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¿Qué quieren los europeos en el Brexit?

En la negociación sobre el Brexit, la Unión Europea se enfrenta a un dilema entre acomodar algunas de las demandas del Reino Unido, lo cual puede servir para asegurar ciertos beneficios mutuos de la relación angloeuropea, y el objetivo de castigar al Reino Unido para evitar el contagio anti-UE a otros países

En una encuesta que realizamos el pasado diciembre, comprobamos que la opinión pública alemana y española es favorable a una posición dura frente al Brexit

Dentro de las posiciones duras, los españoles muestran una posición más inflexible en las negociaciones que los alemanes, así como los ciudadanos más europeístas, estando dispuestos a no acomodar las demandas británicas en áreas en las que se podrían mantener beneficios mutuos de un acuerdo cooperativo

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May defiende un acuerdo de seguridad post-brexit entre Reino Unido y la UE

May defiende un acuerdo de seguridad post-brexit entre Reino Unido y la UE EFE

Desde que en junio de 2016 el Reino Unido votase a favor de salir de la UE, el llamado Brexit se ha convertido en el mayor reto político tanto de los británicos, como de la Unión Europea. En el seguimiento de esta cuestión, tendemos a prestar mucha atención a las idas y venidas del lado británico. Es evidente que la gestión del Brexit está teniendo un gran impacto en la estabilidad del Gobierno y del Partido Conservador, proponiendo, en ocasiones, un guión casi perfecto para una comedia de enredo que reedite el clásico “Yes, Minister”. En cambio, la posición europea, menos propensa a los titulares, es de más interés. Por un lado, son el actor fuerte en esta negociación. El resultado final del Brexit se parecerá más a lo que Europa quiera que a los que los británicos quieran conseguir. Por otro lado, la Unión Europea se enfrenta a lo que podemos definir como un dilema entre acomodar y no acomodar. Para la Unión Europea acceder a algunas de las demandas británicas supone beneficios a corto plazo. Mantener la cooperación en áreas que son mutuamente beneficiosas, como el comercio, podría ser uno de los objetivos. En cambio, este objetivo puede ser contradictorio con el segundo objetivo de castigar al Reino Unido con un acuerdo sobre el Brexit que sea ejemplarizante para evitar el contagio a otros países.

En la definición de este dilema, la postura europea de momento está siendo gestionada por la Comisión, con Michel Barnier como el jefe de las negociaciones. No obstante, dado que varios países europeos están en riesgo de contagio del Brexit y que, además existen distintos intereses económicos por mantener una relación privilegiada con el Reino Unido, cabe pensar que la posición de la Unión Europea habrá de ser también reflejo de las posturas de los distintos Gobiernos de la UE que, a su vez, responderán a su opinión publica. Esto nos plantea la pregunta de cómo percibe la ciudadanía europea el dilema del Brexit. En otras palabras, ¿qué quieren los europeos del Brexit y qué acuerdos serán más aceptables?

Para estudiar estas cuestiones, el pasado diciembre, mientras las negociaciones sobre la primera fase del Brexit estaban en su momento álgido, las profesoras  Sandra León (Universidad de York),  Stefanie Walter (Universidad de Zurich) y yo mismo realizamos una encuesta experimental en dos muestras representativas a nivel nacional en Alemania y España de 1.500 personas cada una. Mi intención es presentar aquí alguno de los primeros resultados preliminares.

En la encuesta, además de preguntar sobre varias cuestiones más generales relacionadas tanto con la Unión Europea como con la negociación del Brexit, sometimos a los encuestados a los que se conoce como un “experimento conjoint” para estudiar qué aspectos son los que los españoles y alemanes valoran como más relevantes a la hora de negociar con los británicos un acuerdo sobre el Brexit. La mecánica del experimento es sencilla. A los encuestados se les presenta dos posibles acuerdos sobre el Brexit. Cada uno de los acuerdos contiene siete dimensiones en las que, aleatoriamente,  el acuerdo puede ser más o menos acomodaticio con las demandas del Reino Unido. El encuestado ha de elegir qué acuerdo preferiría si la decisión sobre el Brexit y las condiciones que se impondrán al Reino Unido dependieran de él. Cada encuestado hace este ejercicio hasta seis veces.

Si queréis conocer más sobre este tipo de experimentos, un experimento parecido se ha realizado para conocer  las preferencias de los británicos sobre el Brexit, pero también podéis encontrar trabajos aplicados a perfiles de inmigracion, diseño de  reformas del mercado de trabajo o de los rescates en la Eurozona.

