Vecinos de Nervión se alzan contra el nuevo estadio del Sevilla por la “asfixia” al barrio y la “burla” de perder zonas verdes

La nueva cubierta es el elemento más simbólico del proyecto del nuevo estadio.

Antonio Morente

Sevilla —
14 de abril de 2026 14:53 h

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Primero se movilizaron los vecinos de Heliópolis, porque el Real Betis empezó antes la modernización del Benito Villamarín, pero ahora le toca el turno a las entidades de Nervión y con el mismo motor: el miedo a una remodelación del Ramón Sánchez Pizjuán que va a permitir que tenga actividad todos los días del año y la pérdida de espacios públicos que conllevará la operación. Desde el Ayuntamiento, el gobierno local del PP argumenta en cambio que se creará una “gran plaza revitalizada”, además de que aumentarán las plazas de aparcamiento y la propia seguridad del barrio.

El paso lo han dado las asociaciones vecinales Gran Plaza, Nervión Este y Ciudad Jardín, a las que se ha sumado la plataforma Barrios Hartos, que han reclamado la “suspensión del plan actual” al Consistorio, que ya ha acordado con el club el estudio de ordenación urbanístico. Curiosamente, la reclamación vecinal se ha conocido el mismo día que el Betis ha iniciado las obras de la primera fase de construcción, después de que en septiembre se aprobase en el pleno municipal (lo apoyaron PP, PSOE y Vox) pese a las dudas expresadas por el propio secretario municipal.

Los pasos son muy similares en uno y otro caso, ya que nacen de un punto en común: un cambio en el PGOU –validado en septiembre de 2024– para multiplicar los usos de las consideradas “instalaciones deportivas singulares” de la ciudad con más de 7.000 espectadores sentados: el Benito Villamarín, el Ramón Sánchez Pizjuán, la Cartuja y el pabellón de San Pablo. Son “proyectos de ciudad” que se convertirán en “iconos urbanos”, alega el gobierno municipal.

Los argumentos no convencieron en Heliópolis y tampoco lo están haciendo en Nervión, donde las entidades vecinales ven el proyecto como “una amenaza directa a la calidad de vida” del barrio, incluyendo la “pérdida irreversible de patrimonio público”. “Colapsa un entorno ya saturado”, a la vez que “impone un modelo de ciudad que prioriza el consumo frente al descanso y la convivencia”. La autorización municipal complementa la función deportiva con galerías comerciales, zonas de restauración y actividades paralelas todos los días del año.

“Colonizado por veladores”

Los vecinos desconfían especialmente de la anunciada “gran plaza pública peatonal y sombreada”, ya que “no existe ninguna garantía real” de que el espacio “no acabe colonizado por veladores”. “No queremos un centro comercial al aire libre, queremos barrio”, esgrimen los portavoces vecinales, que recuerdan que la zona cuenta ya con una oferta “saturada de ocio”.

Esta plaza se levantará sobre un suelo ahora municipal, 10.000 metros cuadrados en principio destinados a Servicios de Interés Público y Social. Esto obliga a una “privatización” del terreno que definen como “alarmante”, una recalificación urbanística que ven como una “burla” porque el Ayuntamiento permite al Sevilla quedarse con este solar a cambio de permutarlo por otra parcela junto a su ciudad deportiva, en la carretera de Utrera ya fuera de la ciudad.

Los vecinos temen que la plaza de nueva creación acabe "colonizada" por los veladores.

Una “deslocalización de las zonas verdes” que deja a Nervión “desprotegido ante el aumento de las temperaturas y la contaminación”. “De poco le sirve a un abuelo de Eduardo Dato que el aire sea más puro en Montequinto mientras su calle se convierte en una isla de calor”, se critica, ya que esto supone “sepultar la oportunidad de transformar esos 10.000 metros cuadrados en un pulmón real para Sevilla” y en una zona en la que no abundan precisamente los espacios verdes.

“No estamos en contra del Sevilla FC, estamos en contra de un modelo que prioriza los ingresos económicos frente a la salud”, argumentan las organizaciones vecinales, que apuntan a que “muchos socios” sevillistas que viven en la zona se oponen también al proyecto por el impacto que va a tener en su barrio. De ahí su insistencia en la suspensión del plan urbanístico, para desarrollar a cambio “un modelo que integre armónicamente a la entidad con su entorno y que no anteponga la rentabilidad económica a la habitabilidad”.

Los argumentos del Ayuntamiento

¿Y qué es lo que responde a todo esto el Ayuntamiento, que es el que autoriza al club a esta reordenación urbanística para remodelar su estadio? Pues defiende que la creación de “una gran plaza revitalizada” en la fachada que da a la avenida Eduardo Dato. Esta zona, y otras de los alrededores, se beneficiarán asimismo del vuelo de la cubierta y de las pérgolas que se instalarán para generar “amplias zonas de sombra” para ayudar a combatir el efecto de isla de calor en el barrio.

Zonas de restauración en el mismo exterior del estadio.

Asimismo, se eliminará el estacionamiento de vehículos en superficie gracias a la construcción de aparcamientos subterráneos, “liberando el espacio para el disfrute de los vecinos”. Un parking, por cierto, en el que el club cederá al Consistorio una de las plantas “para ponerla a disposición de los vecinos”.

Y más que como un problema, el gobierno local cree que los usos comerciales, de ocio y restauración previstos en las fachadas del estadio lo que hará es “dar vida a la zona diariamente”, lo que se traducirá en una “mejora de la seguridad del entorno gracias a una mayor actividad e iluminación”. Eso sí, admite que se pierde la posibilidad de hacer un pulmón verde en el terreno ahora municipal, ya que se cede al Sevilla a cambio de la misma superficie de terreno (10.380 m²) en su ciudad deportiva, “cambiando su calificación de deportivo a zona verde que pasará a ser de titularidad municipal”.

Eso no es ningún consuelo para los vecinos, como tampoco el argumento de que el proyecto no aumenta los metros cuadrados totales de construcción permitidos por el actual PGOU, sino que simplemente “redistribuye el espacio para que el estadio sea más moderno y funcional”. Por eso insisten en instar al Ayuntamiento a que “revise y deje sin efecto el acuerdo por el que pueden desaparecer 10.000 metros cuadrados de zonas verdes” en un barrio que, insisten, no requiere de “más concentración de locales comerciales que van a ocasionar más molestias y ruido a los vecinos”. “Lo que necesitamos son más y mejores espacios de esparcimiento y de convivencia”, apostillan.

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