El apoyo de Rajoy a Cifuentes no consigue zanjar el debate interno en el PP

Rajoy almorzará con todos los 'barones' del PP en Sevilla, incluida Cifuentes

Las largas colas para conseguir un taxi son un hervidero de comentarios sobre Cristina Cifuentes. Los que esperan son cargos del PP de ciudades de toda España que se enseñan las pantallas del teléfono cada vez que reciben novedades: “Mira, nueva información. No pudo aprobar porque se matriculó después”, comenta a sus compañeros de fila una concejala de una pequeña localidad de la comunidad valenciana. A las puertas del hotel sevillano en el que el PP celebra su Convención Nacional no se habla de otra cosa. Se acerca la hora de comer y el empeño matutino de Rajoy en apoyar a la presidenta madrileña parece haberse difuminado.

Frente a la preocupación general, el PP ha decidido por ahora defender a Cifuentes. Durante la inauguración de la Convención, la número dos del PP, María Dolores de Cospedal, daba la consigna: “Hay que defender lo nuestro y a los nuestros”. Cospedal no quiere entregar más cabezas y mostrar debilidad ante Ciudadanos por lo que ha exigido un cierre de filas que no ha sido un éxito entre el resto de dirigentes. En el segundo día de cónclave, Rajoy apuntalaba la consigna de su número dos: “Manifiesto el apoyo del PP a la presidenta de la Comunidad de Madrid”.

Pese a las consignas de los dos principales dirigentes de la formación conservadora, el debate se mantiene abierto: “Habrá que estar a la espera” (Soraya Saénz de Santamaría), “Vamos a ver qué es lo que dice la investigación” (Íñigo Méndez de Vigo), “Ya he hablado bastante sobre Cristina Cifuentes, no voy a seguir hablando” (Jesús Posada). 

El más rotundo a la hora de juzgar el escándalo ha sido Juan Vicente Herrera, presidente de Castilla León: “El conjunto de la sociedad y del PP lo que queremos es que se aclare esta situación (...). Si finalmente las cosas no salieran en la dirección en la que nos gustaría que salieran yo expresaría mi dolor porque yo aprecio a Cristina Cifuentes pero estamos todos obligados, ella también, a aclarar la situación”.

Los dirigentes reconocen que el escándalo se ha llevado por delante la Convención Nacional de un PP, que tendrá que buscar otro momento para empezar a preparar las elecciones municipales y autonómicas del próximo año. 

Rajoy y los suyos son conscientes de que la semana que entra será definitiva para la suerte de Cristina Cifuentes. Cospedal está en contra de permitir una situación como la que se vivió en Murcia con Pedro Antonio Sánchez y se resiste a negociar la cabeza de Cifuentes a cambio de que Rivera no active con su voto la moción de censura que han presentado los socialistas de Ángel Gabilondo.  

“Si Ciudadanos apoya la moción de censura a ver cómo explican que cambian un Gobierno apoyándose en Podemos”, afirma un dirigente en conversación con eldiario.es. En Génova son conscientes de las dudas que tiene Rivera sobre el siguiente paso a seguir en la gestión política del escándalo.

Mientras tanto, Cifuentes se ha comportado ante las cámaras como la víctima de un asunto que no tiene que ver con ella y ha conseguido que algunos de sus compañeros abracen la teoría de que solo la universidad debe ser vigilada. Entre los convencidos por la madrileña parece estar el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, que ha dejado para la hemeroteca una frase memorable: “No podemos hacer responsable al alumno del título que expide una universidad”.

Cifuentes deja la convención de su partido sin conseguir acallar la preocupación pero lo hace con la bolsa cargada de abrazos. Rajoy la abrazó ante los fotógrafos en los primeros minutos de la cumbre y Cospedal se sentó a su lado durante las mesas de debate del día siguiente. Además, cuando fue su turno para participar en una de esas mesas, el público la recibió en pie y la cubrió de aplausos mientras el senador José Manuel Barreiro la presentaba como “un referente” del Partido Popular. 

Este domingo, los populares cierran su Convención Nacional con el discurso de Mariano Rajoy. Está por ver si esta vez, vuelve a insistir en el mensaje que empuja Cospedal o da por perdida la batalla de ponerle silenciador a la preocupación interna sobre el escándalo Cifuentes. 

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