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Por qué la OMS quiere poner un impuesto especial a los refrescos

Las dietas ricas en azúcar pueden contribuir a la formación de caries, aumentar los niveles de triglicéridos y favorecer el desarrollo de enfermedades del corazón

Las etiquetas de los productos ofrecen información engañosa o confusa sobre los ingredientes y las proporciones de azúcares añadidos

Coca-Cola y Pepsi pagaron para tapar sus vínculos con la obesidad en EEUU

Minorías se unen a la lucha contra el veto a los refrescos gigantes en N.York

EFE

Durante las últimas semanas varios estudios han puesto de manifiesto que la industria alimentaria lleva años maniobrando para ocultar los riesgos de un consumo excesivo de azúcar. Esta misma semana, otro estudio sacaba a la luz las prácticas de los dos gigantes del mundo de los refrescos, Pepsi y Coca-Cola, que pagaron para ocultar sus vínculos con la obesidad en EEUU. Por último, la semana concluyó con una petición de la Organización Mundial de la Salud para que los gobiernos graven este tipo de bebidas como una medida para luchar contra la obesidad.

Los científicos saben desde hace décadas que un consumo demasiado grande de azúcares resulta perjudicial para la salud. Sin embargo, los consumidores no siempre disponen de toda la información sobre los productos y a menudo les resulta complicado tratar de llevar una alimentación saludable.

¿Qué es el azúcar?

En realidad no hay un solo azúcar, sino muchos tipos de azúcares, como la glucosa, la fructosa o la lactosa, por citar solo tres ejemplos. Aunque todos son hidratos de carbono, cada uno posee su propia estructura y actúan de forma diferente en nuestro cuerpo.

El azúcar de mesa, por ejemplo, es en realidad un disacárido llamado sacarosa y que está formado por una molécula de glucosa y una de fructosa. 

¿Son todos igual de perjudiciales?

Aunque cada uno de los azúcares reacciona de forma diferente con el cuerpo, un consumo excesivo de cualquiera de ellos puede tener efectos negativos en la salud. Sin embargo, no hay una recomendación diaria para los azúcares que se presentan de forma natural en los productos lácteos o la fruta.

Los que sí debemos limitar son los azúcares que se utilizan en la industria alimentaria y que se denominan azúcares añadidos o libres. La Organización Mundial de la Salud los define como todos aquellos azúcares que "los fabricantes, los cocineros o los propios consumidores añaden a los alimentos o las bebidas que se van a consumir, así como azúcares presentes de forma natural en la miel, los jarabes, y los zumos y concentrados de frutas".

¿Los azúcares añadidos son artificiales?

No. Pese a que se hace una diferenciación entre aquellos que aparecen de forma natural en la fruta y la leche y los añadidos, en realidad son la misma molécula. De hecho, el azúcar de mesa es un azúcar añadido y es de origen natural, pues generalmente se extrae de la caña de azúcar, de la remolacha o del maíz y luego es purificado y cristalizado.

¿Por qué se limitan solo los azúcares añadidos?

Si bien es cierto que las frutas o la leche contienen azúcares, hay que tener en cuenta que estos alimentos también incluyen otros tipo de nutrientes, como vitaminas, minerales y fibra. Sin embargo, muchos de los alimentos con azúcares añadidos a menudo aportan calorías sin nutrientes, lo que se conoce como calorías vacías. Al consumir este tipo de calorías debemos compensar la carencia de nutrientes con otros alimentos, con lo que podemos terminar aumentando las calorías totales y provocando sobrepeso.

¿Qué riesgos conlleva un consumo excesivo?

Aunque las pruebas científicas no son completamente concluyentes, muchos estudios indican que una dieta con exceso de azúcar puede causar obesidad en niños y adultos y aumentar el riesgo de sufrir diabetes tipo 2síndrome metabólico e hipertensión arterialAdemás, también puede contribuir a la formación de caries, aumentar los niveles de triglicéridos o favorecer el desarrollo de enfermedades del corazón.

¿Cuáles son las cantidades recomendadas?

Lo ideal son 25 gramos de azúcar al día. Desde la OMS se recomienda limitar el consumo de azúcar añadida a menos del 10% de la ingesta calórica total, tanto para adultos como para niños. Teniendo en cuenta que el consumo de calorías de una persona sana se debe situar en torno a las 2.000 calorías y que 1 gramo de azúcar equivale a 4 calorías, la recomendación de la OMS es de unos 50 gramos diarios.

Sin embargo, la organización destaca que para obtener mayores beneficios lo ideal sería reducir su consumo a menos del 5% de la ingesta calórica total, lo que equivaldría a aproximadamente 25 gramos de azúcar al día.

¿Cuánto son 25 gramos de azúcar?

Corresponde a unas 6 cucharaditas de café. Hay que tener en cuenta que una sola lata de refresco puede llegar a tener hasta 40 gramos de azúcar, lo que ya supone el 80% del consumo diario aceptable para un adulto.

¿Cómo se puede reducir la ingesta de azúcares añadidos?

Uno de los primeros pasos es limitar especialmente el consumo de bebidas azucaradas, como refrescos o zumos a base de concentrados. También es recomendable reducir los caramelos, los dulces y los alimentos procesados.

¿Dónde se mira la cantidad de azúcar de un producto?

Basta observar la etiqueta con la información nutricional. Sin embargo, uno de los principales problemas del actual etiquetado es que no se especifica la proporción de azúcares añadidos. Por ejemplo, cualquier yogur tendrá una cantidad determinada de lactosa, un tipo de azúcar que se encuentra de forma natural en la leche, pero además también puede tener otro tipo de azúcares que se le han añadido durante el procesado del producto y cuya proporción no viene especificada en la etiqueta.

Para solventar este problema podemos recurrir a la etiqueta donde vienen los ingredientes, recordando que están ordenados por cantidad, de forma que el primero es el más abundante.

Los productores utilizan muchos nombres para el azúcar, como sacarosa, glucosa, fructosa, jarabe de maíz, jarabe de arce y un largo etcétera, lo que hace aún más complicado obtener una información nutricional adecuada.

¿Existen alternativas más saludables?

Hay que tener en cuenta que muchas de las alternativas que se suelen vender como más saludables, como azúcar moreno o miel, no lo son, pues contienen las mismas cantidades de azúcares, particularmente de glucosa y fructosa.

También existe toda una gama de edulcorantes artificiales que se pueden utilizar como sustitutos de los azúcares. Aunque no existen pruebas concluyentes, varios estudios han sugerido que tanto los refrescos azucarados como los edulcorados artificialmente están asociados a una ganancia de peso. Por eso, la mejor estrategia es limitar este tipo de bebidas.

¿Qué medidas están llevando a cabo las autoridades?

Pocas o ninguna. Pese a los reiterados avisos por parte de la OMS, incluyendo la reciente recomendación de subir los impuestos sobre las bebidas azucaradas, lo cierto es que ni EEUU, ni la Unión Europea han tomado cartas en el asunto. Tampoco se han alcanzado acuerdos para mejorar y simplificar el etiquetado de los productos.

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