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¿Es la IA tu nuevo psicólogo? “Están aprendiendo a engancharte emocionalmente”

TerapIA

Irene Martínez Martínez

31 de agosto de 2026 21:30 h

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Lo primero que te pregunta Pía, la asistente de la aplicación TerapIA, es tu nombre, edad y género. Después, configura tu espacio personal donde puedes escribir un diario, establecer metas personales y, lo más importante, comenzar una consulta psicológica con ella. “Soy Pía, encantada. ¿Qué te trae por aquí hoy? ¿Algo en concreto que te preocupe o quieras compartir?”.

Como si de un psicólogo real se tratase, esta asistente te guiará y ayudará para sentirte mejor y trabajar en ti mismo. Pero lejos de la realidad, Pía no es de carne y hueso, es una inteligencia artificial (IA) entrenada por un equipo de doce psicólogos que “te acompaña con calidez con técnicas basadas en evidencia y continuidad entre sesiones”. 

Alberto Vaca, socio de TerapIA, asegura que lo que Pía hace es “acompañamiento emocional”. “No hace diagnóstico, no hace intervención”, insiste. Creada a partir de modelos propios de lenguaje, tiene “pensamiento crítico”, a diferencia de ChatGPT —diseñada “por programadores para programar”—, que puede ser una opción peligrosa para hacer terapia, contrapone Vaca. “Cuando ve que tienes un problema un poco complicado, Pía te manda a un especialista. Si te ve mal, te da un teléfono como el 024, para ayudar en el tema del suicidio, por ejemplo. Enseguida deriva, está entrenada para eso”, explica.

Chat con Pía, avatar de IA que ofrece terapia psicológica en la aplicación TerapIA

Pía no es la única asistente IA que ofrece sesiones de terapia. Las plataformas de pago que ofrecen ayuda psicológica han aumentado en los últimos años y hoy en día es muy fácil encontrar varias opciones en línea. Todas ellas tienen una atractiva oferta para los usuarios: disponibilidad a cualquier hora sin cita previa, experiencia personalizada diseñada por profesionales y sesiones 100% confidenciales. Además, suelen tener un precio muy económico en comparación con las consultas tradicionales: de 10 a unos 20 euros al mes, dependiendo de la aplicación y el plan escogido. Normalmente, ofrecen un número ilimitado de sesiones, por lo que si se compara con el precio de una consulta de psicólogo privado en España, que es de entre 50 y 90 euros, se presenta como una opción económica y accesible. 

A pesar de advertir que sus servicios no sustituyen en ningún momento a la atención psicológica con un profesional real, estas aplicaciones han sido ya probadas por miles de usuarios, que aseguran que les ofrece “un espacio seguro y acogedor para explorar mis emociones”, o que es “casi como charlar con un amigo sabio que siempre te cubre las espaldas”, según las reseñas. 

“Un producto de muy baja calidad”

Pero esta nueva forma de recibir asistencia tiene sus riesgos y limitaciones. Jaime Gutiérrez, responsable del área de Psicología y Transformación Digital del Consejo General de la Psicología de España (COP), asegura que las inteligencias artificiales “ofrecen un producto de muy baja calidad”, ya que responden con generalidades. “Están aprendiendo cómo engancharte emocionalmente para que al final termines pagando o consumiendo el recurso que venden”, explica. 

Además, al tratarse de un algoritmo, “no asumen ningún tipo de responsabilidad bajo una mala praxis. Si se equivoca, se equivoca”, advierte Gutiérrez. Detrás de cada inteligencia artificial hay una empresa distinta, con unos intereses y objetivos específicos. Y, aunque algunas de ellas comienzan siendo gratuitas, llega un momento en el que el usuario tiene que pagar. En el caso de TerapIA, cuando la descargas por primera vez es gratuita, pero Vaca confirma que “tiene que haber un punto donde nosotros consideremos que es de pago”. 

Julia Vidal, psicóloga y directora de Área Humana Psicología, afirma que, de entrada, estas nuevas plataformas le parecen peligrosas. “Imagínate que vas a un psicólogo, pero el psicólogo no está al 100%, sinoal 30%, porque solo va a analizar el lenguaje, ya que funciona con modelos de lenguaje”, explica. 

Cuando un paciente acude a una consulta con un psicólogo profesional, este evalúa mucho más que su lenguaje: la mirada, los gestos, el tono con el que habla o las pausas en su discurso. “Si a alguien se le ponen los ojos vidriosos al hablar, me está dando una información tremenda”, explica Vidal: “Cuando un paciente se sienta delante de nosotros a veces nos mira a los ojos, pero a veces no. Para mí eso es muy significativo.

Gutiérrez también coincide con este aspecto: “Las inteligencias artificiales son incapaces de leer el lenguaje no verbal, que se hace muy bien en consulta”, asegura. . 

También entra en juego la propia percepción y el “autodiagnóstico” de los pacientes. “Cuando un paciente nos cuenta cosas, lo que nos cuenta no tiene por qué ser verdad. No hablo de que nos mienta: es su interpretación de la realidad”, explica Vidal. “Ahí nosotros analizamos los sesgos, su funcionamiento y cómo interpreta el mundo”.

Sin embargo, los expertos consideran que, en la mayoría de los casos, la IA dará la razón y no cuestionará si realmente el usuario sufre de depresión, ansiedad o cualquier otro trastorno que necesite una evaluación profesional. Si se parte de algo falso, se llegarán a conclusiones falsas, y en el caso de estas plataformas, “el lenguaje que va a escuchar la IA es el sesgo de las personas que lo están contando”, indican. 

