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La quijotesca cruzada de una cofrade para que las hermandades de Sevilla condenen el genocidio de Gaza

Maribel Roldán, procesionando en Sevilla con una kufiya en señal de apoyo al pueblo de Gaza por la guerra con Israel.

Carla Rivero

Sevilla —
27 de marzo de 2026 22:05 h

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Maribel Roldán enredó una kufiya a su cuello y salió a la calle. Un gesto que, por pequeño que fuera, atraía las miradas de quienes compartían con ella la procesión del traslado de las imágenes titulares de la Hermandad de Los Javieres el pasado mes de enero. Una prenda que entraña una declaración de intenciones como es la condena del genocidio del pueblo palestino a raíz del conflicto bélico contra Israel. Una guerra cuya paz, frágil, ha dejado tras de sí cientos de miles de muertos, el destrozo de hogares y una hambruna a la que apenas puede atender la cooperación internacional. Frente al horror, la sevillana pide un posicionamiento público de su propia hermandad y del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla, como espacios que reflejan e imprimen su carácter en la sociedad.

“La hermandad siempre ha sido una institución tanto religiosa como civil que ha servido para articular a la sociedad y tengo la sensación de que hay cierta parálisis que no cuestiona el orden establecido”, analiza la hermana en conversación con este medio. En pleno casco histórico de Sevilla, salta a la vista que la ciudad está en vísperas de la Semana Santa y se engalana para acoger tanto las celebraciones del culto religioso como a los miles de visitantes que tiemblan fascinados por la emoción que vibra en las calles. Desde el Domingo de Ramos hasta el Domingo de Resurrección, los cortejos superará las expectativas de años anteriores, contando con hasta 3.000 nazarenos en seis cofradías. Con tal aluvión de integrantes, reitera que el llamamiento, ya no solo sobre el conflicto en Palestina, sino en tantos otros de calado internacional, movilizaría a una ingente cantidad de personas, de una forma u otra.

“La Semana Santa ha tomado unos derroteros de espectacularización total y parece que deja tras de sí un vacío ideológico o más bien de preocupación social, cuando en otras épocas ha luchado por la situación de los colectivos más desfavorecidos”, mantiene. Entre estas causas, se encuentra la Hermandad de los Negritos, fundada en el año 1393 por el arzobispo de Sevilla con el propósito de acoger a la población negra de la ciudad, en su mayoría esclavizada, o también la Hermandad de los Panaderos, cuyo origen gremial se remonta a finales del XVI y se articuló como lugar de reunión. Incluso, los Javieres invitaron en marzo de 2002 a procesionar a los bomberos de Nueva York que participaron en las tareas de rescate de los atentados del 11-S y, así, compartieron el dolor que cambió por completo el tablero internacional a principios de este siglo.

“Abrir un debate”

No sería la primera vez que las cofradías atendieran a una causa social, germen de su propia función. Sin embargo, Roldán no recibió respuesta en ninguna de las ocasiones en las que se dirigió tanto a Los Javieres como al Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla. “Yo no voy a cambiar nada: esto es solo un intento por abrir un debate”, reflexiona, demostrando que las inquietudes que hay entre los integrantes son amplias, ya que hay diversidad de géneros, ideologías y formas de convivir con la fe o sin ella, frente a una “narrativa dominante” —que se indigna por asuntos mediáticos, como la presentación de una estampa del Sagrado Corazón de Jesús por la humorista Lalachus.

Cuando despertó el 7 de octubre de 2023 y vio los ataques de Hamás contra Israel, lo que luego desembocaría en una ataque sin cuartel, quiso visibilizar lo que ocurría a través de la movilización para “atender al más desfavorecido”, uno de los preceptos de la doctrina católica. De alguna manera, pensó que su hermandad podría ser pionera de esta incursión, como ocurrió en la década de los 80 cuando nombraron a la primera hermana mayor. Más tarde, la negativa, o más bien el silencio a sus escritos, caería como un jarro de agua fría. No duda de que la atrocidad ha removido a sus hermanos y hermanas de forma individual, pero desea que los atentados que se siguen perpetuando contra la población palestina sigan discutiéndose en la esfera pública.

Maribel Roldán, vestida con un pañuelo palestino, kufiya, en un acto de la Hermandad de Los Javieres, en Sevilla.

Esta ambigüedad no es una impresión aislada que extrae Roldán por lo vivido como hermana, sino un comportamiento cada vez más presente entre las cofradías, tal y como analiza Daniel Marín, profesor de la Universidad Pablo de Olavide. Dedicado al mundo cofrade, su más reciente artículo, publicado en Aposta. Revista de Ciencias Sociales, trata sobre el perfil que abunda en el cofradierismo, cada vez con mayor presencia femenina, menor peso juvenil y creciente incorporación de perfiles profesionales cualificados pertenecientes a las clases medias. Una observación que también se nutre del día a día, de sus paseos, actividades, incluso, de las procesiones a las que acude, como ocurrió el día en que vio a una mujer vestida con un pañuelo palestino.

