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El PP piensa ya en la segunda vuelta de sus primarias: cómo evitar que el congreso revierta el voto de los afiliados

Cospedal, que recorre desde el sábado distintos puntos de España.

Iñigo Aduriz

Aún no se ha celebrado la votación para elegir a su presidente en la que pueden participar todos los afiliados, pero el PP está ya pensando en el siguiente paso. Según los estatutos, tras esa primera vuelta del 5 de julio serán los compromisarios del partido  –representantes de la militancia de cada territorio– los que en el congreso del 20 y 21 de ese mes tendrán la última palabra: deberán elegir entre los dos candidatos más votados. Y solo uno será proclamado nuevo líder, en sustitución de Mariano Rajoy. 

Entre los populares sigue ganando fuerza la idea de que el cónclave no puede servir para revertir la voz de los afiliados. Que el más votado de la militancia debe ser también el más respaldado por los compromisarios porque si no, la legitimidad del elegido estaría más que en cuestión al no ser el preferido de las bases pero sí de los dirigentes y compromisarios. La tesis la defendían la semana pasada abiertamente precandidatos como el responsable de Exteriores del PP José Ramón García-Hernández. Y con el comienzo de la campaña electoral se ha extendido en prácticamente todas las candidaturas.

Este lunes hablaba de ello una de las favoritas, la aún secretaria general, María Dolores de Cospedal. A su juicio, la fórmula para desactivar esa segunda vuelta solo puede llegar del acuerdo entre los dos candidatos que resulten de la primera votación, que en su opinión deberían conformar una única candidatura de unidad. “Sería bueno para el partido”, aseguraba en una entrevista en Onda Cero. Yo soy partidaria y, si es mi caso, yo lo voy a intentar“, añadía.

'Vox populi, vox dei'

También tratará de buscar esa unidad si ella queda en segundo lugar y la que sale victoriosa del voto de los afiliados es su enemiga interna Soraya Sáenz de Santamaría. Esta última no se pronunciaba expresamente sobre la propuesta lanzada por la exministra de Defensa, pero dirigentes regionales que la apoyan abiertamente no la veían con malos ojos, según explicaban a este diario. 

Quien sí está a favor de encontrar una fórmula que garantice que el voto de los afiliados se respeta en el congreso es otro de los precandidatos, el exministro de Asuntos Exteriores José Manuel García-Margallo. En su opinión deben ser los militantes los que tienen que tener “la última palabra”, a pesar del sistema de doble vuelta. “Que haya primarias para que hablen los militantes y después una especie de capítulo conciliar que pueda votar de forma distinta sería un cierre en falso”, aseguraba en Galicia, donde se dejaba fotografiar con el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo. 

Preguntado expresamente sobre la propuesta de Cospedal –conformar una candidatura única en torno al ganador de la votación del 5 de julio–, el extitular de Exteriores se mostraba a favor de estudiarla: “A mí eso me parece razonable, creo que haríamos un mal servicio si el concilio de notables anula el voto de la militancia. Vox populi, vox Dei”, sostenía. 

El ejercicio de democracia “ya está hecho”

Un sector del partido defiende, en esa misma línea, que los compromisarios que serán quienes finalmente voten al nuevo presidente en el congreso del 20 y 21 de julio, asuman una norma no escrita y se comprometan a elegir como presidente al aspirante más votado en la primera vuelta. “Sería lo mejor. El ejercicio de democracia interno ya está hecho, eso sería un ejemplo de consenso y el resultado sería mejor en términos de fortaleza y unidad”, aseguraba un importante alcalde del partido cercano a la candidatura de Pablo Casado.

Paradójicamente es este último el más reacio a comprometerse a asumir al más votado por la militancia como presidente de facto en el congreso. “Una vez que se inicia el partido tenemos que cumplir con las normas que nos hemos dado que se aprobaron en el último congreso”, aseguraba desde Sevilla. Él considera que la suya ya es una “candidatura de integración”, en la que “cabe todo el mundo”, pero explica que “la segunda vuelta se hace para algo y la segunda vuelta está para que los compromisarios decidan en el congreso a través del voto delegado lo que consideren”.

Las opciones de Casado

Crecen en el partido las voces que apuntan a que Casado podría llegar a la segunda vuelta. Esas posibilidades explicarían que el vicesecretario de Comunicación evite por ahora descartar que vaya a dar la pelea en el caso de que en la votación de la militancia se sitúe en segundo lugar. Y es que a pesar de no ser el más respaldado por los afiliados, él o quien quedara en el segundo puesto podrían garantizarse el triunfo en el cónclave y convertirse en presidentes con el apoyo, quizás, de los aspirantes que resulten eliminados en la primera vuelta. 

El número de los afiliados inscritos para votar –los militantes debían acercarse a una sede manifestando expresando su deseo de hacerlo– determinará en cualquier caso la legitimidad del proceso y dará más o menos importancia a la segunda vuelta. Si la participación es muy alta, los compromisarios tendrán complicado justificar el no respetar esa primera votación. El plazo para inscribirse finalizaba a las 14.00 de este lunes, si bien la Comisión Organizadora no ha desvelado aún cuántos son los afiliados que podrán votar, tras comprobar que todos ellos están al corriente de pago de sus cuotas. Está previsto que den el dato este martes. 

El baile de números en torno a la militancia seguía este lunes. Desde Génova llevan asegurando en las últimas horas que el partido tiene 869.535 afiliados, de los que cerca del 90% serían morosos que no pagan sus cuotas. Cospedal modificaba la cifra y aseguraba ahora que los militantes son “más de 780.000”. La dirección del partido sigue sin aclarar exactamente cuántos están al corriente de pago.

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