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Diagnosticar a mujeres según los síntomas de los hombres: “La ciencia que se genera es totalmente androcéntrica”

Foco
Una sanitaria observa un electrocardiograma

Irene Martínez Martínez

13 de agosto de 2026 22:07 h

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Ir al médico con dolor de espalda y que te diagnostiquen, erróneamente, ansiedad. Tener dolores menstruales y que te receten anticonceptivos, a pesar de que no está demostrado que sirvan para ello. Un diagnóstico de endometriosis que tarda en llegar una década. O una interpretación errónea de un infarto porque las mujeres no muestran los mismos síntomas que los hombres. 

Esto es lo que sufren millones de mujeres cuando padecen alguna enfermedad o patología médica, como consecuencia directa del sesgo de género en la investigación y en las prácticas clínicas en la medicina. Hace unas semanas, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció un programa para tratar de corregir la infra investigación histórica y esas desigualdades que afectan a la salud de las mujeres. 

Este sesgo sigue estando muy presente desde el inicio de una investigación, cuando se establecen unas preguntas a responder y unos objetivos que cumplir. “Cuando se genera la hipótesis de trabajo, se piensa en una hipótesis en hombres”, confirma María Teresa Ruiz Cantero, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Alicante. Por ejemplo, cuando se tienen en cuenta únicamente los síntomas de un infarto en hombres, olvidando cómo se manifiesta en mujeres. “Si no se piensa en que las mujeres también pueden padecer infartos, o enfermedades como la espondiloartritis o enfermedades inflamatorias intestinales, desde la hipótesis de trabajo, se las invisibiliza”, explica la experta, que además forma parte del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP). 

Carme Valls, médica e investigadora sobre los sesgos de género en medicina, y autora de Mujeres invisibles para la Medicina (Capitán Swing), asegura que, al no tener en cuenta a las mujeres en la investigación, “la ciencia que se genera es totalmente androcéntrica”. Históricamente, se ha ignorado, por ejemplo, que la primera causa de muerte de las mujeres en todo el mundo es la cardiovascular. Pero, si no hay investigación, no se puede hacer prevención de la enfermedad, porque la medicina ni se plantea que las mujeres puedan padecer estas afecciones. 

Si el personal sanitario no incorpora una mirada de género, puede atribuir estos síntomas a ansiedad o estrés y retrasar el diagnóstico de una patología potencialmente grave

Anna Pujol Médica y miembro del Grupo de Trabajo de Salud Integral de las Mujeres de semFYC

Anna Pujol, médica y miembro del Grupo de Trabajo de Salud Integral de las Mujeres de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), asegura que en el caso de la enfermedad cardiovascular, “se han tomado como referencia los síntomas estudiados principalmente en hombres, como el dolor opresivo en el pecho irradiado al brazo izquierdo”. Sin embargo, muchas mujeres presentan síntomas distintos, como fatiga intensa, dificultad para respirar, náuseas, mareo o dolor en la espalda y la mandíbula. “Si el personal sanitario no incorpora una mirada de género, puede atribuir estos síntomas a ansiedad o estrés y retrasar el diagnóstico de una patología potencialmente grave”, explica Pujol. 

Esto está muy relacionado con que la medicina ha asumido, históricamente, que nuestros cuerpos son iguales y deben manifestar los síntomas de igual manera. “Realmente no es que las mujeres se quejen de manera diferente, es que la enfermedad expresa sus signos y síntomas clínicos de manera diferente”, confirma Ruiz Cantero. 

“Si invisibilizamos a las mujeres en investigación, no hay resultados en mujeres, con lo cual acabamos invisibilizándolas también en la práctica clínica de la asistencia sanitaria”, subraya Ruiz Cantero. Un ejemplo: cuando una mujer va con dolor de espalda al médico por una espondiloartritis, es muy probable que se le diagnostique ansiedad.

El dolor y patologías femeninas se enmascaran en muchas ocasiones en la ansiedad. Ruiz Cantero y su equipo están realizando un estudio en seis comunidades autónomas para comprobar este sesgo, y reconoce que algunos médicos de atención primaria confirman que tienden a pensar en que las mujeres principalmente sufren estrés y ansiedad, dejando en un segundo plano un diagnóstico más detallado. 

“Ellos mismos reconocen que, con cuatro minutos de promedio para atender pacientes, se cometen sesgos de este tipo, de confundir el diagnóstico”, resalta Ruiz Cantero. “Por ejemplo, en un caso que pusimos de enfermedad inflamatoria intestinal de Crohn, que es una patología altamente discapacitante, se confundían con cáncer de colon y piden pruebas para ello. Es un sesgo de confirmación porque quieren confirmar lo que han pensado y, básicamente, se equivocan”, confirma la experta, lo que retrasa el diagnóstico y el tratamiento correcto. 

Hay un problema de infradiagnóstico, un problema de invisibilidad, y cuando un médico evalúa a las mujeres, continúa el infradiagnóstico, valorando mal los análisis clínicos

Carme Valls Médica e investigadora sobre los sesgos de género en medicina

Según Pujol, uno de los síntomas que con más frecuencia se normaliza en las consultas es la astenia, es decir, el cansancio extremo o la sensación persistente de falta de energía. “A menudo se atribuye a las múltiples responsabilidades familiares, laborales o de cuidados que asumen muchas mujeres, lo que puede llevar a infravalorar causas médicas subyacentes”, explica la médica. Sin embargo, detrás de este síntoma pueden encontrarse patologías muy frecuentes como la anemia o el déficit de hierro, alteraciones tiroideas o enfermedades autoinmunes, cuya prevalencia es significativamente mayor en mujeres.