A continuación podemos ver un ejemplo de las tablas que se presentan a los encuestados.

Gráfico 1: Tabla ejemplo del experimento conjoint 

tabla brexit 1

Ejemplo de tabla presentada a los encuestados en Ignacio Jurado, Sandra León y Stefanie Walter (2018)

Como se puede comprobar, presentamos acuerdos hipotéticos sobre el Brexit sobre siete dimensiones. Pensamos que estas dimensiones se pueden englobar en dos tipos. Por un lado, están las dimensiones en las que la UE puede tener más margen para el castigo. Son dimensiones donde acomodar las demandas del Reino Unido es costoso, o al menos no beneficioso, para los intereses de la Unión Europea. Las cuatro que incluimos son probablemente las que han centrado la discusión sobre las líneas principales del acuerdo que se discutieron el año pasado: la cantidad que el Reino Unido ha de pagar por salir de la UE, los derechos de los residentes actuales de la UE en Reino Unido, la libertad de circulación y de residencia en el Reino Unido post-Brexit y el grado de vigencia de la legislación comunitaria y de las sentencias de la Corte Europea de Justicia. Por otro lado, incluimos tres dimensiones que consideramos de cooperación. Estas son áreas en las que acomodarse a las demandas del Reino Unido es mutuamente beneficioso para británicos y europeos. Incluimos tres áreas: comercio de bienes, libertad de provisión de servicios y participación en programas comunitarios. En esta última área incluimos una mención específica a la cooperación en la lucha contra el crimen dado que es una de esas áreas donde sabemos que los ciudadanos, en principio, son muy favorables a la cooperación. En la formulación de todas estas dimensiones y para facilitar la comprensión  hemos preferido términos más descriptivos y no técnicos (así, por ejemplo, hablamos de “algunas” o de “substanciales” limitaciones a la circulación de trabajadores y no entramos en la definición técnica de estas, como sería si incluyésemos mención a si se requerirían visados, etc).

Estudiando qué acuerdos sobre el Brexit los ciudadanos eligen, podemos analizar qué aspectos, en general, son los principales para la ciudadanía y, más en concreto, cómo resuelven los ciudadanos el dilema entre castigar y cooperar. El siguiente gráfico nos muestra el resultado general del impacto de las distintas categorías frente a la categoría de referencia en la probabilidad de aceptar o rechazar un acuerdo sobre el Brexit para el conjunto de la muestra de españoles y alemanes. Sin ánimo de entrar en tecnicismos, cuanto más se aleje un punto de la línea del cero hacia la derecha, más probable que un ciudadano apoye un acuerdo sobre el Brexit que contenga esa categoría. Cuanto más se aleje un punto hacia la izquierda de la línea roja del cero, más probable que un encuestado rechace un acuerdo sobre el Brexit que contenga esa categoría. 

Gráfico 2: Resultados generales. Impacto de las siete dimensiones en el apoyo/rechazo a un acuerdo sobre el Brexit

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Fuente: Datos propios, Ignacio Jurado, Sandra León y Stefanie Walter (2018). Encuesta realizada por Respondi, diciembre 2017.

En estos resultados comprobamos varias cosas. En primer lugar, los europeos adoptan una posición dura frente al Brexit, lo cual es consistente con evidencia anterior ( véase este post de una encuesta previa de Stefanie Walter). En general, hay una posición clara a favor de no ser acomodaticio con las demandas británicas. En todas las dimensiones, las posiciones menos permisivas frente al Reino Unido son las que más apoyo reciben. Esto es más evidente en aquellas dimensiones que llamamos de castigo, donde acceder a los deseos británicos supone un coste. Así, por un lado podemos ver un interés ejemplarizante, que se concreta en que la variable que, con diferencia, tiene más impacto sobre la aceptación de un acuerdo sobre el Brexit es la factura económica alta para salir de la UE. Por otro lado, también hay una clara demanda de defender los intereses de los ciudadanos europeos en el Reino Unido, tanto rechazando acuerdos que restrinjan derechos a los que ya se encuentran trabajando allí, como no apoyando acuerdos que limitan la capacidad de los europeos de circular y residir en Reino Unido en el futuro. En segundo lugar, esta inclinación a apoyar posiciones duras en el dilema entre acomodar y no acomodar también la observamos en el poco impacto que, aparentemente, tienen las dimensiones de cooperación a la hora de apoyar o rechazar un acuerdo del Brexit.

