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Derecha xenófoba y nacionalista obtiene resultados históricos en Escandinavia

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La derecha ultranacionalista y xenófoba vivió un día histórico en Escandinavia con sus mejores resultados en unas elecciones europeas, encabezados por el triunfo en Dinamarca, el tercer puesto en Finlandia y los primeros mandatos en Suecia.

El resultado culmina el auge experimentado por estos movimientos en los países nórdicos desde hace más de una década, con el Partido Popular Danés como referente indiscutible para el resto.

Su triunfo en las elecciones danesas, con cerca del 27 % de los votos y cuatro de los trece escaños en disputa, es una sorpresa a medias, porque los sondeos ya colocaban desde hace meses en primer lugar a este partido, fundamental en la política danesa desde 2001.

Nunca ha superado el 14 % en unos comicios legislativos, pero su influencia ha sido enorme: ha hecho que casi todos las elecciones desde 1998 giren en torno a la inmigración y su papel como garante externo de la mayoría del gobierno liberal-conservador (2001-2011) lo convirtió en el árbitro de la política danesa.

Una férrea política de inmigración, la dureza en el tono del debate y la generalización de términos como "lo no danés", "daneses étnicos" o "inmigrantes de segunda y tercera generación" son méritos de un partido que causó una minicrisis con Bruselas en 2011 al obligar al gobierno a restablecer controles fronterizos temporales.

Recuperando ideas como ésta, atacando a los inmigrantes que hacen "turismo" para recibir ayudas sociales y con el lema "Menos UE, más Dinamarca", el Partido Popular ha captado parte del tradicional euroescepticismo danés con un discurso sencillo y directo.

Lejos quedan los tiempos en que Poul Nyrup Rasmussen, entonces primer ministro socialdemócrata, cuando sostenía que nunca sería "limpio del todo" por su xenofobia: en Dinamarca se le acepta hace mucho como un grupo político más y no se le considera de extrema derecha.

Lo mismo ocurre, por ejemplo, en Noruega con el Partido del Progreso, otra formación ultraconservadora y xenófoba que entró por primera vez en el gobierno de este país el pasado otoño.

El bajo perfil que el Partido Popular mantiene fuera de Dinamarca -quiere entrar en el grupo conservador- obedece a un intento de no ser incluido en el mismo paquete que formaciones como el Frente Nacional francés, con los que sin embargo mantiene similitudes.

Su duro discurso contra la inmigración se ha plasmado en numerosas denuncias por racismo, con los musulmanes como blanco favorito, ya sea mofándose de Mahoma con dibujos provocadores o equiparando el uso del velo con la esvástica.

Su número uno en las europeas, Morten Messerschmidt, estuvo apartado un tiempo del partido hace unos años tras denunciar un diario que durante una fiesta en un restaurante había imitado borracho el "Sieg heil" hitleriano y entonado canciones nazis.

A diferencia del Partido Popular, que se escindió en los noventa de un partido protesta, Demócratas de Suecia sí tiene raíces en un movimiento neonazi, Bevara Sverige Svenskt (Mantén a Suecia sueca).

Surgido en 1988, Demócratas de Suecia inició en la década siguiente un proceso de moderación, más acusado desde la ascensión al liderazgo del partido, en 2005, de Jimmie Åkesson, que tiene a los ultraconservadores daneses como su modelo a seguir.

Pese a sus esfuerzos, los escándalos racistas han afectado a miembros destacados de su cúpula en los últimos años y la reacción de la clase política sueca ha sido muy distinta a la de la danesa.

Su entrada hace cuatro años en el Parlamento sueco le ha servido de poco, a pesar del papel de árbitro que le otorgaban las urnas: el resto de partidos le ha hecho el vacío y la alianza del conservador Fredrik Reinfeldt ha preferido gobernar en minoría.

Varios incidentes violentos protagonizados por grupo neonazis en los últimos meses provocaron una llamada de gobierno y oposición a la unidad de todos los partidos, salvo Demócratas de Suecia, al considerarlos parte del mismo movimiento.

Más cerca del Partido Popular que de Demócratas de Suecia, la formación Verdaderos Finlandeses, opuesta a la UE, salió igualmente bien parada de las elecciones europeas, con el 12,9 % y dos escaños.

El líder de la oposición en Finlandia supo beneficiarse del descontento de parte de la población con las políticas europeas de austeridad y con los rescates financieros a países en crisis para subir tres puntos y ganar un escaño más.

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