Retrasos en el diagnóstico

Un estudio de 2019, realizado en la Universidad de Copenhague por David Westergaard, reveló que las mujeres sufren retrasos en los diagnósticos de 770 enfermedades. “El diagnóstico de cáncer se retrasa dos años y medio, y el de diabetes cuatro años y medio, cuando la diabetes de tipo adulta es mucho más prevalente en mujeres que en hombres”, explica Valls. “Hay un problema de infradiagnóstico, un problema de invisibilidad, y cuando un médico evalúa a las mujeres, continúa el infradiagnóstico, valorando mal los análisis clínicos”, concluye la médica. 

Si hablamos de enfermedades que solo padecen las mujeres, como la endometriosis, en España la edad media de su diagnóstico es alrededor de 36 años. Sin embargo, los síntomas aparecen mucho antes, tan pronto como en la adolescencia, pero no son correctamente detectados. De hecho, tarda en diagnosticarse entre diez y doce años.

Valls advierte de que un gran problema reside en confundir lo frecuente con lo normal. Es frecuente que las mujeres tengan menos hierro en sangre, por ejemplo, pero no es lo normal. “Los análisis clínicos son valorados a la baja en las mujeres. Por centímetro cúbico, los valores que ponen a la derecha de referencia, dicen falsamente que las mujeres tienen que tener menos hierro por centímetro cúbico de sangre”, asegura la experta. “Cuando vamos al médico y decimos que estamos cansadas, el médico nos dice, ‘tiene un poco de anemia, le falta un poco de hierro. Esto es normal porque tiene la regla’. No, tengo la regla demasiado abundante y eso me hace fallar”, sostiene. 

Además, hay un estereotipo de percibir a las mujeres cuando expresan el dolor con un mayor grado de emocionalidad. Según Pujol, “el dolor también se banaliza con demasiada frecuencia”. Un ejemplo muy común son los dolores menstruales, que históricamente se han considerado una parte “normal” de la menstruación. “Sin embargo, en muchos casos pueden ser la manifestación de patologías como el síndrome de ovario poliquístico (SOP), la adenomiosis o la endometriosis, una enfermedad que sigue presentando importantes retrasos diagnósticos pese a afectar a millones de mujeres en todo el mundo”, subraya la médica. 

Otros síntomas como el dolor pélvico crónico, las migrañas, los trastornos del sueño o determinados síntomas digestivos también suelen ser infravalorados o atribuidos erróneamente al estrés o a factores emocionales.

Excesiva medicalización

La falta de investigación y sesgo de género en la medicina se traduce al mismo tiempo en una excesiva medicalización. Así, ante cualquier proceso alterado —como el ciclo menstrual—, en lugar de estudiar las causas en detalle, se recetan en muchos casos anticonceptivos. Valls advierte: “Es la única vez que se da un fármaco sin que se haya demostrado que sirva para eso”. 

Según un estudio del Consejo General de Colegios Farmacéuticos (CGCF), las mujeres tienen un mayor riesgo, entre 1,5 y 1,7 veces superior, de sufrir reacciones adversas a los medicamentos. Esto se debe a que no se contemplan cómo las diferencias biológicas afectan a la absorción y respuesta de los tratamientos. Es decir, la investigación de los efectos y eficacia de los fármacos tiene como modelo clínico las características de un hombre, sin siquiera contemplar cómo puede ser su consumo en mujeres. 

El principal riesgo es asumir que hombres y mujeres responden igual a los fármacos cuando se sabe que existen diferencias en su peso y composición corporal, el metabolismo hepático, la función renal y la influencia hormonal.

“Un ejemplo muy conocido es el del zolpidem, un fármaco utilizado para el insomnio. Se observó que las mujeres lo eliminaban más lentamente y presentaban niveles más elevados del medicamento a la mañana siguiente, aumentando el riesgo de somnolencia, accidentes y caídas”, explica Pujol. Como consecuencia, las autoridades estadounidenses recomendaron reducir la dosis en mujeres.

Perspectiva de género en las consultas

Las expertas coinciden en que es necesario incorporar una perspectiva de género en las consultas, para intentar corregir los diagnósticos erróneos y tardíos que reciben muchas mujeres. 

Según Pujol, “la perspectiva de género también implica reconocer situaciones que afectan de forma desproporcionada a las mujeres, como la violencia de género”. Una paciente que acude al médico de manera regular por dolor crónico, insomnio, ansiedad o cefaleas puede estar manifestando las consecuencias de una situación de violencia. “Si el personal sanitario no contempla esta posibilidad y no realiza una exploración adecuada, puede limitarse a tratar los síntomas sin identificar la causa subyacente”, advierte la médica. 

Además, la perspectiva de género puede también ayudar a detectar enfermedades infra diagnosticadas en hombres. “Por ejemplo, el cáncer de mama suele asociarse casi exclusivamente al sexo femenino, lo que puede hacer que tanto los pacientes como el personal sanitario minimicen un bulto mamario en un hombre y retrasen su estudio”, concluye Pujol. 

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