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Todo el mundo puede ser un cíborg: usar el primer pulgar robótico no requiere habilidades especiales

Un adulto y dos niños usando el tercer pulgar robótico

Antonio Martínez Ron

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Convertirse en un cíborg está al alcance de cualquiera y no requiere de habilidades especiales, según demuestra Tamar Makin, de la Universidad de Cambridge, en un trabajo publicado este miércoles en la revista Science Robotics. En el estudio, ella y su equipo han probado la primera prótesis de pulgar robótico con un grupo de 596 voluntarios, con edades entre los 3 y los 96 años y de una amplia gama de orígenes demográficos, que en su mayoría completaron con éxito dos tipos de tareas de precisión. 

El dispositivo, llamado Third Thumb (Tercer Pulgar), fue diseñado en 2017 por Dani Clode como parte de un proyecto de posgrado y se incorporó más tarde al laboratorio que dirige Tamar Makin en el University College de Londres (UCL), que investiga cómo se adapta el cerebro a este tipo de elementos tecnológicos, dispositivos portátiles motorizados, como exoesqueletos o partes corporales robóticas adicionales, para mejorar nuestras capacidades motoras más allá de las limitaciones biológicas.

Este dedo robótico adicional está destinado a aumentar el rango de movimiento del usuario, mejorar el agarre y ampliar la capacidad de carga de la mano. Según sus creadores, el pulgar extra permite al usuario realizar tareas que de otro modo serían imposibles de completar con una mano o ejecutar maniobras complejas con varias manos sin tener que coordinarse con otras personas.  

El dispositivo se coloca en el lado opuesto de la palma del pulgar biológico y saca partido de la plasticidad del cerebro, que enseguida aprende a controlarlo con los dedos gordos de los pies. Porque el manejo se realiza mediante un sensor de presión bajo el dedo del pie derecho, que empuja el pulgar a través de la mano haciendo la pinza, mientras que la presión ejercida con el dedo del pie izquierdo empuja el pulgar hacia los dados. La extensión del movimiento del pulgar es proporcional a la presión aplicada y al liberar la presión lo devuelve a su posición original.

Una tecnología para todos 

Las pruebas del dispositivo que se describen en el nuevo trabajo fueron realizadas en la exposición científica de verano de la Royal Society de 2022, en la que se ofreció al público de todas las edades la oportunidad de utilizar el dispositivo. La primera tarea consistió en agarrar clavijas de un tablero, una a la vez, con sólo el tercer pulgar y colocarlas en una cesta. La segunda tarea implicó utilizar el tercer pulgar junto con la mano biológica del usuario para manipular y mover cinco o seis objetos de espuma diferentes. Los objetos eran de diversas formas que requerían diferentes manipulaciones para ser utilizados, aumentando la destreza de la tarea.  

El 98% de los participantes pudieron manipular objetos con éxito utilizando el tercer pulgar durante el primer minuto de uso, y solo trece no pudieron realizar la tarea. Los niveles de habilidad entre los participantes variaron, pero no hubo diferencias en el desempeño entre géneros, ni el hecho de ser zurdo cambió el resultado, a pesar de que el pulgar siempre se usó en la mano derecha. Dentro del grupo de edad de los adultos mayores se observó una disminución en el rendimiento a medida que aumentaba la edad, aunque el grupo de peor rendimiento fue el de los niños más pequeños: seis de los 13 participantes que no pudieron completar la tarea tenían menos de 10 años.  

Estas tecnologías abren nuevas e interesantes oportunidades, pero es vital que consideremos cómo pueden ayudar a todas las personas por igual

Tamar Makin Investigadora de la Universidad de Cambridge y autora del artículo

“La tecnología está cambiando nuestra definición misma de lo que significa ser humano, y las máquinas se están convirtiendo cada vez más en parte de nuestra vida cotidiana, e incluso nuestras mentes y cuerpos”, asegura Makin. “Estas tecnologías abren nuevas e interesantes oportunidades que pueden beneficiar a la sociedad, pero es vital que consideremos cómo pueden ayudar a todas las personas por igual, especialmente a las comunidades marginadas que a menudo quedan excluidas de la investigación y el desarrollo de la innovación”.  

