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Zimbabue mantiene la esperanza de que su nuevo presidente cumpla sus promesas

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Zimbabue mantiene la esperanza de que su nuevo presidente cumpla sus promesas

Zimbabue mantiene la esperanza de que su nuevo presidente cumpla sus promesas

Un mes después de acceder a la presidencia de Zimbabue en sustitución de Robert Mugabe, Emmerson Mnangagwa sigue contando con la confianza de sus ciudadanos, que esperan que las promesas de aperturismo y recuperación económica del nuevo jefe de Estado se hagan realidad.

A pesar de que Mnangagwa prometiese un nuevo impulso a las relaciones con otros países -muy deterioradas en los últimos años de Mugabe-, la comunidad internacional aún mira con escepticismo a su Gobierno, al considerar que está dando prioridad a la gestión interna del partido y premiando a los militares que lo auparon al poder.

Las promesas de democracia y de lucha contra la corrupción del mandatario de 75 años todavía permanecen en el ámbito del discurso y la mayoría de medidas tomadas hasta ahora en este sentido han ido orientadas a purgar su partido de rivales políticos como la exprimera dama, Grace Mugabe, y sus aliados.

Los afectados también incluyen al exministro de Agricultura Joseph Made -que gestionaba las granjas privadas de Mugabe- y al ministro de Minas, Walter Chidhakwa.

El analista político Alex Magaisa considera que estas primeras acciones "no persuadirán a la gente de que la nueva administración se toma en serio la corrupción", sino que dan la sensación de que "todo se trata de venganza disfrazada de medidas anticorrupción".

Entre sus medidas estrella, Mnangagwa ha dado un plazo hasta febrero a los zimbabuenses más notorios para repatriar su capital.

Organizaciones como International Crisis Group apuntan a que las medidas anticorrupción y de promoción de la democracia quedarán, en términos de prioridad, por debajo de otras como la protección de los intereses del Ejército: "Sería un mal presagio para Zimbabue".

El último movimiento de Mnangagwa no le ayuda a desmarcarse de estas críticas: nombró al autor del golpe contra Mugabe, el ahora retirado general Constantino Chiwenga, número dos del partido gobernante, la Unión Nacional Africana de Zimbabue-Frente Patriótico (ZANU-PF), algo que los expertos consideran un preludio de su ascenso a la vicepresidencia del país.

El jefe de Estado llegó al poder después de que el Ejército se alzase contra el Gobierno en represalia por la destitución del propio Mnangagwa como presidente (el 6 de noviembre), forzada por la facción afín a las ambiciones de Grace Mugabe de convertirse en la sucesora de su marido en el poder.

Otros destacados miembros del Ejército, entre ellos el exjefe de las Fuerzas Aéreas, han conseguido puestos clave en el nuevo Gobierno de Mnangagwa.

Este movimiento "confirma que lo que ocurrió el 15 de noviembre fue un golpe de Estado militar", publicó en su cuenta de Twitter el exministro de Educación Jonathan Moyo antes de añadir que "el presidente Mugabe no fue expulsado para beneficiar a Zimbabue sino a Mnangagwa y a Chiwenga personalmente".

Otro de los retos a los que se enfrenta el nuevo mandatario es garantizar la libertad y transparencia de las elecciones generales previstas para 2018, que se celebrarán sobre agosto.

Mnangagwa prometió que los comicios se celebrarán de forma "libre, justa y transparente", aunque la duda se cierne sobre ellos debido a las sospechas de amaño electoral por parte de la ZANU-PF en anteriores votaciones.

El Ejecutivo tiene una nueva oportunidad para despejar las dudas después de la dimisión de la presidenta de la Comisión Electoral, Rita Makarau, acusada por la oposición y por activistas proderechos humanos de estar a favor del partido gobernante.

El principal partido de la oposición, el Movimiento por el Cambio Democrático (MDC-T), pidió a los zimbabuenses que dedicasen algo de tiempo durante las vacaciones navideñas a asegurarse de que todos sus familiares y amigos están registrados en el censo electoral.

Pese a estos retos, Mnangagwa mantiene la popularidad con la que ascendió al poder el pasado 24 de noviembre.

Incluso en la capital, Harare, un tradicional bastión opositor, el presidente cuenta con apoyo popular, incluso entre los seguidores de la oposición, ya que la gente lo percibe como el hombre que finalmente acabó con el reinado de 37 años de Mugabe (dimitió el 21 de noviembre), algo que el MDC-T jamás consiguió.

"En las elecciones votaría por la ZANU-PF. La oposición es un desastre", indicó a Efe un repartidor de comida del norte de Harare. Este punto de vista es compartido por muchos usuarios de la popular red social Facebook en el país.

Al fin y al cabo, Mnangagwa ha llevado a cabo algunos pequeños gestos que mantienen la fe de los ciudadanos: por ejemplo, dio marcha atrás en una subida del 10 % en el precio del pan llevada a cabo por el Gobierno de Mugabe y ha retirado muchos de los controles en las carreteras del país, permitiendo viajes más rápidos.

Asimismo, los zimbabuenses han podido sacar dólares estadounidenses -el país carece de moneda propia desde la crisis provocada por la hiperinflación de 2008- de los bancos por primera vez en meses.

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