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Las aves que vuelan largas distancias también sufren ‘jet lag’ y se desorientan como los humanos

Una pardela de Manx en vuelo sobre el océano.

Antonio Martínez Ron

29 de octubre de 2026 20:06 h

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Como un viajero intercontinental de alta frecuencia, las pardelas pichonetas (Puffinus puffinus) recorren durante el periodo de cría distancias de más de 1.000 km mar adentro, desde las costas del Reino Unido hasta las zonas de alimentación en el Atlántico. En este viaje de ida y vuelta, las aves atraviesan varios meridianos y, según revela un equipo de investigadores, su brújula solar se desbarajusta hasta producir una pequeña desorientación y algo parecido al jet lag de los humanos.

“Nuestros resultados demuestran que los animales experimentan en la naturaleza el mismo desajuste del reloj biológico interno que nosotros durante el desfase horario”, asegura Patrick Lewin, autor principal del estudio publicado este jueves en la revista Science. Liderados por el departamento de Biología de la Universidad de Oxford, los investigadores han analizado 20 años de datos de seguimiento GPS de 1.045 pardelas, que abarcaban 3.688 viajes de búsqueda de alimento. Y lo que han visto es que, al volar de este a oeste, las aves experimentaron desfases horarios que generaban errores predecibles en su recorrido. 

Muchos animales, incluidas las aves, toman como referencia el sol para orientarse, pero cuando se desplazan rápidamente hacia el este o el oeste durante el día, sus relojes biológicos pueden desincronizarse temporalmente con la hora solar local. En el caso concreto de las pardelas pichonetas, se reproducen en islas frente a las costas occidentales del Reino Unido e Irlanda. Después, recorren regularmente cientos de kilómetros mar adentro en busca de alimento, llegando a veces a zonas de alimentación situadas a unos 1.000 km al oeste.

Al regresar a sus nidos, las aves se desplazaban rápidamente hacia el este, de vuelta hacia lugares donde el sol salió antes. Los investigadores descubrieron que las direcciones de vuelo de las aves presentaban desviaciones sistemáticas que coincidían con los efectos previstos de estos cambios horarios en su brújula solar. En este recorrido hacia el este tendían a desviarse en el sentido de las agujas del reloj de su dirección esperada, tal como se predeciría si sus relojes internos estuvieran retrasados con respecto a la hora local.

Los errores de desviación se midieron únicamente en los vuelos de regreso porque la colonia fija ofrecía una ruta recta e intencionada donde era posible calcular objetivamente el rumbo. En cambio, durante los viajes de ida y búsqueda de alimento, las aves realizaban desplazamientos zigzagueantes que no permitían evaluar cuantitativamente los errores de orientación.

Los investigadores también descubrieron que estos errores de navegación persistían incluso cuando las aves volaban a lo largo de costas visibles, donde los puntos de referencia podían servirles de guía. Esto sugiere que las aves continuaron dependiendo de su brújula solar incluso cuando disponían de otras señales de navegación, en lugar de simplemente seguir la línea de la costa. Estos errores de navegación fueron relativamente pequeños, alcanzando aproximadamente 15° en las pardelas estudiadas.

Una pardela pichoneta sobre le océano.

Dado que estas aves parecen ser capaces de reevaluar su posición y ajustar su ruta de regreso a casa continuamente, es probable que la distancia adicional recorrida sea modesta (a lo sumo de unos 5 km más en un recorrido de 1.000 km). Sin embargo, estos hallazgos podrían tener implicaciones en los vuelos de las aves primerizas que no corrigen su posición, en los que pequeños errores de orientación podrían acumularse, desplazando su destino final cientos de kilómetros.

“Es asombroso pensar que miles de millones de animales migratorios miran al sol para orientarse, confiando en relojes que funcionan silenciosamente en su interior, y que los errores en esos relojes pueden hacer que se desvíen mínimamente de su ruta”, dice Lewin. El siguiente paso es comprender cómo les afecta, adelanta. ¿Se desincronizan los comportamientos críticos? ¿Experimentan efectos secundarios fisiológicos como nosotros? ¿Y es este desajuste tan perjudicial para su salud como lo es el desfase horario para la nuestra?, se pregunta. “Quizás estas aves que viajan largas distancias con regularidad podrían ayudarnos a aprender a sobrellevar y tratar el desfase horario para evitar los efectos realmente negativos que puede tener en nuestra salud”, concluye.

Una sorpresa interesante

Airam Rodríguez, (investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC), cree que los resultados son sorprendentes e interesantes porque demuestran que lo que utilizan las pardelas para orientarse en el mar es mayoritariamente la brújula solar. “Nos estábamos planteando si utilizaban el olfato o el campo magnético, y sin embargo parece que es más fiable y útil para ellas seguirse por la brújula solar que incluso por la costa que ven, que se supone que la costa deberían de haberla visto muchas veces a lo largo de su vida”, explica a elDiario.es. “Le dan más importancia a la posición del sol que a lo que ven”.

Rodríguez subraya que esta desviación provocada por el jet lag no supone un problema real para la supervivencia de la especie en sus viajes cotidianos de alimentación. Sin embargo, considera especialmente fascinante que las aves no hayan desarrollado un mecanismo de corrección tras llevar toda su historia evolutiva realizando de forma recurrente estos trayectos durante la época de cría. A su juicio, sería interesante comprobar qué sucede en los viajes durante la noche, cuando el sol deja de ser la referencia, y en las largas migraciones norte-sur. “Muy pocas aves realizan estos vuelos en trayectorias perfectamente rectas sin salirse de su huso horario”, señala, por lo que este desfase horario “abre muchas posibilidades” para la ciencia y habría que comprobar si durante otras migraciones de más largo recorrido este mismo efecto tiene “un impacto mucho mayor”.  

Casi todo lo que sabemos procede de aves en cautividad. Trasladar estas preguntas a animales en libertad puede transformar nuestra comprensión de la migración

José Manuel de los Reyes — Experto en ecología del movimiento en animales

José Manuel de los Reyes, experto en ecología del movimiento en animales que hizo su tesis sobre las pardelas, coincide en las nuevas preguntas que abre este estudio. “Otras especies hacen viajes similares y vuelan miles de kilómetros hacia el hemisferio opuesto, por lo que el jet lag podría estar ocurriendo en diferentes momentos de su ciclo anual”, asegura. En estas especies, recuerda, el proceso de aprendizaje de sus rutas migratorias es lento, y aún muy desconocido. 

“Todo lo que les ocurre en el mar en sus primeros años de vida es sumamente difícil de estudiar”, indica el especialista. “Este artículo abre una nueva vía a entender que otra de las dificultades a las que se enfrentan en ese aprendizaje, que se parece a lo que los humanos sufren cuando hacen grandes viajes, y que en muchas aves inexpertas tal vez las lleve a desorientarse, separarse de sus congéneres y perecer”. Pero, a su juicio, lo más relevante es el potencial vínculo de dos campos de estudio hasta ahora inconexos como la cronobiología y la migración. “Hasta ahora, casi todo lo que sabemos procede de aves en cautividad”, recalca. “Trasladar estas preguntas a animales en libertad puede transformar nuestra comprensión de la migración”.

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