El minucioso y delicado viaje de un cuadro de Rubens para que pueda ser expuesto en Barcelona
La tarea de trasladar un cuadro de un museo a otro siempre es ardua y complicada. Hay mucho en juego y conseguir que la obra no resulte dañada ni lo más mínimo es un trabajo casi comparable al de un cirujano. Y eso es lo que ha ocurrido con El juicio de Paris, una de las majestuosas joyas realizadas por Rubens y que ha viajado, en excelentes condiciones, desde el Museo del Prado hasta Barcelona, donde va a ser expuesto hasta el próximo mes de septiembre.
Con chalecos reflectantes y guantes, los operarios desembalaban hace días un paquete especial de dos metros de alto y cuatro de ancho. Y lo hacían en una sala vacía del CaixaForum de la capital catalana, donde podrá verse como parte de la exposición Rubens y los artistas del Barroco flamenco, del que el pintor era el abanderado por motivos de sobra.
La pieza estaba expuesta en el museo madrileño, ha sido restaurada durante nueve meses y en Barcelona se podrá ver, por vez primera, el resultado del proceso. El viaje, por lo tanto, tenía que ser igual o más cuidadoso que otros, por lo que se contó con control de temperatura y humedad (existen camiones y cajas preparados para ello), además de un escolta de seguridad y un técnico de arte (en este caso la restauradora y conservadora Alicia Peral), que custodiaban la obra.
No entraba por una puerta
Durante el traslado, lógicamente se ha tratado de mover lo mínimo indispensable, pero el tamaño de esta obra en concreto obligó a serrar el dintel de una puerta exterior de hierro para que la caja en la que iba el cuadro pudiera entrar en la sala donde se exhibe la pintura.
Una vez dentro, hasta seis técnicos retiraron poco a poco el embalaje para que apareciesen las diosas Juno, Minerva y Venus, antes de que la mencionada conservadora de El Prado diera por bueno y completado el traslado. Y antes de que comenzase a elevarse y colgarse a la altura pertinente para que pueda ser observado y admirado.
El nuevo estado de la pieza de Rubens es obra de la restauradora de El Prado María Antonia López de Asiaín, que le ha devuelto brillo, ha equilibrado la composición y ha quitado una serie de añadidos del siglo XVIII que tapaban la desnudez de las diosas por el pudor de la época.
La exposición reúne, al margen de la obra de Rubens, más de 60 obras (Van Dyck, Jordaens o Brueghel el Viejo, entre otros) y objetos, muchos de ellos procedentes de los fondos menos conocidos del Museo Nacional del Prado. Y se podrá visitar en Barcelona del 29 de mayo al 21 de septiembre.
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