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El teniente coronel Baena prende la mecha del polvorín y Melero saca el extintor

El teniente coronel Daniel Baena, en una aparición en un programa de televisión de La 1.

Iñigo Sáenz de Ugarte

El juicio del Tribunal Supremo recibió el martes al que podríamos denominar el 'paciente cero' de la investigación judicial del procés. El teniente coronel Daniel Baena, por ser el jefe de la unidad de policía judicial de la Guardia Civil en Catalunya, estuvo pluriempleado al dirigir investigaciones sucesivas ordenadas por el Juzgado número 13 de Barcelona, la Fiscalía de la Audiencia Nacional y el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya. No ya antes del referéndum del 1-O, sino incluso antes de que los partidos al mando de la Generalitat decidieran convocar esa consulta.

Todos los caminos judiciales pasaban por Baena. De ahí que las defensas estuvieran esperando su comparecencia con la toga entre los dientes. El primer día del juicio, una de las letradas avisó de que pretendían “poner en duda la credibilidad” de su testimonio. El martes era la fecha del gran duelo.

En términos pugilísticos, el combate no estuvo a la altura de las expectativas, que quizá eran demasiadas. No porque Baena o los abogados de la defensa lo hicieran mal, sino porque todas esas investigaciones policiales quedaron subsumidas en procedimientos judiciales y su valor –y las intenciones de su promotor– tiene ahora menos entidad. Sirvió para que este juicio se celebre. Otra cosa diferente es que permita un veredicto de culpabilidad sobre los delitos más graves.

El magistrado Manuel Marchena quiso dejarlo claro en una discusión con la abogada Ana Bernaloa en relación a algunos atestados policiales firmados por Baena: “Es resucitar unos atestados que no vamos a tener en cuenta. Más claro no lo puedo decir”. Lo ha comentado en otras ocasiones. Se ha comprometido a que el veredicto salga de lo que se escuche y pruebe en el juicio.

Por eso mismo, Marchena atajó los intentos de la defensa por describir a Baena como una especie de 'deux ex machina' de toda la acusación: “El teniente coronel es quien es”. No podía hacer advertencias a un juez de instrucción sobre aforamientos, por ejemplo. Se supone que un juez ya sabe de esos asuntos.

Insurrección por triplicado

Una forma de aceptar las advertencias del presidente del tribunal es examinar la declaración del teniente coronel en la sala. Ahí, Baena se mostró como lo que es: uno de los principales testigos de la acusación y por tanto alguien que endosó desde el primer momento la versión que sostienen los fiscales. Quedó patente cuando habló del “clima insurreccional” en Catalunya tres veces en los primeros minutos de su intervención, y aun hubo tiempo para una más poco después.

A la cuarta, el abogado Xavier Melero se quejó al tribunal por el persistente uso de la expresión, al no ser un hecho, sino una opinión personal. Marchena aceptó que se trataba de una valoración, y que por tanto el tribunal no la consideraría, y que ni siquiera se podía definir como un concepto jurídico. Ya sabemos que sí vale para los titulares de prensa.

El testigo traía bien acotado el alcance temporal de ese “clima insurreccional”: del 20 de septiembre al 28 de octubre de 2017. Ni un día más. Para Baena, se alcanzó la paz y las buenas maneras con la aplicación del artículo 155. El hecho de que el número de cortes de carreteras en movilizaciones favorables a la independencia –una forma de protesta que altera la seguridad y vida cotidiana de forma inevitable– fuera muy superior después del 155 es algo en lo que seguramente no ha reparado.

Como otros testigos que quieren ver condenados a las personas que están en el banquillo, Baena no ahorró comentarios de tono bélico para describir los sucesos ocurridos en Catalunya en 2017. “Aquello era literalmente un polvorín”. “Cualquier incidente pequeño podía derivar en una escalada incontenible”. Acto seguido, dijo: “Afortunadamente, no fue así”.

Baena no venía a traer nada a la sala que no estuviera en el sumario. Lo normal es que no se guarden pruebas para el día del juicio en un caso tan conocido. Lo que sí aportó es su valoración personal sobre los indicios existentes de delito (esto lo vetaría Marchena, así que podemos dejarlo en explicación personal). Por eso, era interesante saber lo que diría sobre dos documentos incautados el 20 de septiembre de 2017 en el domicilio de Josep Maria Jové, exsecretario de la Vicepresidencia del Govern y asesor muy cercano a Oriol Junqueras. No fue extraño que los considerara una prueba fundamental, lo que plantea serias dudas en el caso de uno de ellos.

El valor de Enfocats como prueba

El testigo explicó que el documento Enfocats –una copia en papel de un 'power point'– fue muy útil para sus pesquisas al aportar una estructura de todo el proceso. Sobre la agenda personal en la que Jové resumió reuniones de altos cargos del Govern y otros contactos, dijo que “fue la ratificación de nuestras investigaciones”. Lo contó así: “No se coge la agenda y se investiga, sino que la agenda ratifica lo investigado antes”.

