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CRÓNICA

Pedro Sánchez se ha 'rajoyizado', sólo le falta suscribirse al Marca

El presidente en funciones insiste en que el PP y Ciudadanos están obligados a facilitar su reelección en aras de la "estabilidad de España"

Rivera alardea de que Macron ha bendecido su política de alianzas en España y el Elíseo no tarda en desmentirle

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Rajoy y Pedro Sánchez hablan por teléfono sobre los atentados de Bruselas y acuerdan seguir en contacto

Rajoy y Sánchez en una reunión en Moncloa en 2015. Europa Press

"El planteamiento es que la gente vota para que haya un Gobierno, y ahora la única alternativa es que ese Gobierno lo lidere el PP. Aquellos que dicen que no a la investidura, ¿qué proponen? Bloqueo, nuevas elecciones, no apoyan la estabilidad de España. Es importante trasladar al PSOE su responsabilidad".

Oh, lo siento, hay un par de errores en este párrafo. Donde dice PP, debe decir PSOE y donde dice después PSOE, debe decir PP y Ciudadanos. Son las palabras de Pedro Sánchez en Bruselas. El proceso de 'marianorajoyización' del presidente en funciones avanza a buen ritmo. "La responsabilidad de PP y Ciudadanos es facilitar la investidura, no bloquear", afirmó Sánchez, convencido de que no necesita pactar con nadie para ser reelegido, sino que es responsabilidad de la oposición hacerlo posible con la abstención, que es lo mismo que le escuchamos a Rajoy hace tres años. Es decir, la oposición debe colaborar con el Gobierno para que pueda ponerse a trabajar. Sí que están despistados en la RAE, que califica así "oposición" entre sus distintas acepciones: "En los cuerpos legislativos, minoría que habitualmente impugna las actuaciones y propuestas del Gobierno".

Mira que la RAE intenta ponerse al día con las nuevas jergas de la calle. Ahora resulta que va a tener que revisar sus definiciones a causa de la creatividad lingüística de los políticos. Sobre todo, de los que quieren seguir en el poder sin verse obligados a abonar una mísera factura. Gratis total.

Sánchez tiene poco futuro en su nueva función de vendedor de frigoríficos en la Antártida. No parece preocuparle que le recuerden lo que se decía tras las elecciones de 2015 y 2016 cuando él se encontraba en la misma tesitura, sólo que en el lado de los perdedores en las urnas. En los comicios de 2016, el PP sacó al PSOE una diferencia de 52 escaños. Ahora la ventaja del PSOE sobre el principal partido de la oposición es de 57. Es difícil convencer a alguien de que esos cinco escaños cambian por completo la situación. Sánchez ha pasado del "no es no" a 'no me puedo creer que me vayan a decir que no'.

Más allá de los números, conviene prestar algo de atención a lo que dicen los políticos, a menos que pensemos que son todos unos mentirosos incurables, lo que sería un detalle de mal gusto. La formación de la Mesa del Parlamento navarro ha ocasionado una sucesión de ataques furibundos por parte de Pablo Casado y Albert Rivera. Ese ha sido otro viaje al pasado.

"Quiero mandar un mensaje claro a Pedro Sánchez: no se puede estar con Bildu, los proetarras, y al mismo tiempo pedir que se abstenga el PP. Somos completamente incompatibles", dijo Casado. "Es intolerable que un presidente del Gobierno prefiera aliarse con Batasuna y con los que han estado legitimando a los terroristas para ir en contra de los constitucionalistas, los que hemos ganado las elecciones en Navarra", clamó Rivera.

Batasuna ya no existe. El principal grupo de la izquierda abertzale se llama EH Bildu, e incluye a sectores y dirigentes que nunca estuvieron en Batasuna ni querían saber nada con ella durante la existencia de ETA (spoiler: ETA ya no existe). Lo de que "hemos ganado las elecciones en Navarra" es discutible cuando ni siquiera tienen mayoría para elegir al presidente de la Cámara. 

"Es incompatible abstenernos con un candidato que acaba de pactar con Bildu", denunció Casado. Esto es toda una noticia para Bildu, que aún está esperando una llamada de los socialistas navarros que no se producirá. Ferraz les ha prohibido hablar con ellos y la opción que les queda es negociar con Geroa Bai y otras fuerzas para plantear a Bildu ese dilema tan habitual en la política española: si no os abstenéis, gobernarán los otros. Vosotros mismos. 

De la misma forma en que el PP y Ciudadanos acusaron a Sánchez de haber pactado con los independentistas catalanes, lo que no sirvió ni para apoyar los presupuestos en la anterior legislatura, ahora esos partidos dan por hecho que ha habido otro pacto del que no tienen ninguna prueba. ¿Pruebas? ¿A quién le interesa eso en la política actual cuando puedes soltar lo que quieras en una entrevista televisiva y nadie te va a responder?

La realidad está siendo dura con Rivera. Alardeó de que El Elíseo, "que es el Gobierno de Francia" (gracias por la aclaración), le había elogiado por su política de alianzas que incluye como socio imprescindible a la extrema derecha de Vox. Por tanto, todos esos antiguos colegas de Rivera en la fundación de Ciudadanos no tienen razones para sentirse abochornados por el volantazo a la derecha si Macron no pone inconvenientes.

Nuevo error. Fuentes del Gobierno francés lo negaron en Bruselas: "El presidente (Macron) no dijo eso, ni en público ni en privado". No hubo ninguna felicitación por sus alianzas. Y por el tema de Macron, es dudoso de que Rivera pueda agitar el fantasma de Batasuna.

Está claro el poco futuro que tienen los llamamientos de Sánchez hacia su derecha. Por la izquierda, las ofertas no suenan muy atractivas. La solución a día de hoy es ofrecer a Podemos "puestos de responsabilidad" en segundos niveles de la Administración, según expresión de la vicepresidenta, Carmen Calvo, pero no en el Consejo de Ministros. 

Ser el socio menor en un gobierno de coalición es una función muy sacrificada sin poder asumir todos los beneficios de los éxitos y vulnerable ante las consecuencias de los fracasos. Hacerlo a cambio de la Secretaría de Estado de Cultura o la embajada en la OCDE sería un error político de proporciones cómicas. 

Lo único seguro es que estamos a una semana de que se cumplan dos meses desde las elecciones generales y el PSOE no ha empezado a negociar en serio la formación de un gobierno. Ha hecho muchas declaraciones, ha celebrado unas cuantas reuniones y Sánchez ha viajado un montón, pero las señales que emite son las de un gobierno que espera ser reelegido por inercia, por ausencia de otras alternativas viables. 

La arrogancia está matando a Rivera, pero Sánchez empieza a mostrar síntomas no menos graves. En Bruselas le tratan ahora a cuerpo de rey, pero no es allí donde tiene que conseguir los votos para la sesión de investidura.

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