Los resultados anteriores, no obstante, ocultan las diferencias entre españoles y alemanes a la hora de abordar el Brexit. En el siguiente gráfico mostramos los resultados anteriores, diferenciando ahora si el encuestado es español o alemán. En general, comprobamos que el interés por adoptar una posición dura es compartida por ambos países. Tanto alemanes como españoles muestran un deseo de castigar al Reino Unido y no acomodar sus demandas. No obstante, es interesante comprobar que los españoles adoptan una posición más dura. Así, los españoles desean castigar más al Reino Unido, tanto apoyando facturas económicas del Brexit más altas, como mostrando más intransigencia a la hora de ceder capacidad para el Reino Unido de limitar los derechos y circulación de los ciudadanos del UE en su país. 

Gráfico 3: Diferencias entre España y Alemania (I). Impacto de las cuatro dimensiones de castigo en el apoyo/rechazo a un acuerdo sobre el Brexit

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Fuente: Datos propios, Ignacio Jurado, Sandra León y Stefanie Walter (2018). Encuesta realizada por Respondi, diciembre 2017.

Por otro lado, en aquellas dimensiones en las que se pueden establecer ganancias mutuas, los alemanes si muestran cierta predisposición a encontrar acuerdos, mientras que los españoles prefieren, de nuevo, posiciones más duras que, aunque supongan costes a corto plazo para los europeos, sin duda son más costosas para los británicos. Esto lo vemos en que los alemanes quieren acuerdos sobre el Brexit que permitan comercio sin aranceles (rechazan más los acuerdos que imponen barreras al comercio) y acuerdos que mantenga cooperación en algunas o todas las áreas, siempre que se incluyan cuestiones claramente beneficiosas como la lucha contra el crimen. Obviamente, estas diferencias entre países seguramente se explican por la naturaleza netamente exportadora de Alemania, que puede hacer a sus ciudadanos más conscientes de los beneficios de los acuerdos cooperativos, pero no descartaría otras explicaciones complementarias.

Gráfico 4: Diferencias entre España y Alemania (II). Impacto de las tres dimensiones de cooperación en el apoyo/rechazo a un acuerdo sobre el Brexit

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Fuente: Datos propios, Ignacio Jurado, Sandra León y Stefanie Walter (2018). Encuesta realizada por Respondi, diciembre 2017.

Un último aspecto que me parece interesante destacar es que, tanto en España como Alemania, los ciudadanos con posiciones más duras son aquellos que más apoyan a la UE. Medido de múltiples maneras, siempre encontramos que los euroentusiastas son más duros en la negociación del Brexit. Los ciudadanos más favorables a la UE quieren imponer una factura del Brexit alta, mientras que los contrarios a la UE aceptan que el Reino Unido salga sin costes. Esta postura más dura de los europeístas no solo se da en las que hemos llamado dimensiones de castigo (lo cual puede ser más comprensible). También comprobamos que mantienen una posición dura en aquellas dimensiones de cooperación, en las que un observador crítico podría argüir que desmontar áreas de integración entre la UE y el Reino Unido sería contrario al espíritu europeísta. Los ciudadanos más favorables a la UE, por ejemplo, están algo más a favor de imponer aranceles al comercio, de impedir la libre provisión de servicios entre la UE y Reino Unido y de no permitir a los británicos participar en los programas europeos. Esta me parece una paradoja, cuando menos, curiosa.

La riqueza de estos datos nos permitirá ahondar más en los fundamentos del Brexit en la opinión pública europea. Por ejemplo, en un segundo experimento en que damos información sobre los costes de un Brexit duro para la parte europea, comprobamos que las posiciones duras se reducen (gráfico no mostrado aquí), aunque nunca lo suficiente como para convertir a los europeos hacia un Brexit blando. Lo que sí que podemos concluir es que, en general, los resultados preliminares nos muestran una conclusión clara: los europeos se alinean claramente en posiciones duras frente al Brexit y estas son particularmente duras entre los europeístas y en nuestros encuestados españoles. Estas posiciones a favor de no conceder antes las demandas británicas se mantienen incluso a costa de sufrir costes a corto plazo, lo cual, sin duda, reforzará la posición de la Comisión de mantener una postura inflexible con el Reino Unido en el año que aún nos queda de negociación.

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