Es cierto que Baena, tras recibir una orden de la Fiscalía de la Audiencia Nacional en noviembre de 2015 y del Juzgado número 13 de Barcelona en los primeros meses de 2017, llevaba mucho tiempo investigando. En el primer caso, sobre el Cesicat y el uso de fondos públicos en la Agencia Tributaria catalana. En el segundo, para investigar a Santi Vidal, Josep Lluís Salvadó y Carles Viver por su papel en los orígenes del procés.

También es cierto que Baena dijo que “mucha de la información recibida procedía de fuentes abiertas”, que concretó en medios de comunicación, diarios oficiales o el 'Libro Blanco de la Transición Nacional de Cataluña', presentado por la Generalitat en septiembre de 2014. Tres años antes del referéndum.

Lo que ustedes leían en los medios de comunicación es lo que Baena llevaba acumulando, bajo instrucciones de un fiscal y un juez. Se veía favorecido por la intensa actividad de los políticos de la Generalitat. “No se organiza una insurrección a bombo y platillo”, había declarado en el juicio el exconseller Raül Romeva. Baena no opina lo mismo.

Su trabajo se acercaba peligrosamente a lo que las defensas han catalogado desde hace tiempo como una “investigación prospectiva”, un concepto que casa muy mal con la Ley de Enjuiciamiento Criminal y que seguro que será utilizado en un posterior recurso ante el TEDH de Estrasburgo. Se supone que para investigar un delito hay que esperar a que se produzca. No como en 'Minority Report', donde los policías iban sobre seguro.

Esta situación un tanto peculiar llevó a Baena a afirmar que el referéndum del 1-O era un elemento clave de la presunta conspiración. Al mismo tiempo, dijo que él no había estado investigando el referéndum mucho antes de que se convocara. Decir eso sería como admitir haber incurrido en algo similar a una investigación prospectiva. Por la misma razón, repitió tres veces seguidas la misma frase como si fuera un conjuro: “A mí, el juez no me ha ordenado investigar el procés”. Eso es precisamente lo que parecía que había pasado, pero aparentemente no es cierto.

Marchena frena a la fiscal

Cuando la fiscal Consuelo Madrigal insistió con sus preguntas para que Enfocats se convirtiera en la Piedra Rosetta del procés, Marchena puso límites: “No pidamos al testigo valoraciones de documentos obtenidos en un operativo. Pedirle juicios de autoría y niveles de responsabilidad es algo que supera al testigo”. Eso reducía bastante el valor de lo dicho por Baena hasta ese momento, porque el teniente coronel había intentado hacer precisamente eso.

La fiscal intentó en varias ocasiones que Baena hiciera una retransmisión en diferido del procés, un poco como los comentarios del director en el DVD de una película. El magistrado la frenó en algunos momentos para disgusto de la fiscal. “Pues muy bien”, dijo molesta en uno de ellos mientras se pensaba la siguiente pregunta.

A una pregunta de la fiscal sobre la agenda de Jové, Baena llegó a decir que entre sus textos estaba uno que decía que “había que aumentar la conflictividad con el Estado español”, unas palabras que algunos medios han relacionado con un anticipo de la violencia que venía. Donde aparece eso de forma prácticamente literal es en Enfocats.

El problema de Enfocats es que es un documento sin firma, sello o logo que no permite conocer su autoría. Como prueba fundamental de la acusación, tiene obvias carencias. Nadie ha reconocido haberlo escrito. Los fiscales tampoco lo saben. No se ha podido preguntar a Jové por su origen, porque este ejerció su derecho a no declarar al estar imputado en el Juzgado número 13.

A preguntas del abogado Andreu Van den Eynde, Baena reconoció que no ha encontrado referencias a él en ninguna conversación telefónica grabada o en documentos incautados en otros registros. Es una edición única, casi una pieza de coleccionista. Para los fiscales, les vale con que apareciera en casa de Jové.

La forma de Baena de presentar los contenidos de la agenda de Jové permitió a las defensas desmentirle en directo. Dijo que ahí se encontraba el anuncio de la elección futura de Carme Forcadell como presidenta del Parlament. Falso, dijo su abogada, después de decir que se la había leído entera. Baena aceptó que podía estar equivocado. Ana Bernaola se quejó de que también había dicho que su defendido, Jordi Sànchez, aparecía citado en la agenda como alguien que se iba a presentar a las elecciones de 2017, lo que tampoco era cierto.

En el turno de las defensas, fue Xavier Melero el que optó por las preguntas más concretas con la intención de que resultara evidente lo que Daniel Baena no había podido descubrir. ¿Hubo detenciones antes del 1-O en ese “periodo insurreccional”? Ninguna. ¿Hay algún dato que corrobore la autenticidad de Enfocats? Lo que aparece en el Libro Blanco (un texto de 2014). ¿Detectó el pago de facturas? No. ¿No recuerda una anotación en la agenda de Jové en la que se apuntaba que Puigdemont había dicho que los Mossos debían respetar las órdenes judiciales? “No me acordaba”, respondió Baena.

Melero: “Ha destacado que las manifestaciones fueron organizadas, es decir, que no fueron espontáneas. ¿Tiene algo de extraño que las manifestaciones sean organizadas?”.

Baena: “Yo creo que todas las manifestaciones están organizadas”.

Melero: “Perfecto. Eso es lo que quería saber”.

Xavier Melero, siempre al rescate de las defensas en el último minuto. A veces, un poco antes.

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