El cáncer podría tener un ‘arma secreta’ contra el alzhéimer: una proteína que reduce las placas es la clave
Desde hace años, médicos e investigadores han observado que las personas que sobreviven al cáncer tienen una incidencia de alzhéimer entre un 10% y un 30% menor que el resto de la población. Y este hecho no se explica solo porque el cáncer acorte la vida: usando modelos que corrigen por la mayor mortalidad, la asociación inversa persiste, lo que sugiere que hay algún factor biológico común que desconocemos.
El equipo de Youming Lu, de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong, en China, ha encontrado una pieza que puede ayudarnos a completar el puzle. En un trabajo publicado en la revista Cell, revelan que una proteína producida por células cancerosas se infiltra en el cerebro y ayuda a descomponer las placas de beta-amiloide que producen el alzhéimer en modelos de ratón.
El equipo de Lu trasplantó tres tipos diferentes de tumores humanos (pulmón, próstata y colon) a modelos de ratón de la enfermedad de Alzheimer y vieron que los ratones con cáncer no desarrollaban las placas cerebrales características de la enfermedad y tenían un mejor rendimiento en las pruebas cognitivas. Cuando analizaron las moléculas secretadas por estas células cancerosas, identificaron una proteína llamada cistatina C como la responsable de los cambios.
Modulando el sistema inmune
La cistatina C no elimina las placas directamente, sino que interviene en el sistema inmunitario para que lo haga. La proteína se une a las moléculas que forman las placas y esta interacción activa una proteína de señalización, llamada TREM2, que se encuentra en ciertas células inmunes que patrullan el cerebro. Y son esas células inmunitarias las que degradan las placas.
La ventaja de estas proteínas es que, a diferencia de los anticuerpos, sí llegarían al cerebro a través de la barrera hematoencefálica si son administrados por vía intravenosa
Aunque queda un largo camino, si se confirmara el mismo efecto en humanos, estas moléculas que pueden traspasar la barrera hematoencefálica y actuar sobre las placas podrían ser una vía para nuevas terapias. Para Javier Vitorica, catedrático de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad de Sevilla (US), lo más relevante del resultado es precisamente esto, que los autores demuestran que el sistema inmune (la microglía) se puede modular desde fuera del cerebro para que fagocite y elimine la carga de placas beta-amiloides.
“En su momento se pensó en terapias para desarrollar anticuerpos para hacer lo mismo, pero han fracasado porque ni eliminan las placas ni mejora la patología”, apunta Vitorica. “La ventaja de estas proteínas es que, a diferencia de los anticuerpos, sí llegarían al cerebro a través de la barrera hematoencefálica si son administrados por vía intravenosa”. En cualquier caso, advierte, tendrían que comprobar que la inyección de cistatina C no tiene efectos adversos que aquí no se han estudiado.
Sobre los procesos fisiológicos que llevan al cáncer a generar una proteína que destruye las placas, Vitorica recuerda que no es extraño que una célula cancerígena sea capaz de modular al sistema inmune para garantizar su progresión y esto podría ser un efecto colateral. Antonia Gutiérrez, catedrática de Biología Molecular de la Universidad de Málaga (UMA), también cree que el resultado ofrece una posible explicación biológica a la menor incidencia de alzhéimer en pacientes con cáncer y considera que el estudio aporta una importante evidencia de que el cáncer periférico puede atenuar la progresión del alzhéimer.
Creo que esto abre nuevas vías terapéuticas frente a las inmunoterapias anti-beta-amiloide recientemente aprobadas
“La investigación demuestra que ciertos tumores periféricos secretan cistatina C, una proteína capaz de reducir la acumulación de placas amiloides en el cerebro”, explica a elDiario.es. Y lo hace activando el receptor TREM2 de la microglía, que ya había emergido como un componente clave en la enfermedad de Alzheimer. “Creo que esto abre nuevas vías terapéuticas frente a las inmunoterapias anti-beta-amiloide recientemente aprobadas”, señala. “El escaso beneficio clínico de estas inmunoterapias requería la investigación de nuevas vías que, por sí solas o en combinación, ofrecieran una mayor eficacia, y esta investigación abre potenciales alternativas”.
En cualquier caso, recalca la especialista, es importante tener en cuenta que este estudio se ha realizado en ratones transgénicos, no en humanos, y la patología humana es mucho más compleja “Asimismo, es necesario evaluar si la cistatina C tiene impacto sobre otras células mieloides, incluso a nivel periférico, y descartar posibles efectos secundarios”, concluye.
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