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150 profesores rechazan el discurso “reaccionario” antipantallas y defienden en un manifiesto su uso educativo

Una adolescente realiza deberes junto a una tableta y un teléfono móvil.

Daniel Sánchez Caballero / Pau Rodríguez

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Casi 150 profesores y académicos han firmado un manifiesto para defender el uso de las tecnologías digitales con fines educativos y contra las voces que buscan un veto total de las pantallas en las aulas. Estos docentes se oponen a lo que consideran un “movimiento reaccionario en contra del uso de la tecnología de la información y la comunicación (TIC)” que critican que, de cristalizar, perjudicaría la adquisición de competencias digitales por parte del alumnado.

El Manifiesto a favor del uso de las TIC y el desarrollo de la competencia digital en las aulas insiste en que prescindir de la tecnología digital en las escuelas “constituye una posición extrema” que no responde a motivos fundamentados. La publicación del texto llega días después de que el Gobierno haya propuesto la prohibición de los móviles en los centros educativos y después de que la Comunidad de Madrid haya anunciado un sello para escuelas e institutos libres de pantallas.

La iniciativa surgió de un grupo de profesores universitarios que se dedican a la investigación sobre tecnología y educación y a ella se han sumado espontáneamente algunos maestros de Primaria y Secundaria. También está abierta a adhesiones, como la que realizó EDUTEC (la Asociación para el desarrollo de la Tecnología Educativa y de las Nuevas Tecnologías aplicadas a la educación), una organización con presencia en Europa y América Latina, el pasado noviembre.

El manifiesto entra en cuestiones concretas sobre el uso de las TIC en las aulas y defiende que se pueden emplear para un aprendizaje activo, que ofrecen contenidos multimedia que “enriquecen la experiencia” educativa o que facilitan la “personalización” de la enseñanza. Además, los firmantes recuerdan la obligatoriedad de fomentar la competencia digital –incluida en el currículum– y la importancia de cerrar la brecha digital.

También entran a desmentir desde la investigación algunos mitos relacionados con el uso del móvil, como que provoquen miopía o que afecten a las funciones cognitivas de las personas, aunque admiten ciertos efectos perniciosos relacionados con los móviles, pero no por la naturaleza del aparato, sino por un mal uso. Por ejemplo, cuando le quita horas al ocio en la calle, cuando se utiliza como si fuera un libro o porque distrae.

Y concluyen los firmantes: “Instamos a las administraciones educativas y centros escolares a valorar positivamente la integración de las TIC en las aulas, aunque siempre con base a criterios coherentes que pongan la tecnología al servicio de la educación, que se fundamenten con rigor en la nutrida investigación que existe al respecto, y que tengan en cuenta la necesidad de acompañar dicha tecnología de los cambios metodológicos que permiten desplegar su potencial”.

Este grupo de profesionales, sin otra filiación común que su respaldo al uso informado y planificado de las tecnologías diversas en la educación, llevaba trabajando en el texto desde el pasado noviembre, pero las últimas decisiones políticas tomadas a medida que subían ciertas protestas sociales ha precipitado la publicación del manifiesto, según explican algunos firmantes a elDiario.es.

El manifiesto es una reacción a las medidas antimóviles que están anunciando algunas administraciones: Educación va a proponer una prohibición de facto con excepciones; Madrid anunció la creación de un sello que acredite 'centros sin pantallas'

Porque en las últimas semanas, tras unos meses de debate público e incluso alguna iniciativa civil, se han sucedido los acontecimientos en relación al uso de los móviles por los jóvenes, especialmente en el ámbito escolar y coincidiendo con la publicación de PISA, donde España salió malparada en relación a ediciones anteriores aunque no tanto como otros países. Sin embargo, PISA, aunque no entraba directamente en el debate, sí apuntó una correlación positiva entre un uso moderado de los aparatos y un mejor rendimiento en clase.

Abrió fuego el Ministerio de Educación, que tras haber defendido pocos días antes que “no se le pueden poner puertas al campo” pasó a explicar que iba a proponer lo que es una prohibición de facto del uso de los móviles en toda la etapa obligatoria, aunque permitirá excepciones en Secundaria para usos educativos. La Comunidad de Madrid redobló la apuesta hace unos días con el anuncio de la creación de un sello voluntario que acredite “centros sin pantallas”.