Como una extensión del cuerpo

“El aumento [augmentation] consiste en diseñar una nueva relación con la tecnología: crear algo que vaya más allá de ser una mera herramienta y se convierta en una extensión del cuerpo mismo”, sostiene su creadora, Dani Clode. “Dada la diversidad de cuerpos, es crucial que la etapa de diseño de la tecnología portátil sea lo más inclusiva posible —recuerda—, y es igualmente importante que estos dispositivos sean accesibles y funcionales para una amplia gama de usuarios”. 

“Para que el aumento motor, e incluso las interacciones hombre-máquina más amplias, tengan éxito, deberán integrarse perfectamente con las capacidades motoras y cognitivas del usuario”, concluye Lucy Dowdall, coautora del estudio. “Tendremos que tener en cuenta las diferentes edades, géneros, peso, estilos de vida, discapacidades, así como los antecedentes culturales y financieros de las personas e incluso sus gustos o disgustos por la tecnología”.

Para pacientes y público general

Antonio Oliviero, jefe de Neurología del Hospital Nacional de Parapléjicos (Toledo), cree que la principal aportación de este trabajo es que la aceptación por los pacientes del dispositivo es buenísima y que todos consiguen utilizarlo. Pero la idea de añadir miembros supernumerarios es bastante antigua, recuerda, incluso existen algunos disponibles en el mercado. “Estas tecnologías nacen paralelamente para ayudar a pacientes que tienen un problema y a los que les puedes ayudar de forma eficiente añadiéndoles un brazo o un dedo —comenta a elDiario.es—, pero también como una forma de aumento de las capacidades, que es lo que pasa con los exoesqueletos, diseñados para su uso por bomberos y militares, por ejemplo”. 

Imagina a alguien que no puede coger un vaso y puede usar la mano y el dedo que se cierra para hacer la pinza

Antonio Oliviero Jefe de Neurología del Hospital Nacional de Parapléjicos (Toledo)

Aunque en el vídeo promocional se ve a diferentes usuarios usando el dedo extra para abrir botellas, rotuladores y plátanos, Oliviero no le ve mucha utilidad práctica al tercer pulgar para la vida cotidiana de las personas sanas. En su opinión, será mucho más útil para mejorar la vida a pacientes que han perdido parte de la mano o del brazo. “Imagina a alguien que no puede coger un vaso y puede usar la mano en un lateral y el dedo que se cierra para hacer la pinza”. Él y su equipo participan en el proyecto Haria, financiado por la Unión Europea, que propone el diseño de un ‘sexto dedo’, aunque este montado en el antebrazo, para lesiones graves, y un brazo robótico, pero montado en una mesa en lugar del cuerpo. “Se trataría de una herramienta que el paciente sin brazos podría utilizar para cortar o cocinar su comida, por ejemplo”. 

“Nuestro dispositivo es más bien como un tercer brazo, es un robot que se usa en combinación con el cuerpo”, matiza Vanesa Soto León, investigadora del Hospital Nacional de Parapléjicos que participa en el proyecto Haria. En su caso, están en la fase de entrevistar a los pacientes que podrían usarlo,antes de fabricar el primer prototipo, por lo que le parece especialmente destacable que el tercer pulgar haya tenido un porcentaje de usabilidad tan grande, “lo que quiere decir que han afinado mucho en el diseño”, comenta Soto. “Nosotros nos dirigimos a pacientes con lesión medular, que son muy diversos y cada uno tiene unas características muy particulares, pero estas experiencias pueden ser útiles”, asegura.

Nuestro dispositivo es más bien como un tercer brazo, es un robot que se usa en combinación con el cuerpo

Vanesa Soto León Investigadora del Hospital Nacional de Parapléjicos que participa en el proyecto Haria

Aunque su trabajo se centra en la aplicación clínica, Antonio Oliviero no duda de que en un futuro no muy lejano este tipo de aparatos tendrán un espacio en la vida de todas las personas, aunque serán de mayor utilidad en profesiones muy concretas. “Se pueden aumentar capacidades sin copiar necesariamente lo que ya nos da la biología”, asegura. “Dentro de nada quizá puedas comprar uno de esos exoesqueletos que te permiten cargar un gran peso para irte a la montaña y llevar 60 kilos sin esfuerzo, o una prótesis que te permita dar un salto de un metro, cargado con una mochila”. Tal vez nos topemos pronto con un DJ que usa un dedo robótico para 'pinchar' su música o un cocinero que lo usa para cortar verdura. No tenemos ni idea de dónde lo veremos primero, pero el futuro cíborg se abrirá paso entre nosotros.

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