Más allá de cuál fuera el origen del coronavirus, es hora de hablar de la seguridad de los laboratorios
El debate sobre los orígenes de la pandemia de COVID-19 se ha centrado recientemente sobre la posibilidad de que el virus Sars-CoV-2 escapara del Instituto de Virología ubicado en la ciudad china de Wuhan, el primer epicentro de la pandemia. El instituto alberga un laboratorio de contención máxima, comúnmente conocido como un laboratorio de nivel de bioseguridad 4 (BSL-4), diseñado para manipular patógenos peligrosos para los cuales no hay tratamientos ni vacunas disponibles.
La controversia ha reavivado la atención sobre la bioseguridad, la “ganancia de función” –un tipo de investigación que intenta alterar las características funcionales de un virus– y otras investigaciones de doble uso –aquellas con fines legítimos que generan conocimiento o tecnologías que podrían utilizarse tanto para fines benévolos como dañinos–, junto con consideraciones sobre el nivel de supervisión bajo el cual estos laboratorios deberían operar.
Escriben Gregory D Koblentz y Filippa Lentzos.