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España, de los pocos países europeos que todavía admite animales en los circos

100 municipios catalanes ya han prohibido los circos con animales / CLAC

Raúl Rejón

La imagen un animal salvaje obedeciendo las órdenes de un humano es un espectáculo cada vez menos comprendido y apreciado. La idea de que detrás de cada número circense con leones, tigres, osos o perros hay “centenares de horas de castigo hasta conseguir que un animal realice una determinada pirueta”, como explica Theo Oberhuber de Ecologistas en Acción, está dejando de ser aceptable. Sin embargo, España está situada en la minoría de estados europeos que admite los números circenses con animales.

En la Unión Europea, 16 países (al que se le une Noruega) han prohibido estas prácticas. En el listado se encuentran Austria, Bélgica, Países Bajos, Bulgaria, Suecia, Eslovenia, Finlandia, Chipre, Portugal, Malta, la República Checa, Hungría, Grecia, Dinamarca, Polonia y Malta. Son algo más del 50% de los miembros de la Unión. En una escala mundial, la tendencia de impedir que los animales se utilicen en espectáculos circenses llega “al 15% de todos los países”, según calculo Ecologistas en Acción. A ese club se ha unido Canadá, Bolivia, Colombia, Israel o India.

Aunque España como estado se coloque en el grupo minoritario, el país camina hacia el rechazo. Hace justo un año, en diciembre de 2014, se contabilizaban unos 170 municipios que se habían declarado “libres” de circos con animales. Para 2015, esa cantidad se ha multiplicado hasta alcanzar más de 230. Como no existe una legislación común sobre el asunto, se aplican normativas locales o regionales. De hecho, el Parlamento de Cataluña aprobó en julio pasado una ley que impide la actuación en la comunidad autónoma de compañías con animales salvajes.

Reclamo comercial

Decenas de circos, cerca de 40, se resisten a renunciar al reclamo comercial que suponen los números con animales. Siguen girando invierno tras invierno con sus elefantes o tigres. “Es normal que las personas más jóvenes se sientan atraídas por la presencia de animales”, cuentan los ecologistas. “Pero no indican una mayor calidad teatral”, contraponen. También es cierto que se traza una línea entre especies exóticas y aquellas más ligadas a la actividad humana, como contaban desde el Circo Price de Madrid, a la hora de distinguir entre compañías. Por ese escenario sí han pasado espectáculos de doma ecuestre.

Los empresarios circenses se han defendido de lo que llaman un binomio injusto “circo-maltrato”. La normativa que aprobaron los diputados catalanes les movió a invitar a cualquiera a “visitar nuestras instalaciones” para comprobar las condiciones de vida de los ejemplares que utilizan. Su idea es que estos números están en el propio nacimiento del circo. Además, se han quejado de que se da cierto agravio entre las críticas a su sector y la permisividad en el uso de animales “en la publicidad, los zoológicos, las carreras de caballos o la pesca deportiva”.

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