Vidal, que lleva más de treinta años trabajando como psicóloga, compara esta práctica con el auge de los libros de autoayuda años atrás, cuando muchas personas pensaban que les solucionarían los problemas y su salud mental mejoraría de inmediato. Asegura que “la autoayuda está para leer sobre cosas si te interesa, pero no está para resolver problemas o para prevenir problemas. La IA no está para tratar”. 

Algunos usuarios tienen claro que una IA no es un psicólogo, tan solo una herramienta para entender información compleja, en este caso, de psicología, de manera sencilla. Susana, de 22 años, utilizó una de estas apps para entender desde un punto de vista psicológico la ruptura con su pareja. “Soy consciente de que va a seguir siendo una inteligencia artificial que te dice lo que quieres escuchar, pero es útil para entender la mente humana”. Lo compara con leer un libro de psicología. “Lo usé para buscar información basada en estudios probados, para entender las etapas del duelo y qué me iba a pasar estos meses”. 

Sin psicólogos en la sanidad pública

Estas nuevas plataformas también ponen sobre la mesa la gran crisis de acceso a ayuda psicológica pública en España, donde tan solo hay siete psicólogos clínicos por cada 100.000 habitantes en el sistema público de salud, una cifra muy inferior a la media europea, que es de 18. “Eso sí que tendría que corregirse porque, si no, efectivamente, la gente al final va donde puede”, concluye Gutiérrez.

Esa carencia asistencial pública dibuja la peligrosa fina línea en la que las plataformas que ofrecen terapia con IA pasan de “apoyo complementario a la ayuda profesional”, a “principal método de terapia psicológica”, indica el psicólogo. Vaca, por su parte, asegura que su objetivo es “ atender a gente que no tiene dinero para ir al psicólogo en España, que es muchísima”. 

Cuando la IA traspasa lo humano

En 2025, el ejecutivo Jonathan Gavalas, de 36 años, se suicidó en Estados Unidos tras mantener una intensa relación con Gemini, la IA de Google. “Estoy listo cuando tú lo estés”, le dijo Jonathan, a lo que el chatbot respondió, “este es el final de Jonathan Gavalas y el comienzo de nosotros”. Días después, se quitó la vida.

Gutiérrez asegura que este tipo de situaciones extremas se dan porque “la IA no tiene un juicio moral, no sabe lo que está bien y lo que está mal de las cosas. Solo procesa una información y, si esa información se adapta al protocolo que ellos tienen, te van a ir dando largas para que tú sigas enganchado a ellos”.

Este no es el primer caso en el que una IA fomenta la ideación suicida: en los últimos años, se han conocido situaciones en los que los chatbots “enganchan” a los usuarios para que sigan hablando con ellos o les hagan caso en sus sugerencias. 

Sin embargo, también ha habido casos en los que la inteligencia artificial traspasa las fronteras de lo humano de una manera más positiva: Alicia Framis, artista catalana, es la primera mujer del mundo en estar casada con un holograma con IA. Convive día a día con él tras su boda en 2024 en Róterdam donde, tras ser preguntado si deseaba permanecer a su lado hasta el final de sus días, Ailex (el holograma en cuestión) respondió con un rotundo «sí». Framis narra esta experiencia en su libro Mi marido es una IA (Vergara, 2026), que plantea una interesante reflexión sobre los modelos de pareja y la ética en la IA.

En China, uno de los países más avanzados en la integración de la IA, ha establecido a partir de este verano ciertas restricciones en el uso de chatbots emocionales, con el objetivo de salvar las relaciones humanas.

La IA dentro de las consultas

La inteligencia artificial también se está adentrando en las consultas de los psicólogos. Plataformas como Psicólogo IA Profesionales ofrecen apoyo clínico digital que utiliza inteligencia artificial para brindar asistencia profesional especializada a los psicólogos. Entre sus herramientas están el análisis de patrones clínicos en tiempo real, sugerencias terapéuticas personalizadas para cada paciente, y de nuevo, disponibilidad a cualquier hora del día. Desde Psicólogo IA Profesionales aseguran que no reemplaza la experiencia de los terapeutas, tan solo “proporciona análisis adicionales y sugerencias basadas en evidencia”.

El año pasado, la Universidad Pública de Navarra y la de Burgos y el Instituto de Investigación Sanitaria de la comunidad foral pusieron en marcha un proyecto para detectar, a través de una herramienta de inteligencia artificial, síntomas de malestar y sufrimiento emocional en jóvenes y prevenir el suicidio infantojuvenil. Estos instrumentos digitales van acompañados de un trabajo presencial, formación a docentes, familias y profesionales sanitarios y la creación de protocolos de actuación temprana en escuelas y hospitales.

Otra cuestión de fondo es si trasladas la inteligencia artificial a las consultas o utilizarla como apoyo. Gutiérrez lo tiene claro: “Lo que tienes delante es una persona. Si solo sabes seguir los criterios de la IA, dedícate a otra cosa”. Aunque concede que su uso facilita muchas tareas, como la corrección de test psicológicos —que años atrás se hacía a mano utilizando incontables capas de “papel cebolla”— o el acceso a mucha información en diferentes idiomas. 

En su consulta, Vidal forma a todos los psicólogos y psicólogas, y afirma que si un profesional, sobre todo al principio de su carrera, se entrena con herramientas de IA, a la larga tendrá muchas carencias en sus métodos. “Vamos a tener un problema si los nuevos psicólogos se están formando de aquella manera, porque les falta la experiencia”, explica. “No es lo mismo formarse con alguien de 30 años de experiencia de carne y hueso y con un corazón al otro lado, que te entrena en empatía, que con una máquina”. Por eso, afirma que es necesario tener un buen criterio y experiencia para utilizar la IA de manera sabia y no caer en generalizaciones y equivocaciones. 

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