Un año de la destitución de Cayetana Álvarez de Toledo: el enésimo intento de Casado de abrazar el centro
“El señor Casado considera que mi concepción de la libertad es incompatible con su autoridad. Es una visión que no comparto”. Con estas palabras encajó Cayetana Álvarez de Toledo su fulminante cese como portavoz del Partido Popular en el Congreso de los Diputados hace ahora un año, el 17 de agosto de 2020. “Seguramente se interpretará mi salida como una apuesta por la moderación frente a la radicalidad, pero frente a estas etiquetas quiero recalcar que España es ese insólito país donde la centralidad la define el nacionalismo y la extrema izquierda, que de moderada tiene bien poco”, insistió entonces la exdirigente popular.
Como sostuvo la propia Álvarez de Toledo, con su decisión, Casado buscó un golpe de efecto tras meses de fracasos electorales, escenificando una suerte de giro a la moderación en la cúpula de su dirección que, doce meses después, no se ha producido ni en los mensajes del PP ni en sus alianzas, dependiente en las administraciones más importantes en las que gobierna –Andalucía, Murcia, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de la capital– del apoyo de la extrema derecha de Vox.
Por Iñigo Aduriz.