se publicarán próximamente en la revista Comparative Political Studies.
Sabíamos, por estudios previos [2], que cuando un partido gana las elecciones sus votantes suelen mostrarse más satisfechos con el funcionamiento de la democracia que los votantes de los partidos que perdieron. Se trata de una reacción hasta cierto punto natural. Pero más allá de esta satisfacción momentánea, queríamos saber si ganar o perder también afecta al compromiso con normas democráticas fundamentales.
Los resultados de nuestros análisis nos han sorprendido positivamente. El gráfico 1 muestra el grado de satisfacción con la democracia, el apoyo a la idea de que la voluntad de la mayoría debe estar por encima de los derechos de las minorías, y el apoyo a líderes que se saltan la ley para sacar adelante sus políticas, distinguiendo entre ganadores y perdedores electorales. En primer lugar, cabe destacar que los encuestados muestran cierto rechazo a los líderes autoritarios y a vulnerar los derechos de las minorías, ya que sus respuestas se ubican por debajo del valor 3, que es el punto medio de la escala de 5 puntos que mide estas actitudes. Además, aunque encontramos que los ganadores tienden a mostrar más satisfacción con la democracia -en línea con los estudios previos-, apenas hay diferencias entre ganadores y perdedores en el apoyo a normas democráticas.
Gráfico 1. Diferencias entre ganadores y perdedores en satisfacción con la democracia y apoyo a normas democráticas
Además, también hemos considerado hasta qué punto la polarización afectiva – un fenómeno cada vez más presente en multitud de países, incluido el nuestro [3] - juega un papel en todo este proceso. Este concepto hace referencia al grado en que los votantes de un partido sienten simpatía o rechazo por votantes de otros partidos. Nuestra hipótesis era que una mayor polarización afectiva conduciría a una diferencia más grande entre ganadores y perdedores en lo que respecta a su apoyo a normas democráticas. De manera similar a como ocurre a veces en el mundo deportivo: aunque perder no sienta bien nunca, no es lo mismo perder contra un rival por el cual sientes cierta simpatía que perder contra el eterno rival. En este último caso, algunos aficionados pueden llegar a justificar prácticas dudosas con tal de ganar a toda cosa.
Sin embargo, tampoco vemos que la brecha en el apoyo a normas democráticas se agrande para los individuos altamente polarizados. En el gráfico 2 podemos observar cómo la satisfacción con la democracia y el apoyo a las normas democráticas varía para ganadores (en negro) y perdedores (en azul) en función de si están más o menos polarizados (eje X). Mientras que la brecha en satisfacción se agranda conforme los encuestados están más polarizados, la brecha en actitudes democráticas se mantiene constante, cosa que tampoco esperábamos.
Gráfico 2. Satisfacción con la democracia y apoyo a normas democráticas para ganadores y perdedores según su nivel de polarización afectiva
Estos resultados se repiten en los dos estudios de caso incluidos en nuestro artículo. Tanto en Nueva Zelanda como en Chile los cambios de gobierno influyeron en la satisfacción con la democracia y la confianza en el gobierno de los votantes, pero no afectaron de manera sustancial su compromiso democrático. Todo ello nos lleva a una conclusión optimista: los ciudadanos de las democracias, en general, mantienen su compromiso con los valores democráticos, que resiste las idas y venidas de los ciclos electorales. Los resultados de una elección pueden generar alegría, frustración o indignación, pero la mayoría de los ciudadanos sigue pensando que hay que respetar las reglas y que el poder debe tener límites.
Sin embargo, esto no significa que podamos bajar la guardia. En algunos casos, como los mencionados al principio de este artículo, todo parece indicar que hay diferencias significativas en el compromiso democrático de ganadores y perdedores. Pero nuestros análisis sugieren que esto no sucede de manera generalizada en los países analizados y que, cuando ocurre, no se debe a los resultados de las elecciones sino, probablemente, a que los votantes de los partidos que pusieron en cuestión los resultados electorales ya tenían un compromiso democrático más débil independientemente del resultado (lo cual va en la línea de análisis como este [4]). Además, también hay que tener en cuenta que pequeñas diferencias en el apoyo a estos principios fundamentales de la democracia pueden tener consecuencias importantes si se acumulan con el tiempo o si se alimentan con discursos que cuestionan la legitimidad de las instituciones. Por ello, es fundamental seguir analizando cómo evolucionan estas actitudes y entender bajo qué condiciones pueden cambiar.