Miles de tunecinos migran a Europa empujados por el golpe de la COVID-19 al turismo
La playa del pueblo de Hammamet en Túnez está desierta. Desde su tienda de recuerdos, Kais Azzabi, de 42 años, mira la costa, vacía y brillante, y describe las multitudes que solían pasear por los anchos bulevares. Hoy no hay nadie.
“Era una zona muy ajetreada”, dice, señalando la calle y el Mar Mediterráneo que está más allá. “Desde que comenzó la pandemia, todo se detuvo”.
Con estallidos revolucionarios, atentados terroristas e inestabilidad política, la pandemia le ha dado un golpe casi mortal a la industria del turismo, que supo ser característica de la economía local. Muchos de sus empleados ahora quieren cruzar el mar en busca de una nueva vida en Europa.
Más allá de los hoteles, los acontecimientos políticos recientes no han infundido confianza en los trabajadores de la hostelería. Una puja por el poder presidencial en julio, que suspendió el Parlamento, derrocó al primer ministro, y colocó a Kais Said, un exprofesor de derecho y político independiente, en el puesto. Todavía no ha ofrecido una visión de largo plazo para el país
Una crónica de Simon Speakman Cordall, en colaboración con The Guardian.