Homogeneidad

“Iba con mi hija y me llamó la atención, es más, me ha sorprendido que se haya tardado tanto en que alguien lo diga”, apunta en declaraciones a este medio. Con esta escena, le surgieron varias preguntas: ¿por qué las hermandades no se pronunciaban ante la guerra o por qué las hermandades no comentan nada, en general? Una actitud contraria a los principios fundacionales que dieron lugar a estas corporaciones tal y como las conocemos y que tienen su origen en el siglo XVI y el Concilio de Trento. La función asistencial, concebida para ayudar a los más vulnerables, permaneció en su ADN hasta principios del XIX, momento en el que “emerge la función social hasta la actualidad”. Fue entonces cuando la hermandad, fruto de distintas identidades, actuaba como lugar de acogida para los desclasados, para aquellos que, sin amparo social, encontraban en ellas un refugio.

Sin embargo, el sociólogo sitúa entre las décadas de los 60 y 70 el inicio de una transformación paulatina e imparable: “Mientras que antes era normal que acogieran muchas disidencias, ahora son homogéneas. En la sociedad posmoderna, las organizaciones básicas de socialización, como son la familia, la escuela y el templo, se deshacen y la gente intenta construir nuevas identidades, donde las hermandades van a ser fundamentales”.

La lucha obrera, la consecución de los derechos democráticos, el movimiento feminista o del colectivo LGTBI son alguna de las rupturas más evidentes en una España que vivía los estertores en el franquismo. En tal periodo, las cofradías actuaban “en el atrio de los gentiles”. En la tradición judía, este sería un espacio a la entrada del templo reservada para los gentiles, es decir, los no creyentes, donde aportaban sus conocimientos al debate moral de la comunidad. Desde fuera, aunque siendo escuchados. “Las hermandades funcionan mucho desde esta posición”, opina el profesor, “ya que, si aceptas las normas doctrinales de la Iglesia, el espacio será flexible contigo, así, se fomenta una religiosidad bisagra”, como acuñó la especialista Renée de la Torre. Es decir, el fervor religioso y la práctica no están alienadas y se vive con mayor libertad la integración dentro de la organización cristiana, tanto es así que la exigencia mínima de las hermandades es tener la partida bautismal.

Pero en esta sociedad posmoderna hace aparición la “gentrificación simbólica”, apunta Marín. Es decir, las clases menos pudientes son sustituidas gradualmente por las clases medias y, señala, una característica fundamental de esta parte de la población es el extremo centrismo ideológico que las acompaña, asociado a una mayor estabilidad, o una determinada indiferencia, a veces políticas o religiosa, a las cuestiones que suceden en su entorno. “De ahí, que se eviten ciertos temas, incluso doctrinalmente polémicos, como el aborto, porque son conscientes de que hay hermanos que sí están a favor”, señala.

Influir en el tiempo a vivir

Entre las funciones que recoge el derecho canónico para las hermandades, está la promoción del culto, el ejercicio de la caridad y “animar con espíritu cristiano el orden temporal”. “Quiere decir, influir católicamente en el tiempo que te ha tocado vivir”, una afirmación para la que se muestran de perfil en las cuestiones sociales, aunque los lazos con las instituciones públicas sigan estando intactos en lo que el investigador, en base a las teorías de Isidoro Moreno, llama municipal-cofraderismo. En este caso, las cofradías optan por un seguidismo de las proclamas de su obispo, “pero selectivamente”, resalta Marín. Volviendo al ejemplo de Lalachus, se correspondió a la llamada que hizo el arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, al contrario de lo que sucedió con el apoyo expreso que hizo la Iglesia sobre la regularización extraordinaria de migrantes.

“En la medida en que las clases plebeyas se han ido arrinconando, los jóvenes que se incorporan a las hermandades reproducen el comportamiento de las clases medias que ya hay dentro, como ocurre con la estandarización de la vestimenta, y, por tanto, reproducen los discursos del núcleo”, sostiene. Una cuestión que preocupa al sociólogo debido a que, de esta forma, se rehúye del debate dentro de las hermandades, como ocurre con otros aspectos del consumo de masas, ya sea en la esfera de ocio, de las ideologías o de la atomización de las redes sociales, y que también afecta al colectivo: “Últimamente, se discute poco y se acepta la homogeneización”.

A preguntas de este medio, fuentes de la Hermandad de Los Javieres afirman que no están autorizados a sacar conclusiones o hacer declaraciones de asuntos políticos, como el relativo al de Gaza. En todo caso, dependen de la doctrina de la iglesia. Aun así, destacan su labor social, como la asistencia a madres solteras, menores sin acompañamiento, familias sin recursos o personas migrantes, “hacemos una labor social independientemente de la ideología o la raza”, señalan. Ponen de ejemplo la financiación de escuelas infantiles de verano en el barrio de Los Pajaritos o la distribución de alimentos entre aquellos que acuden a su servicio.

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