Científicos españoles reconstruyen la evolución del lobo ibérico a partir de fósiles de más de un millón de años
El puzzle evolutivo del lobo ibérico empieza a completarse. Un equipo de científicos españoles, liderado por la Universidad Complutense de Madrid (UCM), ha logrado reconstruir parte de la historia evolutiva de esta subespecie endémica (Canis lupus signatus) que habita en la península y que está considerada uno de los animales más emblemáticos de nuestra fauna actual.
La investigación, publicada en la revista The Anatomical Record, ha arrojado datos hasta ahora desconocidos, como que los ejemplares más antiguos de lobo ibérico presentaban un menor tamaño que los actuales o que sus rasgos morfológicos eran más primitivos, especialmente visibles en la dentición del complejo de la muela carnicera.
Comparando fósiles dentales
El equipo de científicos españoles ha logrado este hito gracias al análisis de fósiles de restos dentales de cánidos recuperados en los yacimientos de la Sierra de Atapuerca (Burgos) durante los últimos 25 años. Estos pertenecen a la especie extinta Canis mosbachensis, que habitó la sierra entre hace algo más de un millón de años y hace cuatrocientos mil años, durante el Pleistoceno Inferior y Medio.
La especie extinta Canis mosbachensis no es baladí ni su análisis puede considerarse casual, porque está considerada antecesora de los lobos actuales. Una referencia ideal y de la que extraer una comparativa fidedigna de los cambios evolutivos que ha sufrido este animal con el paso de los años.
En concreto, se analizó una muestra de 87 ejemplares actuales y fósiles de lobo ibérico, comparados con 108 restos dentales de Canis procedentes de distintos depósitos de la Trinchera del Ferrocarril de la Sierra de Atapuerca.
El estudio, en el que también han participado investigadores del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES), del CSIC, de la Universidad Rovira i Virgili y del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), ha permitido identificar una notable estabilidad métrica en los antiguos individuos, que presentan de forma constante un tamaño menor que el de los lobos modernos.
Además, los primeros muestran rasgos morfológicos más primitivos, especialmente visibles en la dentición del complejo de la muela carnicera, esencial para la mordida y asociada a una dieta mesocarnívora. Su análisis apunta a que, con los años, el lobo ibérico evolucionó hacia una dieta más carnívora.
Según la investigadora predoctoral de la Fundación Atapuerca en la UCM y primera autora del artículo, Raquel Blázquez-Orta, “el patrón observado probablemente representa una etapa intermedia de esta transición evolutiva desde la especie ancestral hacia los lobos modernos”.
0