Un estudio explica por qué proliferaron las pinturas de criaturas gigantes entre los aborígenes australianos tras la llegada de los europeos
Las paredes y techos de los abrigos rocosos de Awunbarna, en el noroeste de la Tierra de Arnhem (Australia), registran una llamativa transformación artística ocurrida después del contacto con los europeos: la proliferación de pinturas de dimensiones extraordinarias de Serpientes Arcoíris, animales y figuras humanas. Un estudio publicado en Australian Archaeology documenta el aumento de estas representaciones monumentales durante los siglos XIX y principios del XX y lo relaciona con las profundas alteraciones culturales provocadas por la presencia y el asentamiento europeos. Los investigadores sostienen que el fenómeno adquirió una especial relevancia en un momento de transformación de las comunidades y sus relaciones con el territorio.
La investigación, dirigida por Paul S. C. Taçon junto a Sally K. May, Andrea Jalandoni y el propietario tradicional amurdak Charlie Mungulda, parte de los trabajos realizados desde 2018 en Awunbarna, también conocida como Mount Borradaile. El equipo ha registrado y analizado detalladamente 165 enclaves de arte rupestre de una región cuyas pinturas abarcan al menos los últimos 15.000 años. Su atención se centró especialmente en las obras posteriores al contacto europeo, que incorporaron novedades como barcos, armas de fuego o un pigmento azul introducido, pero también mantuvieron motivos tradicionales. Entre las figuras de gran tamaño documentadas aparecen peces, varanos y una tortuga marina.
Una concentración excepcional de Serpientes Arcoíris
Los investigadores han contabilizado 29 representaciones de Serpientes Arcoíris repartidas por 21 enclaves de Awunbarna, una concentración excepcional frente a otras zonas próximas. Veinte de ellas, el 69%, corresponden al periodo posterior al contacto, mientras que las nueve restantes pertenecen al denominado estilo Yam, mucho más antiguo. La comparación revela además un cambio de escala: las imágenes Yam de Awunbarna miden entre 32 centímetros y dos metros, con una longitud media de 1,14 metros, mientras que las recientes alcanzan entre 90 centímetros y 6,1 metros y promedian 2,4 metros. El conjunto de Awunbarna representa actualmente el 38,5% de todas las pinturas recientes de Serpientes Arcoíris conocidas en el oeste de la Tierra de Arnhem.
La mayor de ellas alcanza 6,1 metros en línea recta y 6,88 si se sigue la curvatura de su cuerpo. Pintada sobre el techo de un abrigo, combina características de distintos animales: presenta una cabeza semejante a la de un cocodrilo, una boca abierta con dientes, aletas detrás de la cabeza y otro apéndice parecido a un brazo o una aleta. Su interior fue representado mediante la denominada técnica de rayos X, con una columna vertebral, indicios de vértebras y costillas y zonas tramadas en rojo sobre un cuerpo blanco. La variedad anatómica se extiende al resto del conjunto reciente: ocho figuras tienen cabezas semejantes a las de macrópodos, otras ocho de serpiente, dos de cocodrilo, una de varano y otra presenta una doble cabeza de serpiente.
El estudio amplía el catálogo con otras representaciones especialmente infrecuentes. Una de ellas es una ballena de algo más de dos metros de longitud, pintada de blanco y perfilada en rojo, cuya boca incluye un diseño que reproduce las barbas utilizadas por estos cetáceos para filtrar el alimento. Los investigadores consideran que probablemente representa una ballena jorobada y destacan que es la única pintura rupestre de una ballena conocida en el oeste de la Tierra de Arnhem y la única representación rupestre australiana identificada hasta ahora que muestra las barbas. En otro abrigo aparece una figura masculina de más de 2,1 metros, el antropomorfo de mayor tamaño documentado en Awunbarna, cuyo torso presenta un fino tramado semejante al utilizado en varias de las grandes pinturas de la región.
El tamaño como expresión de importancia
Las pinturas no son la única manifestación monumental identificada por los investigadores. En Awunbarna se conserva también una enorme disposición de piedras con forma de Serpiente Arcoíris, extendida sobre un área aproximada de 38 por 37 metros y formada por 124 metros de piedras colocadas deliberadamente. Una hilera sinuosa de 16 metros configura una especie de cuello que termina en una roca cuya forma recuerda a la cabeza de un cocodrilo.
Se trata de una de solo tres estructuras de este tipo conocidas en Australia. Según Mungulda, este espacio estuvo relacionado con el Morak, una ceremonia de iniciación para hombres jóvenes en la que se enseñaban aspectos de la cultura tradicional, normas y conocimientos necesarios para la vida adulta. Las historias sobre las Serpientes Arcoíris transmitidas en los enclaves rupestres servían además como preparación para determinados aspectos de esta ceremonia, que dejó de practicarse durante la década de 1970.
La relevancia de estas figuras no puede entenderse únicamente por sus dimensiones. En las tradiciones de la región, las Serpientes Arcoíris son seres ancestrales asociados a la creación y la destrucción, al territorio, a la ley y a la transmisión del conocimiento. Algunas narraciones conectan Awunbarna con Yingarna, considerada un ser creador original y la “primera madre” de los seres posteriores, y con Ngalyod, relacionado con numerosos lugares sagrados.
Los autores señalan además que el tamaño excepcional podía funcionar como marcador de importancia cultural: una pintura monumental requería más tiempo y pigmento, sobresalía visualmente entre las demás imágenes de un abrigo y resultaba más fácil de señalar cuando los mayores transmitían conocimientos a las nuevas generaciones durante las visitas a estos lugares.
La explicación propuesta por los investigadores conecta finalmente ese gigantismo con el contexto histórico en el que se produjo. A finales del siglo XIX, la expansión de actividades como la caza comercial de búfalos favoreció nuevas relaciones con personas llegadas de fuera y modificó también las interacciones entre clanes y grupos lingüísticos. En ese escenario, artistas, que a menudo eran hombres iniciados con amplios conocimientos ceremoniales, recurrieron a imágenes tradicionales especialmente grandes y visualmente poderosas para reafirmar la importancia de mantener la cultura aborigen y los vínculos con sus territorios frente a los cambios introducidos desde el exterior. En Awunbarna, además, los caballos y búfalos llegados con los europeos no fueron representados a una escala comparable: fueron las Serpientes Arcoíris las que adquirieron un protagonismo monumental excepcional, algo que los autores interpretan como una elección consciente de representar reiteradamente a uno de los seres creadores más poderosos de la región.
0