¿Debilitan los robots a los sindicatos? Depende de dónde
La Unión Europea y España están invirtiendo fuertemente en robótica e inteligencia artificial (IA) para no quedarse atrás frente a Estados Unidos (EE. UU.) y China. Pero ¿qué consecuencias tiene ello para la organización colectiva de los trabajadores? A lo largo de nuestra historia reciente, los sindicatos han sido una herramienta clave para repartir los frutos del crecimiento económico, un contrapeso frente a las élites económicas y un baluarte contra la dictadura. El número de robots en las fábricas de todo el mundo se ha duplicado en la última década. La irrupción de la IA ha ampliado el uso potencial de los robots más allá de las fábricas, por ejemplo, en almacenes, residencias de mayores, explotaciones agrícolas o el sector del transporte.
Los robots impulsan el crecimiento económico. Aumentan la productividad de los trabajadores y pueden contribuir a crear nuevos empleos. Realizan tareas arduas y peligrosas. Al mismo tiempo, la investigación del premio Nobel de economía Daron Acemoglu muestra con datos de EE. UU. que la robotización ha provocado un descenso del empleo industrial, base histórica de una prosperidad compartida. Muchos trabajadores temen que los robots puedan desplazar empleos sindicalizados. La mera amenaza de una automatización puede socavar la negociación colectiva entre sindicatos y empresas. De hecho, algunos estudios muestran que la robotización tiende a reducir la afiliación sindical en Europa y EE. UU. Pero ¿es esto inevitable?
Más allá de los efectos promedio
En un estudio reciente, analizamos el efecto de la robotización sobre los sindicatos en EE. UU. A diferencia de la literatura existente, nuestro objetivo no es ofrecer una única estimación promedio del impacto de la robotización. Queremos conocer la distribución de los efectos en las distintas regiones del país.
Trabajamos con base de datos desagregados en 667 mercados laborales regionales de Estados Unidos entre 2000 y 2007, antes el auge de la IA. Nuestra muestra incluye indicadores de afiliación sindical, el crecimiento en el uso de robots industriales y muchas otras características, como educación, composición étnica, inmigración, estructura industrial o exposición al comercio internacional. A partir de estos datos, estimamos un modelo estadístico para establecer cómo afecta el crecimiento de los robots al declive o al aumento de la afiliación sindical, permitiendo que el efecto varíe entre mercados laborales.
Estudiar el efecto causal de los robots sobre los sindicatos no es sencillo: los mismos factores que atraen robots a una región pueden debilitar de forma independiente a los sindicatos de esa misma región. Para separar causa y efecto, utilizamos una técnica conocida como variables instrumentales. La idea básica es centrarse únicamente en aquel crecimiento de robots que se ve impulsado por innovaciones tecnológicas en la industria robótica que son comunes a varios países —por ejemplo, avances en brazos robóticos que abaratan su uso en la industria del automóvil en todo el mundo— y no por las condiciones específicas de cada mercado laboral local. Además, empleamos técnicas estadísticas recientes que nos permiten estimar no solo el efecto promedio, sino también cómo varía a lo largo del rango de regiones.
Los efectos de la robotización varían entre regiones
Nuestros resultados indican que la robotización no tiene un efecto uniforme sobre la fuerza de los sindicatos. El gráfico, que sigue a continuación, resume nuestros resultados. La línea de puntos fina en el panel grande muestra el efecto promedio estimado mediante variables instrumentales. El efecto estimado es negativo, en línea con investigaciones anteriores, e implica que un aumento sustancial de la exposición a la robotización reduce la afiliación sindical en aproximadamente 3,6 puntos porcentuales.
Pero el efecto promedio oculta una variación considerable. La gruesa línea azul muestra la distribución de los efectos. Cada punto de la línea azul representa el efecto estimado para un tipo distinto de región. Las regiones están ordenadas según su potencial de crecimiento sindical, para un nivel dado de exposición a la robotización. En la parte izquierda del gráfico, el efecto de la exposición a robots sobre la afiliación sindical regional es positivo. En el percentil 10, un aumento de la exposición a la robotización incrementa la afiliación sindical en unos 2,6 puntos porcentuales. Este resultado se obtiene comparando regiones con la misma trayectoria de crecimiento sindical pero diferente exposición a la robotización. En el centro de la distribución, el efecto es negativo y cercano al promedio antes mencionado. A la derecha, en el percentil 90, el efecto negativo es casi el doble de fuerte. El segundo panel muestra que los resultados no cambian al excluir el sector automovilístico, líder en la adopción de robots. El tercer panel controla por perturbaciones económicas asociadas a la globalización. En el estudio presentamos varias pruebas adicionales. Todas arrojan las mismas conclusiones.
Nuestros resultados ponen de manifiesto que el impacto de la robotización sobre los sindicatos no está escrito de antemano. Aunque a menudo reduce la afiliación sindical, también puede impulsarla. Creemos que la teoría de la negociación permite entender mejor estos resultados. Los robots industriales son inversiones costosas. En determinadas condiciones, reducen el poder de negociación de la empresa frente a los sindicatos. Una razón directa es que trasladar robots industriales conlleva un coste. Otra menos evidente es que las ganancias de productividad derivadas de los robots y de otra maquinaria automatizada dependen a menudo de trabajadores cualificados y servicios proporcionados por otras empresas locales. En consecuencia, cuando a las empresas les resulta más difícil trasladarse, los trabajadores tienen más poder de negociación.
¿Qué lecciones sacamos de cara al debate sobre la automatización?
Nuestro estudio se basa en datos de EE. UU. y en métodos observacionales, no experimentales, por lo que es necesaria cierta cautela. Y EE. UU. no es España, donde la cobertura de la negociación colectiva es más amplia y los convenios sectoriales desempeñan un mayor papel. Pero la idea fundamental se aplica también aquí: la automatización reconfigura el poder de negociación. Si los robots hacen difícil que las empresas amenacen de forma creíble con deslocalizar la producción, los trabajadores pueden encontrarse en una posición negociadora más fuerte. El debate sobre la automatización tiende a asumir una única dirección: las máquinas sustituyen a los trabajadores, los sindicatos pierden peso, la desigualdad aumenta. Nuestros resultados sugieren un escenario más complejo. La pregunta clave es en qué condiciones las inversiones en tecnología se traducen en una mayor voz de los trabajadores y en una menor desigualdad de poder de negociación laboral. En EE. UU., la respuesta varía drásticamente entre regiones. En España y Europa, donde las instituciones de negociación colectiva son más fuertes y la ola de IA industrial apenas está comenzando, esa pregunta sigue abierta.
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