Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

Los cuervos no necesitan seguir a los lobos de Yellowstone: usan un 'GPS mental' para ‘robarles’ la comida

Dos cuervos planean sobre una manada de lobos en Yellowstone.

Antonio Martínez Ron

1

El biólogo estadounidense Dan Stahler lleva siguiendo a los lobos del parque de Yellowstone desde su reintroducción en 1995 y siempre le llamó la atención la rapidez con la que los cuervos aparecían en escena cuando mataban a una presa. “Se los ve volando directamente sobre las manadas en movimiento o saltando muy cerca de ellos mientras cazan”, explica. Todos asumían que las aves seguían a los lobos para conseguir comida, pero hasta ahora nadie lo había comprobado: ha sido al tratar de documentarlo cuando ha saltado la sorpresa. 

Un equipo de investigadores en el que participa Stahler y liderado por John Marzluff, ha rastreado los movimientos de 69 cuervos y 20 lobos en el Parque Nacional de Yellowstone y han descubierto que los cuervos sabían dónde ir sin necesidad de seguir a los lobos. En un artículo publicado este jueves en la revista Science, los autores revelan que, en los dos años y medio de seguimiento, solo identificaron un caso claro de un cuervo siguiendo a un lobo durante más de un kilómetro o más de una hora.

“Al principio, nos quedamos perplejos”, dice Matthias Loretto, investigador del Instituto Max Planck de Comportamiento Animal y primer autor del estudio. “Una vez que nos dimos cuenta de que los cuervos no siguen a los lobos a largas distancias, no podíamos explicar por qué las aves siguen llegando tan rápido hasta sus presas abatidas”. 

Lobos y cuervos en un charco de Yellowstone.

Tras un análisis detallado de los movimientos, se hizo evidente que, en lugar de rastrear directamente a los depredadores a largas distancias, los cuervos visitaban repetidamente zonas específicas donde las cacerías de lobos eran comunes. Algunos ejemplares volaron hasta 155 kilómetros en un solo día, siguiendo rutas muy direccionales hacia lugares donde era probable que apareciera un cadáver, aunque el momento exacto del ataque es impredecible. Los cuervos no necesitaban seguir a las manadas de lobos, como hacen los delfines o las aves con los barcos de pesca, sino que conocían la ubicación más frecuente de las cacerías, como si dispusieran de una especie de “GPS mental”.

En general, las matanzas de lobos se concentran en zonas características, como los valles llanos, y los cuervos eran mucho más propensos a visitar estas zonas, lo que sugiere que aprenden y recuerdan el “paisaje de recursos”. Después, se limitan a dar vueltas al circuito, como conductores de taxi que conocen la ubicación de las estaciones o los aeropuertos donde van a encontrar más clientes. El “GPS mental” les sirve para llegar a la zona general (a decenas o cientos de kilómetros), pero, una vez allí, los investigadores asumen que los cuervos sí utilizan pistas a corta distancia para encontrar el cadáver exacto, como monitorear visualmente a la manada o escuchar sus aullidos.

Esto cambia nuestra perspectiva sobre cómo los carroñeros encuentran alimento y sugiere que podríamos haber subestimado a algunas especies durante mucho tiempo

John Marzluff Profesor de la Universidad de Washington y líder del estudio

Para demostrar que los cuervos no van a ciegas a cualquier cacería, los autores del estudio también rastrearon a 11 pumas y los resultados mostraron que los cuervos apenas acechaban a estos cuando cazaban. ¿La razón? Los pumas cazan solos, en zonas de bosque escarpado y esconden o entierran a sus presas. Los lobos, en cambio, cazan en manada, en valles abiertos y llanos, haciendo que su “paisaje de recursos” sea mucho más predecible y visible desde el aire para los cuervos.

La fascinación por esta estrecha relación entre ambas especies no es nueva: ha estado arraigada en el pensamiento humano durante milenios. Según la mitología nórdica, el dios Odín creó a dos cuervos —Huginn y Muninn— para que viajaran por el mundo recopilando información para él, y enviaba a sus dos lobos —Geri y Freki— junto a las aves para garantizar que siempre tuvieran alimento. Esta leyenda ilustra hasta qué punto dábamos por sentada la dependencia directa y el seguimiento constante del carroñero frente al depredador, una creencia que la ciencia acaba de ilustrar con nuevos detalles.

Una mente muy flexible

“Ya sabíamos que los cuervos pueden recordar fuentes de alimento estables, como los vertederos”, dice Loretto. “Lo que nos sorprendió es que también parecen aprender en qué zonas son más comunes las matanzas de lobos. Una sola matanza es impredecible, pero con el tiempo algunas partes del paisaje son más productivas que otras, y los cuervos parecen aprovechar ese patrón”.

Un lobo y un cuervo sobre la nieve en el parque de Yellowstone.

“Nuestro estudio demuestra claramente que los cuervos son flexibles en cuanto a dónde deciden alimentarse”, asegura Marzluff, profesor de la Universidad de Washington. “No se limitan a una manada de lobos en particular. Gracias a su agudo sentido y a la memoria de lugares de alimentación pasados, pueden elegir entre numerosas oportunidades de alimentación a lo largo y ancho del mundo. Esto cambia nuestra perspectiva sobre cómo los carroñeros encuentran alimento y sugiere que podríamos haber subestimado a algunas especies durante mucho tiempo”.

Marc Bekoff, experto en carnívoros y profesor emérito de ecología y biología evolutiva de la Universidad de Colorado, Boulder, que no ha participado en el estudio, cree que es un trabajo excelente que demuestra claramente que los cuervos poseen una memoria espacial y habilidades de navegación altamente desarrolladas. “Los datos detallados respaldan la hipótesis de que cualquier estrategia que ahorre tiempo y energía a estas inteligentes aves y aumente la eficiencia en la búsqueda de alimento sería adaptativa y se utilizaría siempre que fuera posible”, explica a elDiario.es

Antonio José Osuna Mascaró, especialista en cognición animal de la Universidad de Medicina Veterinaria de Viena, cree que este estudio demuestra que los cuervos conocen a los lobos mucho mejor de lo que imaginábamos. “Parecen haber aprendido cómo se comportan, por dónde suelen moverse y en qué lugares pueden estar cazando”, señala. “Sabíamos que la interacción entre cuervos y lobos es muy estrecha, hasta el punto de haberse sugerido que las manadas deben su tamaño a la presión que los cuervos suponen, pero este estudio añade algo más fascinante: esa relación no se basa únicamente en seguir a los lobos allá donde vayan. Los cuervos parecen mantener un mapa mental del paisaje a gran escala y usarlo para anticipar dónde merece la pena buscar”.

Etiquetas
stats