La Roda de Andalucía: entre el miedo a los aranceles de EEUU y la unión para mantener su fábrica

La calle Real, la principal arteria de este pueblo sevillano casi en el límite con Málaga.

Fermín Cabanillas

Alrededor del 5 % de los vecinos de la localidad Sevillana de la Roda de Andalucía trabajan en Agro Sevilla, la gran fábrica de aceitunas no sólo de la provincia de Sevilla, sino de toda España. Es una de las empresas en la que Estados Unidos ha puesto el punto de mira para que todo el sector de la aceituna negra a nivel nacional sufra unos aranceles medios que llegan casi al 22 %, y una de las que está viendo la posibilidad de despedirse del cliente americano, su principal receptor de mercancía.

De sus 400 trabajadores, 250 más o menos son de La Roda. De sus 5.000 habitantes prácticamente no hay nadie que no tenga un familiar o un amigo que trabaje en “la fábrica”, como llaman a Agro Sevilla algunos vecinos de este pueblo en las estribaciones de la provincia de Sevilla, a tiro de piedra de la de Málaga.

Sólo hay que andar unos minutos por la calle Real, junto a un Ayuntamiento en el que el alcalde, Fidel Romero (IU) tiene colgada una pancarta con la deuda de la Junta con el pueblo, para darse cuenta de la necesidad de que la fábrica mantenga su producción al cien por cien, y no se pierda un solo cliente en suelo estadounidense. “Nos tienen envidia, porque nuestra aceituna es mejor, y como hacemos tanta es más barata, pero es por nuestro trabajo, no por otra cosa”. Marisa es así de contundente cuando, mientras espera para comprar un cupón de la ONCE, habla de Agro Sevilla y sus aceitunas. Su testimonio es el mismo de muchos vecinos de muchos pueblos que han hecho parte de su familia a una instalación industrial como la que hay en el pueblo, por eso habla en primera persona cuando asegura que “no van a conseguir que cerremos, si es lo que quiere”.

Ella no trabaja en la fábrica, “pero sí mi cuñada, que está muy preocupada, porque ve venir problemas, pero allí todos creen que no les van a dejar tirados”.

Su testimonio lo interrumpe “Juan Manuel, bueno, no me llamó así, pero da igual”, con un periódico en la mano sobre el que señala con el dedo índice una noticia que habla de que inspectores de Estados Unidos van a ir al pueblo en los próximos días para comprobar el sistema de subvenciones y cómo se trabaja en la empresa: “estos, que vengan a verme a mí, que les voy a explicar a ellos y al rubio (Trump) cómo trabaja un pueblo entero desde la madrugada para sacar una industria adelante”.

“Nos quitaron el tren, no nos quitarán esto”

Está más que enfadado, y, curiosamente, tampoco trabaja en la fábrica, pero en La Roda no parecen dispuestos a que haya fisuras en este tema, porque “ya nos quitaron el tren, ahora no nos van a quitar esto”, mientras advierte en ese instante: “espera, que esta sí trabaja allí”. En ese momento para el caminar de una mujer de unos 35 años, que dice llamarse Juani, que asegura que “es verdad que allí -en la fábrica- a la gente le preocupa, pero nosotros tenemos que ir cada día a trabajar pensando que no va a pasar nada, que si no se vende en Estados Unidos se venderá en otro lado, pero está claro que no vamos a cerrar”.

En Agro Sevilla emplazan a este diario a la próxima semana, cuando los cargos directivos de la empresa podrán hablar tranquilamente del asunto. Localizarles es igual de complicado que en las otros dos empresas vigiladas por Estados Unidos,  Camacho y Guadalquivir, ambas en Morón de la Frontera, por lo que la patronal del sector, Asemesa, se ha convertido en portavoz de todo el sector. En las empresas se afanan por sacar su producción mientras tantean otros mercados de destino.

Algunas de las miradas de los vecinos van directamente al alcalde, Fidel Romero, un veterano de Izquierda Unida hermano de un histórico de este partido, Antonio Romero. “Ese nos va a defender, a ver lo que puede hacer”, dice de nuevo Juan Manuel, que habla con una voz recia, y enseña sus manos, llenas de callos: “si los que van a venir a vigilarnos tienen las manos así, ya veremos”.

Fidel Romero tiene acostumbrados a sus vecinos a golpes de acción, como el que hizo cuando envió a Mariano Rajoy un kit de limpieza para que librase al país de corrupción. Nada más iniciarse la crisis de la aceituna envió una moción en forma de carta a la Unión Europea recordándole a esta institución que no podía dejar solo a su pueblo. Por respuesta, le confirmaron el apoyo técnico y diplomático a la industria de la aceituna de mesa, sosteniendo Bruselas que “seguirá prestando su pleno apoyo a las autoridades españolas y a la industria española a lo largo de todo el procedimiento (…) y seguirá interviniendo a nivel técnico y político siempre que proceda”.

Con todo, la preocupación en el pueblo no es baladí. Si se cumplen las amenazas (ahora mismo son medidas cautelares), Agro Sevilla podría tener pérdidas de 700 millones de euros. El sector exporta a más de 70 países, con el norteamericano como principal cliente para sus 4.000 agricultores y una producción anual de más de 80.000 toneladas de aceitunas.

Unos números, como mínimo, para preocuparse si pasa algo que desestabilice a un sector que mira con esperanza a la vez que desconfianza la visita de los ya conocidos como “hombres de negro de Trump” para vigilarles de cerca y convencerles, en último caso, que se han equivocado al sancionarles.

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