“Preocupación lícita”

Muchos investigadores creen que anuncios de este tipo se realizan al calor de la presión social sin que haya evidencia que respalde la prohibición generalizada de los móviles. “Hay una preocupación lícita”, admite María del Mar Sánchez, profesora en la Universidad de Murcia, investigadora en Tecnología Educativa y una de las firmantes del documento, “el problema es que las decisiones [que se están tomando] son erróneas”, señala.

En ese contexto se enmarca el manifiesto publicado este jueves. “Sus partidarios [quienes niegan el uso de la tecnología en general en el aula con fines educativos] proponen desterrar la tecnología digital de las escuelas, sin importar los beneficios que esta puede aportar en los procesos de enseñanza y aprendizaje”, arranca el texto, que recuerda también que es obligatorio para los centros, porque así consta en la ley, “educar en el uso adecuado, eficaz y responsable de una tecnología omnipresente en la sociedad actual y de promover el desarrollo de la competencia digital de estudiantes y docentes, competencia básica en el desarrollo de la ciudadanía actual”.

Los firmantes tampoco creen que la idea sea que cualquier cosa es válida con el uso de la tecnología en los centros educativos. Admiten que “la introducción de las TIC en las escuelas debe realizarse por medio de una planificación adecuada, que tenga en cuenta los objetivos de aprendizaje y las habilidades de los alumnos en cada etapa, que contemple los cambios metodológicos oportunos y que priorice las estrategias y aquellas herramientas y aplicaciones que realmente aportarán valor añadido a los procesos de enseñanza-aprendizaje”, según se lee en el manifiesto.

“De lo que no se trata es de meter el libro de texto en el portátil”, resume la profesora María del Mar Sánchez. “Donde se ha apostado por este modelo de digitalización sí está habiendo un resultado negativo y las familias lo ven, creo que el rechazo viene desde ahí”, reflexiona. No es su propuesta.

Beneficios y mitos desmentidos

El manifiesto se divide en tres apartados, que abordan los beneficios y rebaten diferentes “mitos” relacionados con los móviles y la educación. Bajo el epígrafe 'Beneficios y usos de las TIC en las aulas', el texto recuerda las “múltiples oportunidades para un aprendizaje activo, mediante el desarrollo de propuestas didácticas que se apoyan en recursos interactivos (simuladores, laboratorios virtuales, juegos, etc.) así como en herramientas de creación” que ofrecen las tecnologías.

Destaca también que “los estudiantes con determinadas discapacidades o dificultades de aprendizaje pueden beneficiarse de herramientas y recursos que facilitan su accesibilidad a los contenidos” y señala que “existe un consenso científico general sobre las ventajas que puede ofrecer la tecnología digital a la educación. Este consenso se refleja en las revisiones sistemáticas de la literatura científica, que aglutinan y analizan el conjunto de estudios publicados, concluyendo que sus beneficios son evidentes”.

En el apartado de negación de “los presuntos efectos negativos de las pantallas en la salud de los estudiantes”, el manifiesto recuerda que no hay evidencia que relacione el uso de pantallas y miopía, cuando sí está “bien establecida la relación entre miopía y cualquier actividad prolongada que implique fijar la mirada en un punto cercano”. Esto es, estudiar en papel o en digital, sostienen los investigadores, ofrece el mismo riesgo para el desarrollo de la miopía.

Algo similar sucede con el supuesto sueño que provocan (“no está relacionado con la escuela”), rechaza que atonten (“es más frecuente encontrar estudios en que el uso de determinados videojuegos o la visualización de vídeos presentan una asociación positiva con la inteligencia”), que afecten a la memoria y/o la atención (“el uso de medios digitales no cambia las funciones cognitivas de las personas”, aunque admiten que pueden distraer, por lo que es necesaria una buena planificación) y por último desmienten que provoquen déficits lingüísticos (“la causa de los mismos no serían las pantallas, sino el hecho de reemplazar por pantallas las interacciones sociales y lingüísticas que los bebés necesitan mantener con los adultos para desarrollar el lenguaje”).

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