El excéntrico emperador romano que quiso ser un dios en vida y que fue el primero en ser asesinado
El 24 de enero del año 41 d.C., hace casi dos milenios, el emperador Calígula fue asesinado, inaugurando involuntariamente una larga tradición de emperadores romanos muertos de forma violenta, además de que su muerte marcó un punto de inflexión en la historia del Imperio romano y evidenció el enorme poder y peligro de la Guardia Pretoriana.
El ascenso al poder de Calígula, el primer emperador romano asesinado
Calígula, cuyo nombre real era Cayo Julio César Germánico, fue el tercer emperador de Roma, descendiente del linaje de Julio César y los primeros emperadores, pues pertenecía a la dinastía Julio-Claudia, siendo hijo del popular general Germánico, sobrino e hijo adoptivo de Tiberio, y de Agripina, nieta del emperador Augusto.
Desde niño acompañó a su padre en campañas militares, vestido con un pequeño uniforme de soldado, lo que le valió el apodo de Calígula, que significa “botita”. La temprana muerte de Germánico, sin embargo, con solo 33 años y que se rumoreó que fue por envenenamiento, desencadenó la desconfianza de Tiberio hacia la familia del joven, lo que hizo que su madre Agripina y los dos hermanos mayores de Calígula fueron acusados de traición y murieron en pocos años, mientras este se quedó junto a sus hermanas bajo la vigilancia del emperador.
Tiberio pronto se dio cuenta del despotismo de Calígula desde bien joven, y se le atribuye haber dicho que estaba “criando una víbora en el seno de Roma”, consciente del carácter vengativo y autoritario que empezaba a mostrar el que sería su heredero. De hecho, cuando murió el emperador a los 80 años, había dos posibles sucesores, y fue gracias al apoyo decisivo de la Guardia Pretoriana, que logró apartar a su primo y fue proclamado emperador.
Del optimismo del pueblo romano a sus extravagancias que minaron su popularidad
El pueblo de Roma recibió a Calígula con entusiasmo por su juventud, por ser hijo de Germánico y por representar un cambio tras el largo y sombrío gobierno de Tiberio. Algo que creció con el inicio de su gobierno con medidas populares como reformas y el permitir el regreso de los exiliados. Sin embargo, tras caer gravemente enfermo en el año 37, su carácter cambió radicalmente porque sospechaba que lo habían intentado envenenar, y así se volvió desconfiado y cruel, por lo que castigó con la muerte o el exilio a cualquiera que considerara una amenaza, incluido su primo Tiberio Gemelo.
La imagen que ha llegado a nuestros días de Calígula está marcada por relatos sádicos, escritos en su mayoría después de su muerte y llenos de exageraciones, con posibles errores de traducción. Aun así, es cierto que su carácter derrochador, financiando proyectos extravagantes como un puente flotante en la bahía de Nápoles solo para cabalgar sobre él y demostrar su poder o cuando casi convierte a su caballo Incitatus en cónsul, algo que no se llegó a dar por su asesinato.
Si bien circularon rumores de incesto con sus hermanas, especialmente con Drusila, cuya muerte lo devastó, lo más extravagante y llamativo del emperador fue su obsesión con ser venerado como un dios en vida. Según Suetonio, amplió su palacio hasta el Foro e integró el templo de Cástor y Pólux como vestíbulo, colocándose entre las estatuas divinas para ser adorado, algo que se confirmó con restos arqueológicos encontrados en 2003.
La Guardia Pretoriana, creada para proteger al emperador y privilegiada con altos salarios y poder, acabó siendo su verdugo, después de haber sido también la que lo había aupado. Según el relato de Flavio Josefo, judío que consideró un castigo divino su asesinato, el 24 de enero del 41, durante un festival en honor a Augusto, cuando fue apuñalado en un pasaje estrecho por varios pretorianos, liderados por Casio Querea. Cuando llegó la ayuda, ya era demasiado tarde, y solo se certificó su fallecimiento.
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